Los adolescentes que ensayaban su baile de fin de curso cuando ocurrieron los terremotos de Venezuela y a los que sus padres aún buscan entre los escombros casi “sin ayuda” – BBC News Mundo

Fuente de la imagen, Cortesía: María Lourdes Pérez Hubo un momento en que María Lourdes Pérez sintió un deseo arrollador: quería volver a ser madre. Y lo consiguió a los 41 años. Cinco años después de haber tenido a Santiago, nació Gonzalo. "El mayor era mi mano derecha, me ayudaba en absolutamente todo", me cuenta de su hijo de 21 años. "El más pequeño era muy amiguero", dice del joven de 16 años. "Quería estar en todas". Junto a un grupo de compañeras de su colegio, estaba preparando el acto de fin de curso, en el que iba a interpretar a Michael Jackson. María Lourdes le había mandado a hacer un traje al estilo del cantante: con lentejuelas, chaqueta brillante, guantes. Para evitar que se dañara o ensuciara, le pedía que no se lo pusiera. Tras años de bailes escolares, esa fue "la dinámica" que acordaron para cuidar las prendas hasta el día de la presentación. Final de Más leídas El 24 de junio, a pocos días para el acto, Gonzalo se fue a ensayar la coreografía con sus compañeras. "Esta vez, se llevó el traje escondido". María Lourdes estaba familiarizada con los ensayos; frecuentemente se reunían en su apartamento para hacerlos. "En mi casa tenían la escenografía, tenían todo, querían impactar". Ese miércoles, por ser feriado en Venezuela, su escuela, el Colegio La Merced de Caraballeda, en el estado La Guaira, estaba cerrado. Decidieron irse a practicar a un área, entre el salón de fiestas y la piscina, de un edificio ubicado en la urbanización Tanaguarena, también en La Guaira. No sabe con exactitud cuántas niñas acudieron al ensayo, pero cree que pudieron haber sido alrededor de 15. "A los 16 años te dicen: 'mamá, yo voy con Pedro y con María', pero, después, se les une Miguel, Raúl, Ramón". Sin embargo, cree que, ese día, el grupo pudo haber estado reducido porque "querían hacer un baile sorpresa". Fuente de la imagen, Cortesía: María Lourdes Pérez A Gonzalo no solo le gustaba bailar, también tocaba el teclado y le encantaba jugar fútbol y voleibol y correr maratones. "En el colegio era muy querido no solo porque era muy bueno académicamente, sino porque colaboraba, pitaba los juegos de kikimbol, los de voleibol, nunca se quedaba tranquilo". "Si había una actividad social, iba. No se quedaba en la casa ni un solo minuto". "Ya se iba a graduar de bachiller. De hecho, el baile era por eso". "Tenía su cupo para ingresar a la Universidad Católica Andrés Bello para estudiar ingeniería mecatrónica". Ese 24 de junio, Santiago, el hijo mayor, se quedó en casa. "Mis amigas le decían Bam Bam", cuenta María Lourdes. "Medía 1,81m, pesaba 94 kilos y su talla de calzado era 45". Se iba a graduar en la Universidad Simón Bolívar de administrador de transporte. Ese día, a las 6:04 de la tarde, ocurrieron dos terremotos que, con 39 segundos de diferencia, golpearon principalmente el norte de Venezuela. Fueron dos sismos de magnitud 7,2 y 7,5 que han dejado, según información gubernamental emitida el domingo, 3.342 muertos y 16.740 heridos. ImprobableEl nuevo podcast de BBC Mundo sobre un amor que triunfó contra todo pronóstico Episodios Fin de Podcast Otras fuentes estiman decenas de miles de desaparecidos en el terremoto más mortífero que ha vivido Venezuela en el último siglo, pero no hay certeza. Entre las zonas más devastadas está Tanaguarena, desde donde me habla por videollamada María Lourdes. "Lo más triste es que yo encontré a mi hijo con vida. Yo estaba en el mismo apartamento donde estaba él". "Intentamos, su papá, un compañero del trabajo del papá, dos amigos míos, por 10 horas sacarlo. Yo le di agua por un pitillito (pajilla)". Cuenta que unos bomberos intentaron ayudar. "No se demoraron ni tres minutos, el túnel por donde estaba mi hijo estaba libre de tierra, ellos cayeron a martillazos toda esa área, eso se llenó de polvo y, por supuesto, mi hijo se fue". "Ahí no se acabó el viacrucis, pasamos 16 horas para tratar de sacar el cadáver y otra vez el mismo equipo: el papá, unos amigos de él, unos amigos míos, con las herramie

Fuente: BBC Mundo — Ver nota original

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