“Los adolescentes con buena relación con sus padres afrontan la etapa universitaria con más seguridad y menos ansiedad” - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / La evolución de las relaciones en el ámbito familiar a lo largo de las distintas fases del crecimiento madurativo de los hijos tiene un impacto crucial en su desarrollo intelectual, afectivo y social. Y, por supuesto, también en el académico. Esta es una de las tesis fundamentales presentadas en La relación del apego: posibilidades educativas, una obra de la psicopedagoga Carmen Ávila de Encío. El libro, presentado este jueves en Schiller International University, analiza cómo esta relación afectiva es el soporte para que padres, educadores y orientadores desarrollen con éxito la acción educativa con niños, adolescentes y jóvenes adultos y presenta los recursos educativos asociados a este fenómeno.

¿En qué consiste esta relación del apego? Según explica la autora, “el punto de partida de este concepto es la necesidad de los hijos de recibir cariño de sus padres, lo que establece una relación afectiva, esencial y asimétrica”. Para Ávila, en este contexto, “cuando los padres aportan un amor consistente e inteligente, el hijo se siente comprendido, acogido y querido de forma incondicional y eficaz, generando un soporte emocional que sustenta su autoestima”.

Según expone el libro, precisamente porque esta relación evoluciona a lo largo del tiempo, termina también teniendo un impacto determinante en el desarrollo académico en todas sus etapas: “Sin duda, los padres que en su interacción con sus hijos generan una relación de apego estable y segura, potencian sus capacidades al mismo tiempo”. Un hecho que se pone especialmente de manifiesto durante la etapa adolescente, previa a la universidad: “Los adolescentes con buena relación con sus padres afrontan la etapa universitaria con más seguridad y menos ansiedad”, concluye Ávila.

El desapego durante la adolescencia: ¿cómo mantener el apego en una etapa clave?

Sin embargo, precisamente en esta fase previa a convertirse en un joven adulto es cuando la relación de apego sufre las mayores dificultades: “Durante la pubertad, la relación se trueca en tendencia al desapego por parte del hijo. Es un momento de inestabilidad emocional y desasosiego interno que rompe la sintonía que los padres habían establecido”, declaraba la autora durante la presentación en SIU. La relación del apego expone cómo la conversación y el diálogo ininterrumpido son esenciales en este punto: “Puede parecer que el adolescente es sordo a nuestros esfuerzos por conversar con él, pero lo cierto es que, si la relación de apego ha sido buena durante trece o catorce años, a nuestro hijo adolescente sí le importará lo que digamos… y mucho más de lo que aparente”, advierte su autora.

La clave principal es que las conversaciones con los hijos adolescentes sea un diálogo inteligente, que invite a la reflexión y en la que no se transmitan conclusiones u órdenes, sino preguntas: “Como padres, debemos evitar los interrogatorios, la moralina, la descalificación de su persona y su mundo y hacer la charla distendida, sugerente y no necesariamente centrada en aspectos personales”, aconseja la psicopedagoga.

De acuerdo con la tesis de la obra, el mantenimiento de esta conversación sostenida en la buena relación de apego que ha durado tantos años ayudará al adolescente cuando se enfrente a experiencias nuevas y resolverlas por sí mismo: “De esta forma, progresivamente se convertirá en un joven adulto con alas que le permitirán volar lejos, porque están arraigadas en unas fuertes raíces: el afecto, la confianza y la estima de sus padres hacía él y viceversa”, concluyó la autora.

La acción educativa exitosa: ¿qué recursos existen para educar en el apego?

De acuerdo con la obra, cuando los progenitores orientan a sus hijos para desplegar todas sus capacidades en libertad se forma un “círculo virtuoso”: el hijo reclama un vínculo afectivo, estable y confiado con sus padres; y, a su vez, a través de este vínculo, los padres y educadores pueden desarrollar la acción educativa que les es propia.

Este proceso tiene lugar con la utilización de recursos educativos adecuados, entre los que la autora distingue cuatro: autoridad, comunicación, aprendizaje por imitación de modelos y educación por objetivos.

“La autoridad entendida como un derecho del niño a ser orientado en su vida. Cuando esta se ejerce mediante un control y un afecto equilibrados, no deriva ni en permisivismo, ni en negligencia, ni en autoritarismo”.

“La comunicación verbal y no verbal en la familia, que incluye también un elocuente “saber escuchar”. Es importante, que los padres desarrollen en sus hijos tanto el juicio crítico como la búsqueda del sentido de la vida”.

“El aprendizaje por imitación de modelos es otro referente en la educación. En la primera infancia, los padres constituyen un modelo universal y acrítico que progresivamente se va confrontando con otros modelos”.

“Para que estos planteamientos sean viables han de concretarse. Por eso es necesario plantearse objetivos concretos y viables en la educación de los hijos, que incorporen la motivación, el esfuerzo y la resistencia al fracaso. Y, es que la meta final es que sean los hijos quienes asuman sus propios objetivos y los desarrollen al término de la adolescencia y en el inicio de la etapa del joven adulto”.

CARMEN ÁVILA DE ENCÍO obtuvo el Premio Extraordinario de Doctorado en Educación por la Universidad Complutense de Madrid. Desde 1988 dirige su propio gabinete psicopedagógico en el que realiza tareas de evaluación, diagnóstico e intervención en dificultades de aprendizaje, emocionales y comportamentales, con atención personalizada a familias, asesoramiento a empresas educativas y formación a profesores. Está casada y es madre de cinco hijos. Y ha enfocado este estudio desde un planteamiento tan amplio como es posible: el de su formación académica, el de la práctica profesional y el de la perspectiva de una madre de familia.

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