Letra Roja | El rollo que no cesa - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Ciudad CCS / Nosotros los niños que no habíamos nacido, aunque habitábamos sin nombre en el deseo, en la nube, en el agua y el desierto, nos asomamos mirando hacia la Tierra de las manos del Dios dibujado por Miguel Ángel, y desde el borde del sol que ilumina la península, vimos cómo el 22 de diciembre de 1917 llegaba a este mundo Aura Olimpia Naveda. Su madre, María Magdalena, vagaba sola envuelta en un solo llanto por la Sabana de Santa Cruz, perdida la razón y la esperanza. Su hombre, hijo de Sofía, había muerto en el campo cuando salió con escardilla al hombro a labrar, pero las fiebres de la pandemia que azotó a este mundo, se lo llevaron. Y su cuerpo quedó besando la tierra. Ese mismo año abrió los ojos ante un espejo Ana Enriqueta Terán, la misma que un día se preguntaría: “¿De quién es el color de la vida?”. Y después en adelante no dejaría de mirarse al espejo, pues era imposible no hacerlo, tal era su belleza perfecta, tan perfecta que estaba acompañada de la palabra y el conocimiento de su orfebrería, retirada como estaba desde siempre al Aleph y como afirmó alguna vez Ramón Palomares… “En su sala secreta levanta una hoguera de niebla y se contempla. A su conjuro, en ese ámbito vaporoso, se advierte y se espejea como alguien que se levanta opaco en la niebla”.

Para Aura Olimpia, una mujer de la Venezuela Profunda, costurera que canta encandelillando mi alma, dedico cada mañana la mirada que lanzo al firmamento, mi respiración y todas las palabras que invento, sobre todo la palabra Democracia, igualdad, trabajo, terquedad y constancia. Para Ana Enriqueta, la que escribió Albatros, rezo hacia adentro su poema Voluntad de grito rasgado: “Tienen voz. / Rayan tormentas con ásperos trazos de sonido. / Envuelven tinieblas y eluden exhalaciones de fuego azul. / Gozan de tempestades como criaturas de fuego sagrado. Sin embargo fragor de noche no logra desunirlos. / Vuelan inmersos en círculos de protección y delicia / Ala contra ala / Furioso persistir contra el rayo, su escritura en página negra y como los ata, los envuelve con hilos de otra luz, / de otro, cegador nudo, que restaña sangre caliente. / Sangre, mancha de sangre creciendo en rasos, no porosos, no libres, / solo alas entre envergaduras de viento”.

Damas y caballeros, niñas y niños, en esta hora de poesía y lucha, escribo para cada uno de ustedes, de pie ante la página, escribo para cada rostro, para cada mirada de las gentes que vamos apretujados en el Metro, que descendemos en Capitolio, La Hoyada, Bellas Artes, Parque Carabobo, Plaza Sucre, El Valle, Plaza Venezuela, Sabana Grande, escribo para estas gentes que caminan en todos los trenes y calles de Caracas, que están en este instante pidiendo su ciudad: Caracas.

Letra Roja | El rollo que no cesa

Con Información de Ciudad CCS

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