Lecciones vikingas de fútbol y algo más - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / El Clarín / A mí me gusta mucho el fútbol. No podría haber sido de otra manera. Mi padre era escocés, muy fan del Glasgow Celtic; mi madre española, de familia madridista; y encima pasé la infancia, de los 3 a los 10 años, en Argentina, el país que más en serio se toma el pasatiempo favorito de la humanidad . Desde entonces habré visto no sé cuantos miles de partidos, muchos de ellos memorables, pero pocos me dieron más placer que el que acabó con una derrota de Inglaterra en 2016 ante Islandia, primer rival de Argentina en el Mundial de Rusia este año.

Escribo estas palabras desde el sur de Islandia, desde una isla llamada Heimaey con una población de 4.000 habitantes, uno de ellos el seleccionador islandés, Heimir Hallgrimsson, nacido aquí . Me caen bien los islandeses, gente que combina con un admirable equilibrio el saber vivir mediterráneo (ningún país importa más aceite de oliva per capita que Islandia) con el saber hacer de los escandinavos. Me cae especialmente bien Hallgrimsson un tipo a la vez metódico y simpático que hizo reír a los periodistas en una rueda de prensa esta semana cuando le preguntaron si tenía algún mensaje para Leo Messi.

“Sí”, contestó dirigiéndose a la cámara con aspecto solemne, como si estuviera hablándole al crack argentino. “Será el primer partido del Mundial. Tendrás muchos más. Relajate. No te esfuerces demasiado “.

Mirá también Islandia: el enigma que espera a la Argentina Con lo cual Hallgrimsson soltó una gran sonrisa, pero nada comparada con la mía aquel día en el que su equipo le ganó a Inglaterra. Siempre celebro las derrotas inglesas . Es curioso ya que nací en Londres, me eduqué en instituciones inglesas, habló inglés con acento inglés y no escocés (o español o argentino). Tendrá que ver en parte con que me lavaron el cerebro en mi colegio de Buenos Aires con aquello de las Malvinas, las invasiones inglesas y “los piratas”; y algo que ver también con lo feo que me resulta el desdén xenófobo con el que demasiados ingleses festejan sus victorias. Nunca se hizo más evidente esa absurda noción de superioridad que con el voto a favor del Brexit en el referéndum del 23 de junio de 2016 –cuatro días antes del partido de Inglaterra contra Islandia en octavos de final del Eurocopa que se jugó en Francia.

¡Qué ganas de que ganara ese paisito de 330.000 habitantes, 160 veces menos que Inglaterra , el inventor del fútbol! Cuántas ganas más cuando me enteré de que los hinchas de la pérfida Albión, los campeones del mundo en grosería, andaban antes del partido por las calles francesas cantando, “¡A la mierda Europa, votamos para salir!”

Mirá también Clarín en Islandia: así se juega un "picadito" en el país cenicienta del Mundial de Rusia Esa noche, a la mierda Inglaterra. Salió del campeonato europeo, expulsada por los liliputianos del Atlántico Norte por 2 goles a 1, el acontecimiento más grande en la historia de Islandia desde que sus antepasados vikingos descubrieron América 500 años antes que Colón . Desde entonces, si en cualquier momento necesito alegrarme la vida, lo que hago es recurrir a Youtube y ver el video del comentarista deportivo islandés Gummi Ben durante los segundos posteriores al final de aquel partido.

Flema nórdica: olvídense. Es la euforia, la histeria, el júbilo en su máxima expresión y (¡qué lindo!) el desprecio más absoluto hacia la insularidad inglesa. No gritando sino chillando, casi llorando, el gran Gummi Ben, digno heredero de los héroes vikingos Leif Erikson y Eric el Rojo, celebra la victoria agarrándose las manos a la cabeza o dando puñaladas al cielo: “!Se acabó, se acabó, se acabó! ¡Iremos a París! ¡Nunca volveremos a casa! ¡Miren, miren! ¡Esto es increíble! ¡No lo creo! ¡No creo lo que mis propios ojos ven! ¡No me despierten nunca! ¡No me despierten de este sueño! ¡Abucheen todo lo que quieran, ingleses! ¡Váyanse a casa! ¡Váyanse de Europa! ¡Váyanse donde quieran! ¡Inglaterra 1, Islandia 2… es… el resultado final!”

Una vez superada la dicha de aquel momento, ¿qué conclusiones sacar? ¿qué lecciones nos da esta versión contemporánea de la historia de David y Goliat? La primera y la más obvia es para Messi y Argentina: tengan mucho cuidado. La segunda, que el éxito en el fútbol de Islandia, de lejos el país más chiquito que habrá competido en un Mundial, refleja el éxito de Islandia como sociedad . Nada más diferente que la Argentina o el lugar donde Messi ha vivido la mayor parte de su vida.

Los islandeses son gente pragmática, organizada y respetuosa. No caen en el jueguito tan de moda hoy en el resto del mundo occidental del griterío de sordos. A diferencia de países ricos en recursos naturales, en sol y en comida como Argentina y España habitan un lugar de la tierra donde cada día es una batalla contra la naturaleza para sobrevivir . Tienen que negociar, pactar y ser solidarios. No se pueden dar el lujo de indignarse por indignarse, de gastar energía en peleas políticas opcionales, abstractas e inútilmente tribales que más tienen que ver con la vanidad que con las necesidades reales de la vida.

Mirá también Islandia: el rival de Argentina en Rusia y su historia en el deporte Tienen sus diferencias políticas, como en cualquier lado, pero como nación reman como los vikingos en la misma dirección, en igualdad de condiciones. Aquí en Heimaey hay un viento que te caes y un volcán que ya explotó en 1973 y puede volver a hacerlo cualquier día. Saben en sus entrañas que, como en el fútbol, la fuerza está en la unión. No hay ni ricos ni pobres, ni siquiera riñas tipo #metoo entre hombres y mujeres (según Naciones Unidas, año tras año Islandia es el mejor país para ser mujer). Hay que incluir a todos, hay que hacer equipo, sino te morís. Y hay que ser versátil y solidario y trabajar duro, como Heimir Hallgrimsson que es dentista además de ser entrenador de fútbol.

El secreto de Islandia como selección, igual que como país, es que es mucho más que la suma de sus partes: exactamente lo opuesto a la Argentina y a su actual selección . En Islandia maximizan lo poco que tienen y lo convierten en oro. En Argentina tienen la costumbre de convertir el abundante oro que poseen en, bueno, algo menos puro. Mejor que el chico dorado argentino no le haga caso al dentista cuando su selección se mida a Islandia el 16 de junio en Moscú.

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Con Información de El Clarín

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