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Bolivia tambalea al borde del abismo. Su deriva sólo puede caer en una brutal dictadura o en una guerra civil. Para alejarse de esa disyuntiva abismal, la única salida es retomar la institucionalidad perdida.

Cuando un sistema derrapa fuera del encuadre constitucional, el único esfuerzo válido es el de retorno a la legalidad. Y quizá la única vía para salir del caos y regresar a las instituciones, sería mediante un acuerdo entre el partido de Evo Morales y sus adversarios para que a la presidencia interina la ocupe Mónica Eva Copa.

Esta senadora del MAS era la segunda en la bancada que lideraba Adriana Salvatierra, quien ocupaba la presidencia de la cámara alta hasta que renunció por la misma razón que el presidente, el vicepresidente y también el titular de los diputados, rompiendo la línea sucesoria. Esa razón fue los ataques y amenazas a familiares de altos funcionarios del gobierno y de los jefes legislativos del MAS.

La sesión del pasado jueves en la que los legisladores del MAS nombraron a Copa titular de la cámara alta, otorga una legitimidad que Jeanine Añez no puede exhibir.

Sin una votación del Congreso que nombrara presidenta del Senado a Añez, por entonces vicepresidenta, la designación de esta senadora por el partido Unidad Democrática carece de clara legitimidad.

En el debate sobre las interpretaciones de la Constitución para las situaciones excepcionales, el MAS puede alegar, con lógica constitucional, que la titularidad de la bancada corresponde al partido que tiene mayoría y no a quien ocupa la vicepresidencia, cargo que corresponde a la segunda fuerza de la cámara.

Si Añez y los dirigentes conservadores que, en alguna medida, ejercen el poder detrás del trono, Luis Camacho y Marco Pomari, no negocian con el MAS una salida institucional de ese tipo, el país podría continuar en el umbral de la guerra civil. Hasta el momento, insisten en mantener a Añez, señalando que, si no hay acuerdo para convocar a elecciones desde el Congreso, ella las convocará por “decreto presidencial”.

El problema es que un comicio convocado por decreto desde una presidencia viciada de ilegitimidad, sólo puede alumbrar un gobierno también viciado de ilegitimidad. Y el problema boliviano continuaría. Por lo tanto, a esa elección debe convocarla el Congreso, estando éste presidido por un senador o senadora perteneciente a la fuerza que tiene la mayoría.

La idea insinuada por Evo Morales de una mediación de Rodríguez Zapatero no sirve, porque el ex presidente español ha demostrado falta de ecuanimidad en sus supuestas mediaciones en Venezuela, donde lo actuado sólo fue útil para el régimen de Maduro.

Por la misma razón está invalidado de mediar Ernesto Samper, representando a Unasur. Y también la OEA, debido al desafortunado pronunciamiento que hizo en sesión extraordinaria su titular, Luis Almagro, trasponiendo los límites que corresponden a la diplomacia.

La mediación ofrecida por la ONU, la Unión Europea y la iglesia podría ser útil para un acuerdo que deben negociar el partido que perdió el poder con las fuerzas que se apoderaron del gobierno. Ahora bien, aceptar la presidencia interina de la senadora Mónica Copa para conducir la transición hacia elecciones, debería tener como contrapartida la aceptación por el MAS de que Morales no puede postularse.

El intento de fraude que estropeó el comicio del 20 de octubre, desatando el trágico caos que generó vacío de poder, lo invalida como aspirante a una reelección, que además viola los límites establecidos por la Constitución y ratificados por la mayoría de los bolivianos en el referéndum del 2019.

LINK ORIGINAL: El País

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