«La victoria contra el miedo» EntornoInteligente

«La victoria contra el miedo»

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Resultado impensable si se tiene en cuenta el contexto en el que se produjo: un régimen autoritario, con libertades individuales suspendidas, así como el derecho de reunión, la existencia de miles de presos políticos, exiliados, destituidos, desaparecidos y asesinados y una masiva propaganda de difusión a favor del SI

El 30 de noviembre de 1980, hace hoy cuarenta años, era derrotado en las urnas el proyecto de reforma constitucional de la dictadura cívico militar que tenía como objetivo garantizar su continuidad en el poder y crear un régimen tutelado en forma permanente por los mandos militares.

Resultado impensable si se tiene en cuenta el contexto en el que se produjo: un régimen autoritario, con libertades individuales suspendidas, así como el derecho de reunión, la existencia de miles de presos políticos, exiliados, destituidos, desaparecidos y asesinados y una masiva propaganda de difusión a favor del SI.

Como señala el politólogo Rafael Piñeiro en el prólogo, «las elecciones son más comunes en los regímenes autoritarios de lo que solemos pensar. Lo que no es usual, es que en esos regímenes los gobiernos pierdan elecciones».

El triunfo del NO (57,2%) sobre el SI (42,8%) encendió una lucecita al final del túnel y, sumado a otros factores, preparó el terreno que condujo, cuatro años después, a la reapertura democrática. Pero, cómo fue posible una victoria de esas características contra un régimen cívico militar entronizado en el poder y su poderosa maquinaria propagandística.

Por qué los militares y sus adláteres dejaron que el pueblo ganara el plebiscito; por qué no cometieron fraude o manipularon los resultados. De eso y mucho más nos escribe el periodista Marcel Lhermitte, experto y consultor en comunicación política y campañas electorales.

El libro nos retrotrae al pasado reciente, a un episodio abordado hasta ahora de manera tangencial por la historiografía especializada. Tiene además el mérito de facilitar a los lectores el acceso a una amplia información de fuentes muy diversas sobre estos hechos, a veces muy dispersas, abriéndonos el paso para el análisis y para sacar nuestras propias conclusiones.

David contra Goliat

Detrás del SI, se alinearon no solo los militares, sino también amplios sectores de los partidos políticos tradicionales, blanco y colorado, que veían con simpatía una salida como la proyectada.

El único mensaje político autorizado que recibían entonces los uruguayos, un día sí y otro también, provenía del aparato propagandístico del propio régimen, digitado por la orwelliana Dirección Nacional de Relaciones Públicas (Dinarp) que además contó con el apoyo de sondeos falsos o tendenciosos.

En el libro se analiza el rol de las encuestas y se analiza especialmente el ejemplo de la norteamericana Gallup, cuya licencia para operar en Sudamérica le pertenecía a un uruguayo, y que adjudicaba al SI un 60% de intención de voto.

Del lado del NO, sin posibilidad alguna de hacer campaña, se agrupaba una mayoría silenciosa que se sacudió el miedo de encima y se nutrió de un grupo muy activo de dirigentes de los propios partidos políticos suspendidos que comenzó a operar desde la clandestinidad y también desde el exterior.

Como se documenta en el libro, nada despreciable fue, también, la resistencia organizada desde el movimiento social, sindical, estudiantil, cultural, así como desde algunos sectores de la Iglesia Católica. El libro recoge los testimonios de una quincena de testigos directos de aquellos años y reconstruye, desde distintos ángulos, episodios que resultaron a la postre decisivos, como el recordado debate televisado por canal 4 entre dos defensores y dos detractores del proyecto, emitido el 14 de noviembre, dos semanas antes del plebiscito.

Como remata el politólogo Rafael Piñeiro, la victoria del NO tal vez sea comparable al triunfo de David sobre Goliat, el episodio recogido por la Biblia que nos enseña que siempre habrá posibilidades de salir triunfante aun cuando las condiciones sean las más desfavorables.

El golpe de la piedra que se hundió en la frente del gigante quizás resultó demoledor, más de lo que se esperaba. Lo cierto es que, a partir del 30 de noviembre de 1980, los uruguayos comenzamos a recuperar esa sensación de libertad como derecho fundamental que nunca debió conculcarse.

Por el Sí hubo un 42,8% de los votos válidos y por el No un 57,2%. Hubo, además, un 0,66% de votos en blanco. En Montevideo, el SI obtuvo el 36,04% de los votos válidos, el NO el 63,25% y los votos en blanco el 0,71%. El departamento en el que el SI tuvo más apoyo fue Treinta y Tres, con 67,74% de los votos válidos, y donde menos apoyo tuvo fue en Paysandú, con 34,68%.

El «Mundialito» de 1980

Al igual que en Argentina, el régimen intentó utilizar al fútbol a su favor, como herramienta propagandística. Así lo fue el Mundial de 1978 para la dictadura sanguinaria de Videla.

A diferencia de nuestros vecinos, el caso uruguayo tuvo sus peculiaridades. El libro remite al ejemplo del Mundialito y al hecho de que «la dictadura no podía valerse del resultado final del mismo para utilizarlo electoralmente, porque el inicio del torneo era el 29 de diciembre de 1980, casi un mes después de la cita en las urnas.

De todas formas, sí se buscó que fuera útil al proceso. A modo de anécdota, un detalle publicitario fue que las boletas del SI se imprimieron en color celeste, como la camiseta de Uruguay, mientras que las del NO eran amarillas, causalmente como la camiseta de Brasil, las selecciones que jugaron la final del primer campeonato de campeones del mundo».

«Pero este torneo de fútbol de selecciones campeonas del mundo también fue utilizado por la campaña clandestina del NO, con la adopción de un gráfico que fue muy popular. El logo oficial del campeonato era el dibujo caricaturesco de un indiecito, vestido con la indumentaria de la selección uruguaya, que portaba una vincha a franjas horizontales celestes y blancas que sostenían una puma blanca con la punta roja en su cabeza.

El personaje miraba hacia atrás de su cuerpo, pues le estaba pegando con el taco en alto a una pelota de fútbol. El balón tenía en su circunsferencia el sol con los rayos y las puntas que caracterizan el del pabellón nacional. José Pacella, responsable de propaganda del Partido Comunista en la campaña de 1980, tomó el logo original y lo modificó con el mensaje electoral del NO.

La imagen era exactamente la misma, a excepción de la pelota de fútbol que fue reemplazada por un sol en cuyo interior se leía NO. Los volantes que se confeccionaron clandestinamente con esa imagen –se acompañaron con un logo muy artesanal del Frente Amplio- llevaban una leyenda que decía: ´Por salarios, por libertades, por una real apertura democrática. Hágale un gol a la dictadura!!».

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