La urgente regionalización de la ciencia

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Importantes riquezas son generadas desde regiones del extremo norte y del extremo sur, como la que proviene tanto de la actividad minera en Antofagasta como la pesca, el petróleo y el gas de Magallanes. Sin embargo, sabemos que las regiones más populosas, como la Metropolitana, reciben usualmente la mayor parte de los recursos, con el fin de financiar grandes inversiones. No solo eso: las decisiones sobre el destino de tales recursos se toman desde la capital. Hay, no obstante, otros criterios que debieren ser ponderados a la hora de definir la inversión pública. Esto, en el caso de la ciencia, es crucial, pues hay regiones cuyas particularidades geográficas, ambientales, sociales y sanitarias, entre otras, hacen que sea propicio radicar en ellas determinadas capacidades y actividades investigativas, tomando en cuenta las ventajas que cada zona ofrece para los diversos campos en que se ha de investigar y las problemáticas que las afectan. Compartir Twittear Compartir Imprimir Enviar por mail Rectificar

Un tema que ha sido objeto del debate y de normas de la Convención Constitucional, es el de la regionalización y la descentralización. Incluso, el órgano constituyente propondrá, tras aprobarlo en el pleno, que Chile sea un Estado regional.

No es el propósito evaluar el mérito de dicha propuesta ni analizar cómo nuestras instituciones y líderes políticos han ido abordando la urgente descentralización del país, dotando de competencias y recursos a los diversos territorios para impulsar un desarrollo económico y social equitativo y armónico.

Pero sí nos interesa recalcar que, en el debate sobre cómo regionalizar y descentralizar a Chile, es necesario repensar y modificar el cómo se distribuyen los recursos para las diversas regiones del país y se toman decisiones para estas, sobre todo en el ámbito de la inversión pública. Y, en este marco, cabe reflexionar acerca del impulso que se da a la investigación científica de excelencia en las regiones alejadas de las zonas metropolitanas más habitadas del país.

Importantes riquezas son generadas desde regiones del extremo norte y del extremo sur, como la que proviene tanto de la actividad minera en Antofagasta como la pesca, el petróleo y el gas de Magallanes. Sin embargo, sabemos que las regiones más populosas, como la Metropolitana, reciben usualmente la mayor parte de los recursos, con el fin de financiar grandes inversiones. No sólo eso: las decisiones sobre el destino de tales recursos se toman desde la capital.

Hay, no obstante, otros criterios que debieren ser ponderados a la hora de definir la inversión pública. Esto, en el caso de la ciencia, es crucial, pues hay regiones cuyas particularidades geográficas, ambientales, sociales y sanitarias, entre otras, hacen que sea propicio radicar en ellas determinadas capacidades y actividades investigativas, tomando en cuenta las ventajas que cada zona ofrece para los diversos campos en que se ha de investigar y las problemáticas que las afectan.

Por ejemplo, en el Centro de Excelencia en Biomedicina de Magallanes (CEBIMA), inaugurado en 2019, estamos trabajando para aprovechar las condiciones naturales de la Antártica, en particular de organismos —de la flora y de algas, entre otros—, y estudiar principios activos que pueden aportar al tratamiento de enfermedades como el Alzheimer y el Parkinson.

A pesar de la relevancia y de la proyección de nuestros estudios, el sistema de financiamiento del que participamos no asegura nuestra permanencia en el tiempo. Lo mismo ocurre con los otros centros de investigación de primer nivel que están en las distintas regiones del país y que viven no sabiendo si contarán con los recursos necesarios para seguir. La investigación científica, es bueno recordarlo, es de largo plazo y requiere un apoyo sostenido y significativo en el tiempo.

Hoy, entonces, cuando se habla de dotar a las regiones de autonomía, es urgente ampliar el foco de la descentralización para que esta se dé también en el destino de los recursos, dejando una parte importante en las regiones que los producen con el objeto de orientarlos a salud, educación, vivienda y otras necesidades; y en la actividad científica, sustentando a centros de excelencia que pueden impactar notablemente en nuestra salud, sustentabilidad, y bienestar social y económico.

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