La tragedia en la piel del venezolano, por Alexander Cambero

X: @alecambero Brasil jugaba con Escocia en el Hard Rock Stadium de Miami, Vinicius JR roba una pelota y avanza vertiginosamente por el extremo izquierdo justo a las 6:04 p.m., de pronto sentimos que todo se movía de una forma desmedida. Fueron unos segundos que cambiaron la vida de Venezuela; el estremecimiento abrupto trajo consigo instantes que removieron atávicos temores. La tierra gimió como en un doloroso parto que se complicó en el quirófano de nuestro destino; muchísimos edificios quedaron pulverizados por la acción de dos terremotos que han estremecido a una nación que vive la tragedia continuada de estar bajo el acecho de un régimen tiránico. Las cifras de muertos y heridos crecen en la medida que avanzan las horas de manera dramática, pero también el milagro aparece entre los esfuerzos que se multiplican, alimentados por el empeño de muchísimos héroes anónimos que se abrazan entre lágrimas cuando le arrancaron de sus brazos una posible víctima a la muerte. Este episodio cruento nos hizo reencontrarnos en medio de la zozobra que experimentamos. Nos hemos hecho hermanos de personas que jamás conocimos; el venezolano sacó de lo que no tiene para auxiliar a los que perdieron todo. Ese espíritu solidario que nos distingue afloró para llenar centros asistenciales de las medicinas que no suministra el gobierno, de enviar alimentos cuando sus expensas se encuentran en estado crítico; cooperando con recursos monetarios en un país que tiene unos de los peores salarios del mundo, que igualmente está a la vanguardia en la tasa de inflación y desocupados, con cerca del 70% de economía informal. Sin embargo, haciendo maromas, ha colaborado en medio de su estrechez con todos aquellos que sufren. Una administración que nunca dotó a las distintas instancias de equipos de última generación para este tipo de catástrofes ha sido sustituida por la voluntad de un pueblo dispuesto a socorrer a sus hermanos. Un régimen tratando de ganar respaldo con escapulario ajeno; todo el pa

Fuente: Tal Cual — Ver nota original

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