"La solución a la crisis está en una negociación y elecciones" - EntornoInteligente
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Carlos Raúl Hernández no teme a la jauría de “twitterzuela”, más bien la confronta. Es un opositor al actual estado de cosas que atraviesa el país y si se trata de cuestionar a la oposición lo hace con tanta crudeza como hacia el Gobierno. En conversación con PANORAMA plantea la salida a esta crisis sin tapujos: “Durante estas largas dos décadas he insistido hasta el cansancio en que la solución está en negociaciones y elecciones, como enseña la experiencia histórica. Todo lo que hemos ganado en esta lucha, incluso la esperanza, ha sido gracias a las elecciones y todo lo que hemos perdido, incluso la esperanza, ha sido por renunciar a ellas. Creo que hay una oportunidad de deshacer el nudo gordiano con las elecciones parlamentarias del año que viene, si con maniobras baratas o caras, el Gobierno no impide que la oposición participe”. De cara al país después de Maduro se atreve, incluso, a visualizar: “Los problemas no se terminan con la ida de Maduro. Se necesitará un acuerdo de gobernabilidad con el chavismo que tendrá en sus manos, por decir lo menos, las Fuerzas Armadas, el Poder judicial, los municipios, las gobernaciones y las alcaldías. La única manera de que no fuera así es si se da un exterminio de chavistas por medio de un pinochetazo o un videlazo. Hay quienes no quieren convivir porque creen en un arrase y esa me parece una opción lejana, un delirio”. —    La crisis política ha entrado en una suerte de meseta, en la que nadie avanza, en tanto, el deterioro de la nación se acentúa, ¿Cuál es la clave para desatar este nudo tan fuerte? —    La crisis política entró en lo que se llama un “equilibrio catastrófico” porque ninguno de los grupos logra imponerse sobre el otro y los daños en la población son inconmensurables. El peor componente de este equilibrio es que para ambos grupos el deterioro de las condiciones de la gente común es la base de la estrategia. Mientras mayor sea la miseria, más dependerán la ciudadanía, los militares  y los demás sectores del apoyo del Gobierno y a eso juega éste, mientras; sus enemigos piensan que el hambre lo hará caer porque se levantarán los militares. Una misteriosa, trágica y siniestra coincidencia de objetivos. La experiencia de decenas de casos es que estos equilibrios conducen a guerras civiles y a la destrucción de los países, las secesiones y los genocidios. Como reacción directa a la invocación al Tiar, se reagrupan las guerrillas colombianas. Vemos como ahora amenaza también las relaciones con Colombia,  con la intervención de las Farc y el Eln; ¡Parió la abuela! Parece que a nadie le importa que se produzca una matanza de soldados, muchachos, en un conflicto con el país hermano. Mucho menos la suerte que correrían la soberanía sobre el Golfo de Venezuela y Guyana. Este país se involucraría en la confrontación Durante estas largas dos décadas he insistido hasta el cansancio en que la solución está en negociaciones y elecciones, como enseña la experiencia histórica. Todo lo que hemos ganado en esta lucha, incluso la esperanza, ha sido gracias a las elecciones y todo lo que hemos perdido, incluso la esperanza, ha sido por renunciar a ellas. Creo que hay una oportunidad de deshacer el nudo gordiano con las elecciones parlamentarias del año que viene, si con maniobras baratas o caras, el Gobierno no impide que la oposición participe. —    Todas las encuestas coinciden en que una salida negociada es la preferida (7 de cada 10) ¿Qué condiciones clave no pueden faltar en ese escenario? —    La desgracia esencial es que tenemos dirigentes inconscientes e insensibles ante el sufrimiento humano que, entonces, no es un daño colateral sino, en términos prácticos, el objetivo de la acción equivocada. Cada grupo pretende la rendición del otro y no el entendimiento. La manera de salir del pantano es establecer un diálogo con el país, que incorpore políticos de diversas tendencias, empresarios, comunicadores, universidades, sector cultural, organizaciones sociales y otros factores dispuestos al entendimiento.             Y sobre todo que, sean quienes sean los dispuestos a negociar, estén decididos a llegar a acuerdos. Ese diálogo serviría para sacar la atención de los problemas políticos y pensar en la gente (…) En otras ocasiones he declarado que hay créditos disponibles de Alemania y la CAF para reparar el sistema eléctrico que solo necesitan que los presente el Gobierno y los avale la Asamblea Nacional. Es insólito que eso no se haga. Existe otra propuesta que consiste en el intercambio de alimentos y medicinas por petróleo. Deberían asumirla todos.           Los problemas no se terminan con la ida de Maduro. Se necesitará un acuerdo de gobernabilidad con el chavismo que tendrá en sus manos, por decir lo menos, las Fuerzas Armadas, el Poder judicial, los municipios, las gobernaciones y las alcaldías. La única manera de que no fuera así es si se da un exterminio de chavistas por medio de un pinochetazo o un videlazo. Hay quienes no quieren convivir porque creen en un arrase y esa me parece una opción lejana, un delirio. —    El expresidente Samper advertía, hace ya un tiempo, que lo más difícil de una negociación en Venezuela era que las partes colocaban sobre la mesa unos inamovibles que era justamente lo que se iba a negociar, ¿entonces sobre la mesa está además el “alter ego” de las partes primando? —    Una negociación exitosa requiere reducir al mínimo las condiciones previas, mucho más si esas condiciones son básicamente los objetos de la negociación. Los condicionamientos previos para hablar son formas de boicotear o retardar. Norteamericanos y vietnamitas estuvieron ocho meses en negociaciones previas para determinar cuál sería la forma de la mesa en la que se sentarían a trabajar hasta que por fin lograron resolver este “problema”. Ambos grupos querían mejorar su posición militar para iniciar el diálogo fortalecidos.       Los intentos de encuentro fracasan porque ambos se sienten cómodos en la situación. Si estuvieran enfrentando penurias, como 80% por ciento de la población civil, se comportarían de otra manera. El Gobierno se planta en que se levanten las sanciones individuales, mientras que la oposición insiste en el mantra. Ahí se tranca el juego. Por eso  hay que refrescarla y surge la idea de nacionalizar y ampliar la negociación. Algunos charlatanes preguntan ¿Qué se ha logrado por la vía pacífica? aunque las respuesta es obvia.         Por la vía del calle-calle, los trancones, la hora cero, la invocación a los militares y a la intervención extranjera solo conseguimos cadáveres de jóvenes. Por la otra conseguimos mayoría en la A.N (que debe defenderse) y cuatro gobernadores a los que la irracionalidad, la inconsciencia y la charlatanería  han pretendido desacreditar. Hay que preguntar a los zulianos si ellos no preferirían tener un gobernador amigo, como sí tienen tachirenses, merideños, neoespartanos y anzoatiguenses. —    Hablando del presidente Maduro, cuyas opciones para destrabar este juego y salir avante de la crisis parecen tan limitadas, no cree que en el chavismo ha faltado “coraje” para no hipotecarse como está con Maduro? —    Maduro salió muy debilitado de las elecciones de 2013 que ganó apenas por doscientos cincuenta mil votos. Eso dio origen a una serie de cuestionamientos públicos a la marcha del gobierno de  dirigentes del Polo Patriótico, que señalaban un resquebrajamiento. En vez de colocarse en el centro de esas diferencias para profundizarlas, la oposición optó por errores garrafales que más bien las soldaron. Primero, fue aquella ingenua malacrianza que llamaron la salida, cuyos máximos amplificadores fueron precisamente Maduro y Cabello porque tenían claro que era una bobería intrascendente. Luego lo del revocatorio que carecía de destino y podían detener con un tribunal regional y que ambos dejaron correr. En 2017 el “Maduro vete ya que fue otra tontería. Y, finalmente, la más grotesca de todas: el llamado a abstenerse en 2018. Luego con los episodios del 23-F y 30-A volvió a ganar ahora con fama de invencible. Así se convirtió en jefe indiscutible del chavismo por obra de los errores de quienes quisieron detenerlo con pistolas de agua. Han inventado un supuesto conflicto entre Maduro y Diosdado que no existe porque el primero es el jefe y el otro es el segundo hombre y ambos lo tienen claro. El chavismo lo sigue. —    El Plan Guaidó, de su lado, ya parece estar amenazado por el factor tiempo… Siendo que es el plan opositor más consolidado en años, ¿cuánto crédito político cree que le queda a Juan Guaidó?   —    Guaidó es una figura  interesante, querida, sin pasado escabroso, joven, que aparece en momentos de reflujo emocional. El tiempo corre contra su popularidad porque se le exigen resultados que no se producen y se hacen difíciles porque se aferró a una camisa de fuerza, el mantra, que impide negociar salidas reales. Si  se flexibilizara podría ser líder en sentido estricto: quien señala el camino a la tierra prometida. —    En una proporción de rechazo de 8 de cada 10 hacia el Gobierno, no cree que la oposición ha hipotecado demasiado la opción electoral (como por ejemplo el 20 de mayo del 2018) a unas condiciones comiciales  que si bien son necesarias, pueden ser barridas por la necesidad de un cambio en la conducción del Gobierno? —    Para mí siempre será un misterio cómo la oposición  puede tener un cráneo tan cerrado  a sus éxitos y a sus derrotas. Convenció a la ciudadanía de que el voto era un pecado mortal, sigue atizando semejante idea contra las experiencias en todas partes y ahora lo hace contra las parlamentarias. Para mi asombro un diputado reconoció que posiblemente las elecciones serían en el plazo constitucional, habría  un cambio importante en el CNE y otras reformas, pero que aun así ellos no entrarían en el proceso. A un observador normal esto debe parecerle asombroso. Pidieron condiciones electorales, el Gobierno está dispuesto, pero simplemente no quieren ir. Mal augurio. —     EE UU sigue muy activo en el caso Venezuela, ¿pero no han terminado por descifrar los códigos militares suficientemente?   —    El equipo del gobierno norteamericano se ha equivocado demasiado y no parecen tener jefe claro. Se contradicen no solo entre ellos, sino cada uno en declaraciones sucesivas. No han tenido la mínima flexibilidad para llegar a acuerdos con el Gobierno, como sí la tuvo cuando el peligro sandinista, durante el cual Reagan se valió hasta de su antítesis, el expresidente Carter, para detener inteligentemente a Ortega. Cometen un pecado mortal en la diplomacia: querer ganar todo a cambio de nada o de muy poco. —    Dedicamos mucho tiempo a la crisis política y económica del país, pero no cree que la salida al laberinto de la crisis social puede tomarnos un esfuerzo superior, en el marco de un Estado fallido, como pareciera el venezolano? —    Si no hay acuerdos, el peligro de convertirnos en un Estado fallido crece.

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