La Salida de Leopoldo según Pedro Sánchez » EntornoInteligente
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El nuevo Comisionado para el Centro de Gobierno y más allá, se reunió con su nuevo escenario. Será el inspirador de nuevas generaciones de guarimberos, y trabajará en ello mientras busca situarse en su trabajo de negociador de armas para una larga resistencia con visos de terrorismo. Ahora es hijo de padres españoles, y por lo tanto, según la precaria lógica de las bases de Voluntad Popular, es extranjero. Lo que reclaman eternamente a Maduro es la supuesta nacionalidad colombiana que le aportó su mamá, por lo que llegó en un guacal vía caminos verdes (la gente pobre latinoamericana llega en guacales de plátanos por la frontera). El Guarimbero no podría ser Presidente jamás por esa misma lógica delirante de las bases de Voluntad Popular, porque es hijo de españoles, aunque haya llegado cargado por la cigüeña.

El capítulo de los guarimberos de base en el Imperio se desluce entre los robos delivery, aunque siempre en el tono correcto de un gobierno imperial que los apoya con todo el peso de su anticomunismo. En el entramado político del Comisionado del Centro de Gobierno y más allá, luce extraño ser hijo de políticos opositores al gobierno que lo recibe. Guacales y cigüeñas… el oscuro entramado emocional y político de las fronteras ideológicas de Pedro Sánchez en su contradictorio gobierno.

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Por: Carolina Villegas

Ya en el Reino, el Guarimbero se hundió en el sillón de las visitas incómodas mientras Pedro Sánchez lo atendía con su elegancia obrerista e intemporal: tan antigua y tan actual como el amasijo de situaciones que encajan de milagro entre los escombros de los raros conceptos de democracia que conoce Europa. Pronto el Guarimbero buscará acomodarse a la moda que triunfa allá, y en poco usará trajes más ceñidos al cuerpo, sin tantas hombreras, y con ruedos de pantalones un poco más arriba de los tobillos, dejando atrás el aire de tirapiedras de clase alta en país tercermundista que lleva encima.

Al Reino van a parar los hombres que hacen negocios ultraterritoriales, los perros de la guerra y los hacedores de gobiernos en la sombra. Casi todos ellos profesionales de los tiempos de ruptura institucional, de guerra vendida de antemano en las Cortes medievales de nueva generación. A veces tienen un Torquemada tomando un buen vino al lado de ellos; otras veces consiguen puestos en un europarlamento como diputados de recién adquirida estirpe. El Reino es tierra de negocios, donde se simula el silencio que grita billetes de alta denominación y artículos del más alto lujo.

Al Imperio, por el contrario, van a parar los guarimberos de base, esos que en el tiempo libre ocupan sillas de primera clase en los estadios de beisbol, de basket o de peleas de la UFC, aunque no consigan nunca el brillo de la aristocracia. En el Imperio se desplazan tan impunes como en Venezuela, pero en situación de resolución de negocios, ganancias rápidas y entrega del país en modo delivery. Al Imperio llegan con el rancho en la cabeza, comprando la camioneta costosa y las guayas de oro 10. Ahora suelen pasear más por las playas y calles de Miami que por Washington, plagadas ahora de gente que protesta para echar abajo la institucionalización del racismo.

El Guarimbero se levantó de la silla de las visitas incómodas, una vez terminada la conversación con el elegante obrerista, lamentando no haber capitalizado gente, ideas, acciones e inspiración más allá de haber aportado un muchacho con pinta de alocado y a veces de estúpido, que habla para los traductores de trabalenguas; aunque contento por el logro eficiente del robo de millones de dólares a las empresas nacionales, ahora a disposición personal y para el negocio político. Lo que suponía un largo crecimiento reflexivo sobre la política en la soledad de la prisión, terminaba en la ilación de lugares comunes que ya se conocían de las apariciones públicas. La última fue la del rostro esperanzado en que fijaba su mirada al cielo, esperando la aparición de aviones de la fuerza aérea pilotados por traidores, o tal vez con las banderas imperiales. El elegante obrerista, obligado a dar un espaldarazo al potencial cliente para la venta de armas, se levantó y reacomodó de inmediato su sencillo y elegante traje, breve en telas, ajustado para la ocasión: aún le concedió ser él quien lo atendiera, pero no en su esplendor de Presidente de Gobierno (había que conceder que éste era un miembro de la Internacional Socialista, en su capítulo anticomunista). Concedió la foto en su papel de dirigente obrerista, al hijo internacionalsocialista del diputado de derechas del Partido Popular, opositor al suyo: una mezcolanza de situaciones increíbles aún allá, en donde todo es posible.

En el Imperio los Guarimberos de base conocieron las empresas militares de seguridad privada (EMSP), y se emocionaron con la idea de acabar con un gobierno con sólo pagar, así como otros han contratado para controlar las favelas de Rio de Janeiro. Un Presidente atado aquí, unos asambleístas presos por acá, y luego el triunfo imaginado y hecho realidad con la selfie demostrarían que han liberado a su país de una dictadura espantosa, mientras se retratan con el Emperador en una oficina donde todos están sonrientes.

El nuevo Comisionado para el Centro de Gobierno y más allá, se reunió con su nuevo escenario. Será el inspirador de nuevas generaciones de guarimberos, y trabajará en ello mientras busca situarse en su trabajo de negociador de armas para una larga resistencia con visos de terrorismo. Ahora es hijo de padres españoles, y por lo tanto, según la precaria lógica de las bases de Voluntad Popular, es extranjero. Lo que reclaman eternamente a Maduro es la supuesta nacionalidad colombiana que le aportó su mamá, por lo que llegó en un guacal vía caminos verdes (la gente pobre latinoamericana llega en guacales de plátanos por la frontera). El Guarimbero no podría ser Presidente jamás por esa misma lógica delirante de las bases de Voluntad Popular, porque es hijo de españoles, aunque haya llegado cargado por la cigüeña.

El capítulo de los guarimberos de base en el Imperio se desluce entre los robos delivery, aunque siempre en el tono correcto de un gobierno imperial que los apoya con todo el peso de su anticomunismo. En el entramado político del Comisionado del Centro de Gobierno y más allá, luce extraño ser hijo de políticos opositores al gobierno que lo recibe. Guacales y cigüeñas… el oscuro entramado emocional y político de las fronteras ideológicas de Pedro Sánchez en su contradictorio gobierno.

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