La ridiculez de morirse - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / El Clarín / Fue en 1984. Apenas lo supo, corrió a la máquina para burlarse de Julio Cortázar. Escribió que había incurrido en la ridiculez de morirse”.

Gabriel García Márquez disfrazó su dolor de risa. Cortázar había dejado “una obra tal vez inconclusa pero tan bella e indestructible como su recuerdo”. Él, sin embargo, no iba a participar de los lamentos y elegías.

No voy a imitarlo, ahora que es él quien incurrió en ese absurdo.

Alabar su obra es ocioso. Borges, que economizaba tanto los elogios, dijo que Cien años de soledad era “una gran obra de este tiempo y de cualquier tiempo”.

Es torpe insistir en su imaginación. Él no hizo si no obedecer el mandato de Tolstoi: pintó su aldea, cuya realidad era mezcla de hechizos y absurdos.

Quiero dar testimonio de algo que muestra su capacidad de fingir y su venerable generosidad.

El 22 de octubre de 1982, aun en el exilio, yo estaba leyendo el discurso de aceptación que, antes de recibir el premio Nobel, Gabo había pronunciado el día anterior en Suecia. Aquella historia subyugante de la literatura hispanoamericana

 

El “realismo mágico”, explicaba, tiene su origen en los cronistas de India. Y evocaba al florentino que vio “cerdos con el ombligo en el lomo” vagando por la Patagonia junto a “pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho”

Sonó mi teléfono y, al atenderlo, recibí la mentira más grata que me hayan dedicado: “Soy Gabriel García Márquez y estoy llamándote desde Estocolmo. La que me dijo que estabas en Londres y me dio tu teléfono fue Soledad Mendoza. Yo quiero poner los 157.000 dólares del Premio Nobel para hacer, en Colombia, un periódico del cual sólo tengo el nombre: El Otro. Le pregunté a Soledad quién hizo El Diario de Caracas y me dijo que fuiste tú”.

Con Información de El Clarín

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