La OTAN y lo improbable, lo imposible y lo impensable

La OTAN y lo improbable, lo imposible y lo impensable

CumbreLa OTAN y lo improbable, lo imposible y lo impensableLa Alianza sigue siendo la organización militar más poderosa del mundo, pero su permanencia ya no se considera inevitableCompartir ComentarUn miembro del servicio de protocolo coloca banderas de EEUU, en Ankara.HUSSEIN MALLA / APPablo R. SuanzesCorresponsal WashingtonCorresponsal WashingtonSEGUIR AUTORActualizado Miércoles, 8 julio 2026 – 22:40Cumbre Trump amenaza directamente a España: "Es un caso perdido, un aliado terrible, no vamos a hacer más negocios con ellos" En 1890, el mismo año en el que el almirante estadounidense Alfred Thayer Mahan revolucionó el mundo de la naciente geopolítica con The Influence of Sea Power upon History , Arthur Conan Doyle puso en boca de Sherlock Holmes una de las frases más útiles para entender la vida en general y las relaciones internacionales en particular: "Cuando has eliminado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad".En ese año, la visión imperante sostenía que el dominio de los mares era la clave de la hegemonía mundial y por eso las grandes potencias debían construir armadas dominantes, controlar las rutas marítimas y establecer bases para proteger el comercio y proyectar influencia. Un par de lustros después, sin embargo, el británico Halford Mackinder cambió completamente el paradigma con 'The Geographical Pivot of History', afirmando que el centro de gravedad del poder mundial no residía en los océanos, ya no, sino en el corazón continental de Eurasia: "Quien gobierne Europa del Este dominará el Heartland; quien gobierne el Heartland dominará la Isla Mundial; quien gobierne la Isla Mundial dominará el mundo", lo que marcó el siglo.Hoy, cierre de Ormuz mediante, ya no basta con controlar tierra o mar, ni siquiera el aire como los especialistas se cansan de decir viendo lo ocurrido en Irán. Hay que dominar las cadenas logísticas, los cables submarinos, los satélites, las redes digitales, la energía, las materias raras, los semiconductores. Hay una geopolítica de infraestructuras críticas y de drones, como ha demostrado Ucrania, en tiempo récord y condiciones precarias.Durante décadas, la OTAN fue considerada una de las pocas constantes de la política internacional. Superó la Guerra Fría y su abrupto final, sobrevivió a las guerras de los Balcanes, se reinventó tras los atentados del 11 de septiembre con la intervención en Afganistán y pivotó hacia China por primera vez en 2019, en la cumbre de Londres. La Alianza resistió el ego de De Gaulle y las profundas divisiones que provocó la invasión de Irak. Se mantuvo también, a pesar de las serias dudas, en el primer mandato de Trump y la época de la 'muerte cerebral" decretada por Macron.En los círculos estratégicos predominaba la idea de que, pese a las tensiones internas, los desafíos externos y el fin de la bipolaridad, la Alianza era una institución prácticamente indispensable, inmune a los cambios políticos. Ese paradigma ha empezado a resquebrajarse. La creciente rivalidad entre Estados Unidos y China ha desplazado el centro de gravedad hacia el Indo-Pacífico, mientras que el auge de movimientos nacionalistas y populistas, a ambos lados del Atlántico, ha debilitado el consenso imperante desde 1945.El regreso de Trump, desatado, ha reabierto todos los escenarios catastrofistas. Los diplomáticos europeos decían hace ocho años que la situación era muy seria, pero no grave. O grave, pero no seria. Ahora ya no apostarían su sueldo a la continuidad, pese a las contorsiones desesperadas de Mark Rutte. Por primera vez desde su creación en 1949, en cancillerías, cumbres internacionales y los principales foros de Seguridad y Defensa se discuten abiertamente escenarios que hace apenas una década habrían parecido impensables: una reducción drástica del compromiso estadounidense, una alianza a velocidades distintas o incluso una desintegración gradual. La OTAN sigue siendo la organización militar más poderosa del mundo, pero su permanencia ya no se cons

Fuente: El Mundo — Ver nota original

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