La oposición política juega a escenario de segunda vuelta

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La población dominicana ha entrado en un proceso de campaña electoral a destiempo por el control del Estado, justo a dos años de las elecciones, con dos partidos de oposición que buscan avanzar para llegar al 2024 bien posicionados, con posibilidades de triunfo o una estrategia de segunda vuelta, mientras el presidente Luis Abinader enfrenta un momento difícil por los efectos de la crisis global provocada por el covid-19 y la guerra entre Rusia y Ucrania y lucha por no bajar su popularidad y asegurar un buen escenario para la repostulación presidencial.

El oficialismo se ha visto en la necesidad de poner en marcha una estrategia de campaña que no tenía en su agenda, por lo menos para este tramo. ¿Qué lo motivó? Es que, a pesar de las persecuciones judiciales por corrupción a exfuncionarios peledeístas y la merma provocada por los 20 años en el poder, el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se mantiene como fuerza determinante, no ha parado de trabajar y en las comparaciones de las obras de gobierno parece salir bien parado; además, una tercera organización política comienza a dar vida al tripartidismo.

El elemento que ha disparado las alarmas entre los asesores del oficialismo y ha puesto a su líder en las calles en un rol de candidato, es que Fuerza del Pueblo (FP), liderado por el tres veces expresidente Leonel Fernández (8.90% de los votos en 2020), ha marcado distancia del PRM (aliados coyunturales en las pasadas elecciones), experimenta un crecimiento real, escogió al presidente como su contrincante con una estrategia de cuestionamientos continuos a su gestión; el PLD se ha mantenido activo y su líder sale a las calles y que peledeístas y expeledeístas serían capaces de entenderse en función de lo que más convenga. El cuadro político de hoy comienza a mostrar un peligroso escenario de segunda vuelta para el oficialismo.

La estrategia del PLD (37.46% en 2020) le ha funcionado: dejar el poder el 16 de agosto de 2020, salir hacia la casa nacional y comenzar de inmediato el proceso de reestructuración y renovación dirigencial, abrir las inscripciones y juramentaciones de nuevos miembros, poner en marcha la competencia presidencial y quedarse al margen de los procesos judiciales contra exfuncionarios y dirigentes de ese partido, se reflejan en la fortaleza de la organización, que no es el cadáver que se proyectaba para esta fecha; mientras, su presidente, el expresidente Danilo Medina, vuelve a las calles después de dos años de silencio y manejo de su figura política.

El expresidente Leonel Fernández, a quien se le reconoce buen liderazgo y poder de convencimiento como político, sembró lealtades y tiene mucha gente que agradece los favores de 20 años de gobiernos peledeístas (12 de ellos como presidente del país), cerró el 2021 con distancia clara de sus aliados coyunturales en el 2020 y enfrenta al presidente Abinader con fuertes críticas a su gestión en una estrategia muy bien diseñada para recuperar las fuerzas prestadas al oficialismo y tratar de asumir el liderazgo de la oposición, con la mira en el campo y los pobres. Además, grupos del PLD y FP aspiran a una alianza y trabajan en una estrategia de segunda vuelta.

El PRM y el presidente Abinader, que les ha tocado gobernar en medio de una pandemia por el coronavirus que paralizó el país y se ha complicado con la guerra entre Rusia y Ucrania que ha acentuado la crisis mundial, siempre han apostado a la repostulación fundamentado en su popularidad y en los resultados de su gestión de gobierno, de hecho nunca se ha hablado de otra opción, pero la rebelión por empleos, en principio y el avance de la oposición ha obligado al cambio de planes; por eso, a principio de año el PRM lanzó sus principales cuadros a conversar con las bases y realizar una consulta nacional para escuchar la población sobre las acciones del presidente, quien ahora se mueve con una agenda diferente y da señales de campaña por la reelección.

Lo que se observa hoy es que la oposición parece haber sacado al presidente de su estrategia original. En sus disposiciones, durante las inauguraciones y viajes a los pueblos, al entrar en contacto con la gente ya se aprecia al presidente buscar más cercanía y aprobación de futuros electores; pero lo que no debe perder de vista, jamás, es que lo que realmente le puede asegurar la continuidad, son los buenos resultados de las obras y acciones de gobierno que presente un año antes de las elecciones. Su apuesta debe ser que, a través de sus ejecutorias, la gente perciba un cambio real al momento de decidir quién será presidente para el período 2024-2028.

La frase que pronunció el vapuleado expresidente Medina durante un discurso poco después de salir del poder, en la casa nacional del PLD, cito: «Llegará el momento en que la gente va a comparar los gobiernos del PLD», se cumple antes de lo esperado en reuniones cotidianas, entre la gente del campo y los de estratos humildes. Por eso, los estrategas oficialistas comenzaron a dar señales temprano de la necesidad de elevar los ánimos de su fuerza original, de darles motivos a quienes se sentían relegados del gobierno del cambio por el que lucharon, al mover a principio de año sus principales figuras y, por eso, el presidente, el presidente del partido José Ignacio Paliza, la secretaria general y alcaldesa Carolina Mejía, y el hombre de relevo, el exalcalde y ministro de Turismo, David Collado, tienen una agenda de trabajo político electoral en marcha.

Con tres partidos políticos fuertes es poco probable ganar elecciones en primera vuelta, sobre todo, en un país que tiene como requisito constitucional que se debe alcanzar el 50% + 1 voto para ganar, establecido en la reforma constitucional de 1994; no lo logró el histórico líder de masas José Francisco Peña Gómez, con el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), en 1996, porque las fuerzas se repartían entre el PRD (que alcanzó el 45.94% de los votos), el PLD (con 38.93%), el PRSC (14.99%) y las alianzas o el deterioro de uno de los partidos son determinantes para el triunfo. Fernández, del PLD, ganó en segunda vuelta con el apoyo del presidente Joaquín Balaguer y su partido, el PRSC.

Será difícil repetir lo que hizo el PLD en cuatro elecciones corridas (de 2004 a 2016), que desarticuló a la tercera fuerza (PRSC) bajándola a 6% o 5%, incidió en la división del PRD y se alió con lo que quedó (ahora partido de un 5%), y ganó esos procesos con más del 50%; tampoco lo ocurrido en el 2000, que Hipólito Mejía (PRD) fue declarado ganador -en violación a la Constitución- con 49.87% porque Joaquín Balaguer (24.60%) le negó apoyo a Danilo Medina y el PLD (24.94%) para la segunda vuelta, y es poco probable un escenario como el de 2020 dominado por el desgaste del poder y por la división del PLD, cuyo líder –Leonel- se va a las elecciones con un partido nuevo, pero aliado a una minúscula fuerza con categoría de mayoritaria (PRSC) y con una alianza no escrita con el hoy presidente Abinader y el PRM, que ganó en primera vuelta con 52.52%. A dos años de las elecciones eso parece difícil.

La estrategia correcta del PRM es la de reencontrarse con sus cuadros medios y de base en el proceso de elección de autoridades y visitas a los pueblos manteniendo las estructuras partidarias vivas; pero lo más determinante serán las obras y acciones del Gobierno que impidan el crecimiento de una de las dos principales fuerzas políticas de oposición y apalanquen la consigna del cambio, que demuestren un cambio real, para inclinar la balanza al momento de hacer las comparaciones y decidir quién será el próximo presidente del país. Los próximos dos años serán determinantes y el presidente debe pensar más en gobernar, en mostrar resultados, que en apuntalar el candidato, porque un escenario de segunda vuelta puede dificultar la reelección.

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LINK ORIGINAL: El Caribe

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