X: @lecumberry Autor: Leopoldo Martínez Nucete Mi regreso a Venezuela después de veintiún años de exilio no cambió mis convicciones, pero si mi perspectiva. Hace veintiún años, bajo el régimen de Hugo Chávez, salí al exilio por mis convicciones políticas y por mi compromiso con la democracia mientras ejercía como diputado al Congreso de Venezuela. Como millones de venezolanos, me marché con la esperanza de regresar algún día, aunque sin saber cuándo –ni en qué circunstancias– ese momento llegaría. Ese día finalmente llegó. Regresé al amparo de la Ley de Amnistía recientemente aprobada. Volví para abrazar a mi familia, recorrer nuevamente las calles donde se desarrolló la mayor parte de mi vida y reencontrarme con un país profundamente distinto al que tuve que abandonar. Pero también regresé para escuchar. Durante este mes he hablado con dirigentes políticos de diversas tendencias, empresarios, emprendedores, académicos, estudiantes, líderes religiosos, representantes sindicales, organizaciones humanitarias, periodistas y ciudadanos comunes. Escuché mucho más de lo que hablé. Y comprendí que, para entender el momento venezolano, primero había que volver a mirar a Venezuela desde Venezuela. Lo que encontré fue un país profundamente golpeado, pero sorprendentemente resiliente. La inmensa mayoría de los venezolanos vive preocupada por algo tan elemental como llegar a fin de mes. Los salarios siguen siendo insuficientes para cubrir las necesidades básicas. Las pensiones resultan menos que simbólicas. Millones de familias sobreviven gracias al apoyo de familiares en el exterior. Fuera de Caracas, los apagones siguen condicionando la vida cotidiana y limitando la actividad económica. Las instituciones continúan profundamente debilitadas. Aunque la Ley de Amnistía permitió la liberación de numerosos presos políticos, todavía permanecen privados de libertad 382 más que esperan por medidas especiales para abonar a la reconciliación nacional. El Poder Judicial, los cuerpos pol
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