Trump rediseña la lucha antiterrorista: cárteles y pandillas son la nueva amenaza

La nueva estrategia de seguridad nacional del segundo mandato de Donald Trump redefine completamente las prioridades estadounidenses al desplazar el enfoque del yihadismo tradicional hacia las amenazas internas del continente americano. El documento identifica los cárteles de droga y pandillas transnacionales como Mara Salvatrucha y Tren de Aragua como objetivos prioritarios, ya no clasificándolos únicamente como organizaciones criminales sino como grupos terroristas capaces de afectar directamente la seguridad nacional. Esta reconfiguración estratégica sitúa América Latina en el centro de las preocupaciones de defensa de Estados Unidos, marcando un giro sustancial respecto a administraciones anteriores.

Lo más significativo del documento es la conexión que establece entre las amenazas del crimen organizado transnacional y las redes geopolíticas de potencias como Irán. La estrategia vincula explícitamente el caso de Nicolás Maduro con esta arquitectura antiterrorista, presentándolo no solo como un dictador ilegítimo sino como jefe de un cártel aliado de Irán y su brazo terrorista Hizbolá. Al integrar Venezuela en el marco antiterrorista en lugar de solo en políticas antidroga o de sanciones, la Casa Blanca busca justificar operaciones más agresivas bajo la denominación de Operación Resolución Absoluta. Sin embargo, el documento no aclara si la supuesta influencia iraní ha sido erradicada con la actual administración en Caracas.

La Casa Blanca presenta esta estrategia como una reafirmación de la Doctrina Monroe, históricamente utilizada para justificar la intervención estadounidense en el hemisferio occidental. El texto oficial declara que Estados Unidos "reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestro territorio nacional". Trump ha ordenado específicamente combatir los cárteles con "todo el Gobierno", utilizando todos los recursos disponibles para degradar y eliminar su capacidad de afectar la seguridad nacional estadounidense. Esta aproximación integral busca coordinación entre agencias federales de una manera sin precedentes en las últimas décadas.

La nueva estrategia marca una ruptura sustancial con las políticas anteriores al vincular directamente la seguridad fronteriza con la doctrina antiterrorista global de Trump. Al clasificar a los cárteles como terroristas y no solo como criminales, la administración se abre la posibilidad legal de utilizar herramientas militares y de inteligencia tradicionalmente reservadas para operaciones antiterroristas. Esta redefinición de amenazas refleja la preocupación de Trump por los flujos migratorios y el tráfico de drogas en la frontera sur, pero amplía significativamente el alcance de las operaciones estadounidenses en toda la región latinoamericana.

Fuente: ABC Espana — Ver nota original

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