La morada de Gardel y dos Papas - EntornoInteligente
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Dos décadas antes de que Medellín inaugurara su aeropuerto municipal, surcaron por sus aires las alas del primer aeroplano que, por escasos minutos, domó el viento en la capital paisa.

Ocurrió el 26 de enero de 1913, como lo registraron las páginas de EL COLOMBIANO, y quien se encargó de comandar la nave de la entonces inimaginada hazaña fue el norteamericano Geo Schmitt.

La improvisada pista de despegue y aterrizaje del vuelo de Schmitt fue la explanada de la finca La Pradera de Roberto Medina. Allí se concentró una innumerable multitud que presenció a las 11:45 cómo la areonave de único tripulante despegó del suelo y describió en el aire acrobacias nunca antes vistas en la creciente urbe.

Tras sobrevolar los terrenos de Guayabal, Belén, La América y Robledo a unos 500 metros de altura, el piloto se abrió paso hacia Itagüí, de donde regresó al punto de partida en el que aterrizó sin contratiempos al mediodía y fue recibido en medio de vítores.

De los rieles al aire En 1920 se estableció en Colombia la primera aerolínea de vuelos comerciales, denominada Scadta (Sociedad Colombo Alemana de Transportes Aéreos). Con ello se habilitó una ruta desde y hacia Medellín, que requería que los pasajeros se desplazaran por ferrocarril hasta Puerto Berrío, en donde había conexiones aéreas a Barranquilla, central de Scadta. Así lo recopilan Hernán Javier Giraldo y David Alberto Ramírez en el libro Aeropuerto Olaya Herrera, 70 años de historia.

En procura de darle celeridad al transitar aéreo de los medellinenses y de convertir a la capital antioqueña en una escala que conectara los vuelos de largas distancias entre el sur y norte de América, el empresario antioqueño Gonzalo Mejía constituyó una alianza con la empresa Pan American Airways con la que creó en 1930 la sociedad Umca (Urabá Medellín Central Airways Inc.).

A esa empresa el Gobierno Nacional le dio licencia por 15 años para explotar el transporte aéreo de carga y pasajeros, a cambio de que estableciera “campos de aterrizaje donde se considerara conveniente”, de acuerdo con el relato de Giraldo y Ramírez.

Entregado a la tarea de encontrar los predios más propicios para construir el que entonces nombraban de forma genérica como el aeropuerto de Medellín, Mejía recorrió los llanos del norte en Niquía, Bello; visitó el antaño hipódromo de San Fernando, en el occidente; y se decidió finalmente por una explanada del sector de Guayabal, al oriente del río Medellín.

La primera pista Tras la revisión de los suelos por parte de una comisión de expertos, condición ineludible que le puso el Concejo de Medellín a la construcción del aeropuerto, procedió el concepto favorable que a su vez desvirtuó la hipótesis de la inviabilidad de establecer un terminal aéreo en un valle cercado por montañas en todos sus flancos.

“Se construyó entonces la pista. Mejía era partidario de hacerla con una longitud de 2.000 metros, pero tan solo se hicieron 974. Se habilitaron unas instalaciones nada pomposas, pero efectivas, para los trámites usuales de registros de vuelos, abastecimiento de combustible, recepción de despacho de carga y pasajeros”, cuentan Giraldo y Ramírez.

Nació entonces el 5 de julio de 1932. Aun sin su actual nombre, fue referido por la vox populi como el Aeropuerto de Las Playas, en referencia a la hacienda que se encontró allí con antelación, y 29 días después fue bautizado, vía acuerdo municipal, como el Olaya Herrera.

Accidente y congregaciones Tres años después de inaugurado, el Olaya tuvo el 24 de junio de 1935 su más sonado incidente: el choque de dos aviones en el que falleció El Rey del Tango, Carlos Gardel .

“Es importante aclarar que el de Gardel no es un accidente de aviación, sino de aviones en tierra. Se dio una parada de abastecimiento, y luego de que iniciaron las maniobras de despegue, como iban llenos de combustible, no hubo cómo controlar el fuego”, cuenta el antropólogo e integrante de la Academia Antioqueña de Historia Víctor E. Ortíz García.

El antropólogo destaca las visitas de los Papas Juan Pablo II y Francisco, en 1985 y 2017, como los hitos más destacados de la central aeroportuaria.

“La llegada de los Papas son hechos históricos que impactaron dos generaciones. La de Juan Pablo II por convertirse en la primera de un sumo pontífice a Medellín, y la de Francisco por el cambio que representó en la Iglesia”, concluyó Ortíz.

Tras superar una para de su operación comercial entre 1985 y 1988 por la inauguracion del aeropuerto de Rionegro, y convertirse en monumento nacional en 1995, el Olaya encontró su función en la conexión con las regiones, lo que le permite transportar más de un millón de pasajeros al año. Casi 90 años después de inaugurado, se mantiene como el lugar en el que se apostan las personas a deleitarse con el despegue de las aves de metal. La magia del primer vuelo sigue intacta.

LINK ORIGINAL: El Colombiano

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