La mirada extraordinaria de María José Rodríguez - EntornoInteligente
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“El prodigio se encuentra en hacer de lo cotidiano algo extraordinario; y para tan ardua tarea la condición indispensable es la mirada”, dice un texto de una exposición fotográfica en Barcelona, a más de 8.000 kilómetros de Austin (Estados Unidos), donde vive María José Rodríguez. Su mirada cumplió con aquel adagio y definió el rumbo de su vida hace 27 años, cuando apenas tenía tres y se sentaba en una silla de la bolera del Club Campestre de Ibagué a observar cómo esa bola gigante tumbaba los pines. Era feliz ahí. (La capitana del fútbol-tenis en Colombia)

A los siete años, María José decidió dejar de mirar; anhelaba participar de ese juego que la había enamorado. Cada fin de semana aprovechaba la visita de sus padres al club e iba a competir con sus amigos de la infancia, hasta que un día le dijo a don Ramiro Rodríguez y a doña Celmira Ospina: “Hey, yo quiero tomar clases, esto me gusta mucho”. Además, practicaba todos los otros deportes que ofrecía el club y, con mayor intensidad, la segunda actividad que ama: el golf.

“Hice giras nacionales jugando golf y creo que me hubiera podido ir muy bien. Sin embargo, a los 14 años, cuando también comenzaba a destacarme en los bolos, me di cuenta de que no podía seguir con dos deportes a la vez, era imposible en el alto rendimiento”, le contó a El Espectador . La emotividad de la pequeña que se sentaba a mirar jugar bolos se adueñó de la adolescente. Y ella analizó, y sonrió, y decidió seguir el sendero de la bola agujerada. Y no se equivocó.

Tras graduarse del colegio La Presentación de Ibagué, su amiga Martha Pérez le habló de la oportunidad de irse a estudiar y jugar en Estados Unidos. “Yo le conté a la coach (entrenadora) de usted, le mostré sus videos y le manda a preguntar que si quiere venir”, le dijo Martha a María José. La duda no fue una opción. Arregló los papeles, presentó los exámenes correspondientes y se fue becada a hacer las carreras de marketing y administración de empresas. Se graduó en 2011 y luego hizo una maestría en finanzas y contaduría.

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“Después me vine a vivir a Austin (Texas). Aquí tenía una amiga de la selección y me mudé con un amigo de toda la vida. Debíamos buscar trabajo y esta nos parecía una ciudad chévere en todos los aspectos”, relató la mujer que, mientras esperaba que reabrieran el Tour de la Asociación de Mujeres Profesionales de Bolos (PWBA, por sus siglas en inglés), jugaba en Colombia y trabajaba en Estados Unidos haciendo el mercadeo, la contaduría y otras actividades para una compañía que manejaba los recursos humanos de otras. “Yo era la todera en una de esas empresas pequeñas en las que te toca trabajar 24/7 en lo que sea”.

En 2015 volvió a competir en el PWBA, el tour de bolos más importante del mundo, el cual está compuesto de una serie de torneos que se celebran en Estados Unidos y en los que participan solo las mejores. Desde ese año, Rodríguez solo se dedica a jugar, a entrenar con disciplina, a intentar mejorar sus promedios y, sobre todo, a buscar nuevos triunfos para Colombia. Es lo que más feliz la hace. Eso fue lo que demostró en el reciente Campeonato Mundial Femenino, realizado en el South Point Bowling Plaza de Las Vegas, donde fue la jugadora más destacada.

“Todas llegamos en excelente disposición. Nos respetamos las unas a las otras, porque hacemos nuestra preparación por aparte y en el tour nos enfrentamos a lo largo del año. Simplemente nos reunimos un par de veces para jugar por Colombia; entonces es clave la madurez. Además, llegamos bien física y mentalmente. Todo lo bueno se conectó”, le manifestó a este diario María José, quien se colgó la medalla de oro en la modalidad por equipos, junto con Rocío Restrepo, Angie Ramírez, Clara Juliana Guerrero, Laura Playas y Juliana Franco. “¡Pucha! Ganamos en equipos. Eso es impresionante”.

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Rodríguez, también oro en la categoría todo evento, volverá a Colombia en noviembre para disputar los Juegos Nacionales. Por ahora, en su cabeza visualiza una presea dorada en unos Juegos Panamericanos y más en futuros mundiales, aunque “lo de este es difícil volverlo a repetir”. Buscará nuevas victorias en el prestigioso PWBA Tour y seguir siendo feliz en Austin, donde reside con su prometido, Nathan Bohr, que también juega bolos.

Los pensamientos de María José transcurren mientras se recupera de una fractura que sufrió un día después de finalizado el Mundial. Abrió el baúl de su automóvil y una bola de bolos le cayó en el pie derecho, causándole la lesión en un dedo. Todavía no puede caminar bien. Serán seis semanas en las que deberá utilizar únicamente calzado de suela dura, en las que no podrá jugar golf, pero sí ir a la piscina y visitar cervecerías con sus amigos, actividades que le gusta y realiza con responsabilidad. Habrá que esperar para que su mirada se vuelva a enfocar en hacer de lo cotidiano algo extraordinario.

@SebasArenas10

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Sebastián Arenas

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