La evolución de los mecanismos de control en Venezuela ha trascendido la censura tradicional analógica hacia formas mucho más sofisticadas y peligrosas. El filósofo Byung-Chul Han acuñó el término "infocracia" para describir un ecosistema donde el poder no necesita recurrir a la fuerza física, sino que utiliza la información, los algoritmos y el procesamiento masivo de datos para fragmentar el debate público y someter la voluntad ciudadana. En esta nueva era, la dominación se ejerce a través de la saturación deliberada de ruido informativo, desinformación y datos irrelevantes que vuelven invisible la verdad. Para periodistas y docentes que trabajan en Venezuela, esta no es una teoría académica distante, sino la realidad cotidiana que moldea la crisis institucional del país día a día.
Venezuela representa un caso de estudio único en la región latinoamericana, donde coexisten simultáneamente dos fuerzas destructivas para la verdad: el autoritarismo analógico tradicional con el cierre sistemático de emisoras, la persecución de periodistas y el bloqueo de portales informativos, combinado con las dinámicas más perversas de la infocracia global. Ante el desmantelamiento de los canales de comunicación convencionales, la ciudadanía venezolana migró hacia las redes sociales y plataformas de mensajería instantánea buscando acceso a información. Sin embargo, en este ecosistema digital, la verdad enfrenta una competencia completamente desigual contra laboratorios de desinformación programada que inundan el espacio con narrativas polarizantes y ejércitos de bots diseñados específicamente para manipular los algoritmos de las plataformas.
Esta realidad se materializa en fenómenos concretos que afectan la vida diaria de los venezolanos. La propaganda automatizada utiliza avatares e influencers creados con Inteligencia Artificial para posicionar matrices de opinión falsas que simulan una normalidad inexistente. El panóptico digital despliega campañas de persecución y hostigamiento en redes sociales que vigilan constantemente la opinión ciudadana, convirtiendo al teléfono celular en un potencial agente delator que infunde miedo a expresarse libremente. Paralelamente, la apatia por saturación se produce cuando el ciudadano es bombardeado con tanta información contradictoria que termina desistiendo de buscar la verdad.
Esta combinación de censura tradicional e infocracia representa una amenaza sin precedentes para la democracia y la libertad de expresión en Venezuela. A diferencia de la antigua teoría de la aguja hipodérmica donde los mensajes moldaban directamente la conducta, el nuevo autoritarismo opera de manera fragmentada, sofisticada e invisible. El desafío actual para los comunicadores y educadores venezolanos radica en reconocer estos mecanismos de manipulación y desarrollar herramientas de pensamiento crítico que permitan a la ciudadanía navegar este laberinto informativo donde la verdad ha sido casi completamente invisibilizada por el ruido estratégicamente generado.
Fuente: La Patilla — Ver nota original