La imbecilidad: Política de Estado del madurismo - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / El Nacional / 02 de mayo de 2017 12:35 AM | Actualizado el 02 de mayo de 2017 06:02 AM El diccionario de la Real Academia indica que la imbecilidad es una forma de insuficiencia mental que impide vivir de un modo autónomo. Algunas definiciones más generosas pero que encierran toda una verdad dicen, que la imbecilidad es la propiedad de algunos cerebros de no dejarse “contaminar por ninguna idea”.

Marco Aurelio Denegri, es un intelectual, periodista y conductor de televisión peruano, que se destaca por sus trabajos en el campo de la sexología, pero también aborda la crítica literaria y la lingüística, particularmente la gramática y la lexicografía. En una de sus versiones en su programa televisivo el entrevistado de turno le preguntó cuál era la enfermedad según su opinión, más grave del mundo y la que generaba más muertes y desgracias. Su respuesta tajante fue, “la imbecilidad porque es la única pandemia que no está  en registros de la Organización Mundial de la Salud, y es la enfermedad que mata más que el cáncer, y que cualquier otra que se nos pueda ocurrir”

Sobre este tema abunda material, como el de Francisco Guerrero quien escribió “El Imperio de los imbéciles en las organizaciones”, en el que afirma : “Cuando hay alguien inteligente, inmediatamente es detectado por los individuos imbéciles y toda una inmensa masa cae sobre él despiadadamente hasta destruirlo. Para ello, emplean todos los medios a su alcance, aunque sean laberínticos, con tal de lograr su objetivo. Es que los individuos imbéciles atacan con el mismo odio a la ciencia con la que Newton la defendía. Las personas inteligentes constituyen un estorbo para sus fines malévolos; por eso, los atacan sin piedad y con sadismo. Las personas imbéciles pasan la mayor parte de su tiempo pensando cómo hacer daño a las personas no imbéciles, obstaculizando el desarrollo normal de las actividades. Aquí radica la importancia de estudiar la imbecilidad, en la búsqueda de caminos que permitan identificar a los individuos imbéciles y, a su vez, conocer su verdadera naturaleza para estar en capacidad de enfrentarlos”.

Aaron James, doctor en filosofía por la Universidad de Harvard y profesor de la Universidad de California, Irvine, publicó un ensayo, “Idiotas: una teoría sobre Donald Trump”, en el que busca desentrañar y sistematizar las características más notorias del “político imbécil”, aplicables a muchos otros de la escena mundial. James parte de una hipótesis: “En mi opinión no existe un Trump “real’. Lo que sugiero aquí es una modesta teoría sobre su persona: es a la vez un hombre espectáculo, un maestro del menosprecio, un payaso bobo sin ninguna consideración cívica, sexista, racista, xenófobo, aquejado de ignorancia selectiva, autoritario, demagogo, una amenaza para la república y un imbécil”. Según James, un político imbécil es el tipo que se arroga de manera sistemática una serie de ventajas en las relaciones personales, totalmente convencido, de que aun cuando no tenga la razón, se cree con el derecho de insultar, pero no acepta ser insultado. Existe otro rango en el “político imbécil” de acuerdo a James y es aquel que “es proclive a incitar a la violencia y al odio”

En estos tiempos difíciles que enfrentamos los venezolanos, con un régimen cuyos actores se identifican con las características anteriormente indicadas, nos preguntamos. ¿Hasta dónde podemos llegar,  y hasta cuando podemos soportar a quienes desprecian el dolor y el sufrimiento de sus congéneres? Nos llena de esperanza ver en calles y avenidas de todo el país a hombres, mujeres y hasta personas de la tercera edad, marchando con pie firme en demanda de sus conculcados derechos y del ansiado cambio que haga posible retornar a la otrora Venezuela gratificante, hermosa y próspera, en todo el más amplio sentido de la palabra. Una multitudinaria presencia de miles de personas que perdieron el miedo a la salvaje represión de los cuerpos policiales y Guardia Nacional, presentes en los escenarios en los que hacen vida común con los llamados colectivos, que no son otra cosa que sicarios políticos a la orden de este oprobioso régimen socialista, marxista, comunista y mal llamado bolivariano.

Sabemos que para alcanzar la reconquista de la ansiada democracia, es menester procurar por todos los medios, que no se acallen nuestras voces y nada más propicio que ganar la calle, para dar al traste con el debate yermo que ha generado hoy por hoy mayor angustia y desazón en una población en estado de postración económica y social, por la carencia de alimentos, medicinas, y un estado de indefensión ante la galopante inseguridad que cobra miles de vidas año tras año. La ONG Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) indicó que el país registró 28.479 asesinatos durante el año 2016, cifra que supera los 27.875 casos que anunció en 2015 la cual arroja una tasa de 91,8 homicidios por cada 100.000 habitantes.

Estamos en presencia, no cabe duda, de un régimen forajido en el que las reglas del juego democrático no tienen validez, pese a que en sus monsergas discursivas Maduro, y sus capitostes del gabinete (¿) y del partido oficialista subrayan el término de la “democracia participativa” en su pretensión de engolosinar a cándidos seguidores que aún creen en sus mensajes populistas y demagógicos. El poder los ha obnubilado y en su vana intención de acallar los gritos de millones de venezolanos que demandan su renuncia, no se cansan de violar la Constitución Nacional, la misma con la que el difunto Comandante galáctico presumía, y calificaba  como  la mejor del mundo, pese a que despectivamente la denominó “La Bicha”.

El país nacional vive tiempos extremadamente difíciles, y las instituciones que deben apegarse a la Constitución y las Leyes, por sumisión al poder ejecutivo le dan la espalda al pueblo al que obligan a vivir en un estado de zozobra e incertidumbre, obligándolo en consecuencia a ejercer su derecho contemplado en el Artículo 350 de la Carta Magna: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos”.

Quienes detentan el poder denominan al gobierno como bolivariano, y el pensamiento y obra del Libertador Simón Bolívar, no se pude comparar con la de Chávez y ahora Maduro, porque es una falta de respeto a su memoria. El Libertador, el único que tenemos los venezolanos,  debe estar revolviéndose en su tumba en Panteón Nacional,  ante tanta ignominia, porque en su nombre han hundido a la nación en un estado lastimero jamás imaginado.

La imbecilidad: Política de Estado del madurismo

Con Información de El Nacional

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