X: @stalin_gonzalez Cada 24 de julio Venezuela recuerda el nacimiento de Simón Bolívar. Un día después, Caracas celebra un nuevo aniversario de su fundación. Fue esta ciudad la que vio nacer al Libertador y acompañó los primeros pasos de una generación que transformó para siempre el destino de nuestra América. Entre sus calles germinaron las ideas que cruzaron montañas, derrotaron a un imperio y sembraron la libertad en buena parte del continente. Pero el legado de Bolívar no pertenece únicamente a los libros de historia. También habita en el carácter de los venezolanos. Vive en la capacidad de tender la mano cuando otro la necesita, en la certeza de que ninguna dificultad es más grande que la solidaridad y en la convicción de que, incluso en los momentos más oscuros, siempre existe una razón para seguir adelante. Los terremotos del mes pasado volvieron a recordárnoslo. En medio de la tragedia, Venezuela respondió como tantas veces lo ha hecho a lo largo de su historia: con entereza, generosidad y una extraordinaria capacidad para organizarse cuando más se necesitaba. Los primeros en llegar fueron venezolanos comunes. Vecinos que removieron escombros con sus propias manos. Jóvenes que improvisaron centros de acopio. Médicos, rescatistas, voluntarios, organizaciones sociales y miles de ciudadanos que decidieron dedicar su tiempo a acompañar a quienes atravesaban las horas más difíciles de sus vidas. Gracias a esa inmensa cadena de solidaridad, muchas familias encontraron alimentos, abrigo, medicamentos y, sobre todo, la certeza de que no estaban solas. Ese comportamiento dice mucho más de nosotros que cualquier discurso: habla de la nación que somos. Durante años Venezuela ha enfrentado crisis económicas, sociales e institucionales que han dejado profundas heridas en nuestras familias. Sin embargo, frente al dolor colectivo volvió a imponerse lo mejor del país. Allí donde apareció la tragedia, surgieron también la empatía, la organización y el compromiso de miles de
Fuente: Tal Cual — Ver nota original