La gran lección, por Morel Rodríguez Ávila - EntornoInteligente

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Se dice que el pueblo es sabio y nunca se equivoca. También se afirma que en política cinco y dos no siempre suman siete. Lo cierto es que, en esta oportunidad, todo estaba advertido y nada oscuro, por el contrario, claro. Había que votar.

Era un deber. Una obligación con el país, debilitada como está la democracia, sufrida la nación y su gente sumida en la peor crisis de su historia.

Votar significaba debilitar al gobierno. Mostraba fortaleza, unidad, decisión, el justo reclamo a la decidía, a la irresponsabilidad, a la pésima gestión. Tenía un claro propósito, desplazarlo de las alcaldías, puntales de toda comunidad para la solución de sus problemas, para el emprendimiento de planes y programas de beneficio real y colectivo, para que cesasen de ser simples casas del partido rojo para ayudar sólo a los rojos, en fin, para regresarlas a lo que antes eran, lugares donde el pueblo era la autoridad y los alcaldes hacían lo que les demandaba el pueblo.

Pero hubo quien creyó que absteniéndose dañaba al gobierno. Olvidó que el voto es instrumento de cambio, y llamó a no votar. Le dijo a la masa que no estaban dadas las condiciones para sufragar, como si nadie supiese que existe un CNE que incumple la ley, que hace lo que el gobierno quiere que haga y sus rectoras esconden el carnet del Psuv; como si nadie supiese que el gobierno utiliza a su favor todos los recursos públicos y poco le importa llevarse por delante la legislación electoral y la propia constitución de la república.

Pero eso es lo que hay y contra eso hay que luchar sin que ello implique dejar de votar porque, abstenerse, es entregarse, es rendirse, es capitular. Y la culpa de que todavía exista un CNE tramposo no es del pueblo sino del liderazgo que, cuando tenía que hacer lo imposible legalmente hablando para renovar su directorio no lo hizo.

Además, estoy de acuerdo con lo que Claudio Fermín argumenta en defensa del voto y condenando la abstención. Muchos partidos pidieron no votar porque sus votos eran muy pero muy pocos y a la hora del registro se les conocería, conveniencia que los favorecía, pero dañaba de manera terrible a la mayoría demócrata que sí quería sufragar, porque el llamado hizo mella y los resultados ya los conocemos.

Ahora, a trabajar con nuevos ánimos, con mayor disposición, visión más clara para encontrar otra vez el camino y marchar, sin dilaciones, hacia el encuentro de lo anhelado, un cambio de gobierno que, por la vía del voto, la mejor, nos brinde la oportunidad de ser otra vez libres en un país otra vez rico, donde haya alimentos, medicinas, paz, trabajo, progreso, desarrollo, solidaridad, fraternidad.

La del 10-D fue una gran lección, que no debemos olvidar.

Hay que entender lo que nos manifestó con su silencio. Una manera muy directa de decirle al liderazgo político que Venezuela no es propiedad de uno, dos o tres partidos, y que los líderes que aun creen que por serlo tienen el derecho a decir y hacer lo que quieran que el pueblo haga están de plano equivocados.

Estos son errores, muy graves, que el pueblo jamás perdona.

La gran lección, por Morel Rodríguez Ávila

Con Información de NotiEspartano

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