La deuda de alto voltaje de EE UU pone rumbo a su peor año desde 2008

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En tiempos de volatilidad la liquidez empieza a escasear. Uno de los mercados más afectados es el de la deuda, especialmente en el caso de los bonos de alto rendimiento. Con los bancos centrales decididos a combatir la inflación, las subidas de tipos han dejado de ser una probabilidad para convertirse en una realidad y la Reserva Federal de EE UU es el que mejor lo ilustra. Después de que en marzo la institución que preside Jerome Powell pusiera fin a la era de tipos cero, en mayo elevó las tasas en 50 puntos básicos, un movimiento que prevé repetir en las dos próximas reuniones. El endurecimiento del lenguaje por parte de la Fed no queda ahí. En su última comparecencia Powell remarcó que seguirá subiendo las tasas hasta que la inflación baje a unos niveles moderados, sin importar que durante el proceso se superen los niveles de neutralidad.

Los inversores no han tardado en reaccionar. La deuda high yield, que desde comienzos de año se ha visto penalizada por el alza de las rentabilidades al calor de las expectativas de normalización monetaria, ha acelerado los descensos y se encamina a cerrar su quinto mes consecutivo con pérdidas, récord hasta la fecha. Cuatro meses a la baja era hasta el momento el peor balance.

En lo que va de año el índice de Bloomberg de deuda high yield corporativa estadounidense retrocede un 11%, unas pérdidas solo superadas en marzo de 2020 (-20,78%), coincidiendo con el estallido de la pandemia. A pesar del temor que acompañó al arranque de los confinamientos, las medidas puestas en marcha por los bancos centrales ayudaron a compensar entonces el desplome. Ahora el escenario es muy diferente y con unas pérdidas del 11% en lo que va de año, la deuda corporativa de alto voltaje pone rumbo a su peor ejercicio desde 2008. Hace 14 años, ante la crisis financiera desatada por la quiebra de Lehman Brothers los bonos basura retrocedieron un 26,2%.

Además de la caída que registra el índice de deuda de alto rendimiento, en las últimas semanas los seguros de impago de las compañías con baja calificación crediticia se han disparado por encima de los 500 puntos básicos, máximos de 24 meses. Hasta la crisis del Covid-19 –los CDS se dispararon por encima de los 800 puntos básicos– los mayores costes de asegurar los bonos high yield en caso de impago se habían registrado a finales de 2015, coincidiendo con el endurecimiento de la política monetaria. A finales de ese año, Janet Yellen puso fin a nueve ejercicios consecutivos de tipos cero ante las dudas sobre la evolución de la economía.

Pero la incertidumbre no queda ahí. A la elevada inflación y la subida de tipos se suman los temores de recesión, unas alertas que se han visto amplificadas por la guerra en Ucrania. UBS considera que, si la Fed opta por elevar los tipos por encima del 3% el próximo año, la deuda con calificación más baja es la más vulnerable. «Seguimos opinando que el banco central de EE UU no puede aumentar la tasa a la horquilla del 3,25%-3,5%», señala la firma en declaraciones a Bloomberg.

Recorte del volumen de emisión Mientras en el mercado secundario el aumento de las rentabilidades se traduce en pérdidas, en el primario la expectativa de subida de tipos y la volatilidad que impera en el mercado están provocando una caída del volumen de emisiones. Solo la pasada semana el importe de deuda high yield colocado alcanzó los 1.020 millones de dólares (unos 955,45 millones de euros), un 20,9% menos que la semana precedente. En lo que va de 2022 el importe de deuda de alto rendimiento vendida alcanza los 62.800 millones de dólares (58.819 millones de euros), a gran distancia de los 262.100 millones vendidos en el mismo periodo de 2021. Junto a un menor volumen de deuda emitida, el alza de las primas de emisión ha sido la tendencia imperante.

LINK ORIGINAL: Cinco Dias

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