La izquierda española debe comprender por qué los venezolanos rechazan regímenes autoritarios

La reciente visita de María Corina Machado a España ha desatado comentarios despectivos contra los venezolanos, expresados incluso por sectores de izquierda que debería reconocer sus luchas democráticas. Expresiones como "qué pesados los venezolanos" reflejan un desconocimiento profundo sobre las experiencias vitales de quienes han huido de dictaduras, independientemente de sus afinidades ideológicas actuales. Esta xenofobia disfrazada de crítica política es particularmente preocupante cuando viene de sectores que deberían estar comprometidos con la defensa de los derechos humanos y la democracia.

La mayoría de venezolanos, cubanos y nicaragüenses que viven en el extranjero simpatizan con partidos de derecha porque estos condenan los regímenes autoritarios de los que escaparon. No es casualidad que miles de inmigrantes latinoamericanos rechacen una izquierda que ha fracasado en reconocer que sectores del progresismo regional tienen un perfil inherentemente autoritario. El columnista de izquierda que calificó a los venezolanos como "gusanera fascista" y "escoria desagradecida" fue censurado por la Federación de Periodistas de España, confirmando que tales insultos violan normas deontológicas básicas.

Es fundamental entender que Nicaragua, Cuba y Venezuela han cometido graves violaciones a los derechos humanos, cercenando democracias frágiles para instaurar dictaduras de facto equiparables a las dictaduras de derecha del siglo pasado promovidas por Estados Unidos. La cuestión central no es ideología, sino la distinción fundamental entre democracia y autoritarismo, entre libertad y represión. Tanto la izquierda como la derecha pueden gobernar tiránicamente, y ambas formas merecen condenación sin ambigüedades.

El desafío para la izquierda española es reconocer que puede discrepar ideológicamente con los venezolanos sin atacarlos xenófobamente, y comprender las razones profundas por las cuales muchos de ellos se inclinan hacia opciones políticas conservadoras. Aunque la derecha aprovecha políticamente la crítica a las dictaduras de izquierda para sus propios intereses, ello no invalida la legitimidad del rechazo popular a la represión y la falta de libertades. Solo cuando la izquierda asuma completamente que las dictaduras son condenables sin importar su origen ideológico, podrá construir puentes auténticos con comunidades que huyen del autoritarismo.

Fuente: Efecto Cocuyo — Ver nota original

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