La violencia basada en género en Venezuela se ha intensificado significativamente como consecuencia directa de la crisis humanitaria que afecta al país desde 2015. Un estudio cualitativo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) publicado en 2025 presenta un diagnóstico detallado de esta problemática en once estados venezolanos. El informe "Necesidades y riesgos de violencia basada en género en el marco de la crisis multifactorial que atraviesa Venezuela" consultó a 234 personas, en su mayoría mujeres sobrevivientes de violencia o pertenecientes a grupos vulnerables.
La precariedad económica, la migración masiva y el colapso de servicios básicos han profundizado las desigualdades de género que ya existían en Venezuela. La inseguridad alimentaria continúa siendo una preocupación central: aunque mejoró la disponibilidad de alimentos respecto a 2018-2020, el poder adquisitivo de las familias sigue siendo insuficiente para cubrir sus necesidades nutricionales. Muchas mujeres sacrifican sus propias raciones para alimentar a sus hijos, generando estrés crónico y malnutrición que afecta su salud integral.
El colapso de los servicios de salud obliga a las familias a comprar medicamentos e insumos en el sector privado, postergando tratamientos vitales y controles de salud sexual y reproductiva. La intermitencia de agua, electricidad y gas aumenta exponencialmente la carga de cuidados que recae principalmente sobre las mujeres. En el mercado laboral, caracterizado por la informalidad y bajos ingresos, las venezolanas enfrentan una triple jornada: trabajo remunerado informal, labores domésticas no remuneradas y cuidados familiares.
Las formas más comunes de violencia siguen siendo la psicológica, física y sexual dentro de la pareja o el ámbito familiar, manifestadas en control, humillaciones, golpes y violaciones maritales. Sin embargo, han surgido nuevas modalidades vinculadas directamente a la crisis: explotación sexual, sexo por supervivencia, trata de personas, violencia digital y un aumento alarmante de femicidios. Los principales desencadenantes identificados son las tensiones económicas, el consumo de alcohol y drogas, y los celos, siendo las parejas y exparejas los agresores más frecuentes, aunque también participan familiares, vecinos y actores no estatales en zonas fronterizas.