La comunidad venezolana en Madrid envía ayuda y vive la tragedia desde la impotencia de la distancia: “Perdí una prima, le cayó una pared encima. Ayer la enterraron mis tíos”

La comunidad venezolana en Madrid envía ayuda y vive la tragedia desde la impotencia de la distancia: “Perdí una prima, le cayó una pared encima. Ayer la enterraron mis tíos”

Testigo DirectoLa comunidad venezolana en Madrid envía ayuda y vive la tragedia desde la impotencia de la distancia: "Perdí una prima, le cayó una pared encima. Ayer la enterraron mis tíos"En toda la Comunidad de Madrid se movilizan este fin de semana 500 voluntarios para recoger en 45 puntos suministros ante la tragedia por el doble terremotoCompartir 7 comentariosIniciativa benéfica de ayuda humanitaria para Venezuela, en el centro comercial Sambil de Leganés, este sábado.JAVIER BARBANCHOValeria Santos Dávila MadridMadridActualizado Sábado, 27 junio 2026 – 15:13Tragedia Saqueos en la zona cero de los terremotos de Venezuela: entre la desesperación y la delincuencia Tragedia Estados Unidos, al rescate de la golpeada Venezuela de Delcy "Se necesitan cajas". "Si tienen algún conocido de camino, por favor comuniquen que necesitamos cajas". "Ropa por esta fila y medicamentos por acá". Son algunas de las indicaciones que se escuchan en el centro comercial Sambil Madrid, uno de los 45 puntos de encuentro en la Comunidad de Madrid donde este fin de semana se recolecta ayuda humanitaria para enviarla lo más pronto posible a las zonas afectadas por el doble terremoto que ha azotado Venezuela.A las 18:04 hora local del miércoles, el suelo comenzó a temblar en gran parte de Venezuela, sobre todo en la ya llamada zona cero de la catástrofe, La Guaira, las paredes de los edificios se movían y los techos de muchos se desplomaron. "Creo que todavía no sabemos exactamente la magnitud de lo que ha pasado, es una tragedia enorme sin comparación con nada de lo que ha pasado en los últimos 50 años en Venezuela", lamenta afligida la actriz y periodista venezolana Eloísa Maturén, que coordina uno de los puntos de encuentro que este sábado reciben a muchos ciudadanos dispuestos a ayudar como pueden.Hasta el centro comercial Sambil Madrid -propiedad del grupo venezolano Constructora Sambil-, llegan desde primera hora de la mañana una persona tras otra, de todas las edades. La mayoría son venezolanos residentes en España. Algunos con las miradas más cansadas y actitudes compungidas que otros, pero todos con el mismo sentimiento: el deseo de ayudar desde la distancia para aliviar el dolor que les une por su patria.Una multitud se acerca a dejar productos de primera necesidad para los afectados del doble terremoto.J. BARBANCHO"Ahora lo más que necesitamos es un trabajo constante para la reconstrucción de un país que está tan tan decaído y tan en ruinas", dice Laura Sánchez, también coordinadora del encuentro en Sambil Madrid."Teníamos 100 voluntarios, 50 para el turno de la mañana y 50 para el de la tarde, pero la gente se ha organizado por todo Madrid y tenemos más de 45 centros de acopio", explica Maturén, una de las coordinadoras del evento. "Teníamos 50 voluntarios organizados y en dos horas pasamos a tener 500", completa Camila Colmenares, coordinadora del voluntariado. La respuesta de la solidaridad ha superado todas las expectativas.Desde las 10 de la mañana, no se ha detenido la llegada de bolsas, maletines y cajas abarrotadas de suministros: alimentos no perecederos, medicamentos, leche infantil, productos de higiene, pilas y mantas.Cada entrega viene acompañada de un abrazo, y de una o varias lágrimas que trastocan las emociones de quienes reciben los productos y de quienes los entregan.El dolor en la distanciaPara muchos de los presentes, la tragedia tiene nombres y apellidos. "Perdí una prima, le cayó una pared encima y perdió un brazo. Ayer la enterraron mis tíos", relata a EL MUNDO Gladys Díaz, caraqueña que lleva 10 años residiendo en la capital española. El drama de esta venezolana no termina ahí: "Tengo muchos amigos que todavía no aparecen", confiesa con preocupación.Díaz describe el desasosiego de las primeras horas tras los seísmos. "Mi cuñada y mis sobrinos durmieron en la calle", relata, detallando cómo el pánico se apoderó de sus seres queridos. "A toda mi familia que está allá les tocó dormir en la calle por miedo a entrar a que

Fuente: El Mundo — Ver nota original

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