La ciencia de la risa - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Vanguardia / México, DF.- Todos hemos escuchado alguna vez a alguien contar un mal chiste. O uno que nos parece demasiado simple. ¿Cuál es el colmo de un sordo? Que al morir le dediquen un minuto de silencio.

También ocurre lo contrario: que la gente ría a carcajadas aunque no haya ninguna situación hilarante.

Incluso si usted no se ríe ni con los buenos chistes no se considere un aguafiestas: la ciencia, que es cosa muy seria, ha encontrado explicaciones para ello. Además de ser una reacción fisiológica, la risa es fundamentalmente un elemento de cohesión, un “pegamento” que promueve la formación de lazos sociales.

Nos reímos más no ante las situaciones o frases graciosas que abundan en el discurso de los comediantes —o de algunos políticos— sino cuando convivimos con otras personas de manera cercana, en un ambiente familiar. Así, no es extraño que con frecuencia resulte difícil encontrar “el chiste” en una broma procedente de otras culturas.

El estudio de la risa también puede aportar claves importantes sobre nuestra conducta e interacción social e incluso sobre el origen y evolución de la capacidad humana de hablar. Esta es la audaz tesis que propone el psicólogo y neurocientífico Robert H. Provine, de la Universidad de Maryland (EU).

“Preguntas muy difíciles sobre el comportamiento humano y el funcionamiento del cerebro pueden responderse mejor si resolvemos problemas más simples asociados con la risa. Por ejemplo, es más fácil comprender cómo se produce y percibe un ‘ja-ja-ja’ que un discurso complejo”, explica Provine.

El académico, autor del libro “La risa, una investigación científica” (Laughter, a scientific investigation, publicado por Penguin Books en 2000) postula que esta reacción fisiológica es literalmente el sonido del juego, que se derivó de los patrones de respiración de nuestros ancestros primates, con la diferencia de que podemos controlar su ritmo.

Bajo control

“Como el habla, la risa evolucionó para cambiar el comportamiento de otras personas: Al reírnos, lanzamos la señal de que deseamos incluir a alguien en nuestro juego, no atacarlo”, comenta vía electrónica el doctor Provine, quien participó como ponente en el festival La Ciudad de las Ideas, que se realizó en Puebla del 7 al 9 de noviembre.

Con esta idea coinciden los investigadores Matthew Gervais y David Sloan, de la Universidad Estatal de Nueva York, quienes han rastreado los orígenes evolutivos de la risa, la cual —proponen— habría surgido a partir de los juegos de nuestros ancestros primates hace unos cuatro millones de años.

Sin embargo, hace unos dos millones de años algunos homínidos adquirieron la capacidad de controlar en forma voluntaria los sistemas motrices faciales, con lo cual la risa adoptó funciones como enfatizar una conversación o transmitir sentimientos o ideas, según reportaron los autores en un artículo del Quarterly Review of Biology.

“Los humanos actualmente podemos controlar a voluntad la risa y utilizarla para nuestros propósitos, como suavizar el tono de una conversación, apaciguar o convencer a otros, o incluso reírnos descaradamente de la gente que no nos gusta”, escriben en su artículo “The evolution and functions of laughter and humor”.

Para ambos, la risa derivó en dos tipos principales: la del humor y la que funciona como “lubricante” de las relaciones sociales.

Al respecto, Robert Provine apunta: “Distingo la antigua vocalización primate de la risa provocada por el humor, que es uno de sus detonantes cognitivos y lingüísticos de más reciente aparición”.

Esta diferencia ha sido corroborada por los estudios de Dirk Wildgruber y sus colegas, de la Universidad de Tubingen (Alemania) quienes hallaron que durante la risa son activados distintos circuitos cerebrales involucrados en su percepción. Esto depende de si fue provocada por contacto físico (cosquillas), mofa o júbilo.

Diferentes circuitos cerebrales

Los neurocientíficos encontraron —con el apoyo de escáneres de visualización cerebral— que las regiones que procesan información social más compleja fueron activadas mientras los voluntarios escuchaban una risa burlona o de alegría, pero no cuando oían una producida por cosquilleo.

“Los patrones específicos de conectividad cerebral durante la percepción de diferentes tipos de risa probablemente reflejan una modulación de nuestros mecanismos de atención y procesamiento de las fuentes de información”, argumenta Wildgruber.

Provine por su parte señala que el estudio de la risa explica por qué los humanos podemos hablar y los otros primates no. “Todo es cuestión del control de la respiración. Nosotros reímos mientras hablamos, al entrecortar las exhalaciones, mientras nuestros ancestros sólo consiguen una vocalización en cada respiro”.

“Sólo los seres humanos podemos cortar una exhalación para generar un ja-ja-ja. La risa de otros primates —y quizás la de otros mamíferos, que también poseen esta habilidad— sólo tiene un sonido por cada ciclo de respiración”, reitera el autor del libro Comportamiento curioso, bostezo, risa, hipo y más.

Provine ha realizado estudios de campo y grabaciones a mil 200 personas en un ambiente no artificial —banquetas, fiestas, centros comerciales— pues está convencido de que la risa, al ser un fenómeno social, no puede estudiarse adecuadamente con personas confinadas dentro de un laboratorio (lo cual ya intentó).

Además, según el académico, el estudio de la risa así como de los circuitos neurológicos involucrados puede resolver problemas como la evolución del lenguaje humano. “Tiene el potencial para revolucionar el estudio del cerebro, así como la biología molecular revolucionó las ciencias de la vida”.

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