Karina Sainz Borgo: "El desarraigo es una experiencia universal" - EntornoInteligente
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A la novela la atraviesa la ausencia de la madre patria…

La hija de la española se construye sobre la alegoría. Hay una protagonista, Adelaida Falcón, que se llama exactamente igual que su madre, que es quien muere. Eso no es en vano, porque es la idea de aquello que se extingue. Quien muere ahí es el país. Es el país que desaparece, el que aspiraba al progreso y que representaba una cierta clase media, instruida. A partir de la muerte de ese país, Adelaida Falcón empieza a experimentar. Ella como reverso de la madre empieza a vivir este proceso de pérdida mucho más profundo. Empieza a perder la cordura, empieza a ver que el país no la reconoce, y ahí empieza a darse cuenta de que para sobrevivir tiene que envilecerse. En el libro hay una serie de decisiones que, como buena alegoría, me permitían decir que aquí las víctimas y los verdugos intercambian muchas veces. Aquí la víctima actúa de verdugo y viceversa. Eso es un proceso común en todas las sociedades que han sido sometidas a regímenes dictatoriales, totalitarios, donde el individuo está totalmente acusado y acorralado. Ahí el individuo se borra, termina pareciendo una fantasmagoría. Forma parte de un paisaje en el que no se reconoce. De hecho, hay una frase que la hablé con Juan Gabriel Vásquez, pero me dijo que no es un lugar donde están enterrados. Y cuando la escuché dije: aquí está. Fue una puerta de entrada para darme cuenta de que por ahí tengo que sujetar la historia. Y Adelaida Falcón entierra a su madre al comienzo de la novela y dice: no es el lugar donde están enterrados sus muertos. Mis muertos me atan a una tierra que me expulsa. Ahí hay una tremenda ausencia de la madre y una tremenda orfandad en el personaje y en la sociedad que está retratada. En esto quiero ser muy enfática. No hay nombres de políticos, no hay años. Venezuela aparece mencionada, pero yo me voy hacia el pueblo de la costa donde todo ocurre, intentando que fuera algo universal. La situación venezolana se vivió en varios países. En Cuba, en la Unión Soviética. Lo hemos visto pasar muchas veces. Prácticamente tiene elementos comunes, de manual. Y yo quería reproducir eso en la novela. La hija de la española me permite decir que Venezuela como sociedad se construyó con la migración europea. Y el personaje se quiere ir porque necesita un pasaporte. Todo el mundo es hijo de un europeo, de un portugués, de un español, y ella no lo tiene, por eso necesita robar esa identidad y por eso el libro se llama así. Es un homenaje a esa Venezuela que aspiraba al progreso.

Mientras uno lee el libro siente que la voz del personaje le habla al desarraigo. ¿Cómo fue enfrentarse a ese proceso?

Arturo Pérez-Reverte dice que uno escribe con su memoria, su recuerdo, su biblioteca y su biografía. Yo en ningún momento planteo que solo el que se va se salva. Es el episodio biográfico mío, que es un episodio profundo, de sentir una expulsión del país. Yo me fui hace 13 años y sentí que el país no me reconocía y que yo no lo reconocía a él. Y dije: tengo que intentar hacerlo en la novela. ¿Y cómo lo puedo hacer? Es la historia más antigua de todas. Ulises no puede volver a casa. Adelaida Falcón tiene una especie de síndrome de Ulises, pero al contrario. Ella tiene que huir porque ya no tiene casa. Lo que planteaba era cómo contar esto de una manera en la que el viaje, que es la experiencia literaria más antigua de todas, y la cólera de Aquiles, que es tan antigua también, cobren forma en una novela que sea honesta y también literaria. Y ahí ya va experimentando un proceso de desarraigo dentro de su propia ciudad. Y ahí empieza el miedo por el hecho de que le invadieron la casa, aparece el temor en el personaje de salir a la calle y decide quedarse encerrada. De hecho, en los grandes apagones que sufre con todos los vecinos, ella se da cuenta de que no puede ni hablar. Entonces, ¿cómo contar la experiencia del desarraigo cuando se vive en la propia ciudad y en el propio país? El desarraigo es una experiencia universal.

¿Cómo reconstruir la individualidad?

Hay unos a los que les cuesta más. Hay unos que tienen que estar en una esquina pidiendo dinero. Son procesos muy duros. Por eso se llama La hija de la española, porque los europeos que llegaron a América Latina, específicamente a Venezuela, entre los años 40 y 50, no tenían nada, solo tenían sus manos para trabajar. Mis abuelos y mis padres eran exiliados españoles. Y como ellos muchos. Trabajaron y construyeron un país con el esfuerzo propio. Venezuela es la sumatoria del país que eran ellos y el que éramos nosotros. Ahora, cuando huyes de otra demolición de la que has construido. En España siempre me he sentido acogida, pero soy venezolana y me siento desarraigada de mi país, siento que me expulsaron. Eso genera rabia, nostalgia. Yo no podía hablar de Venezuela. Empezaba a hiperventilar. Yo podría decir que esta novela como proceso personal me permitió poner en orden muchas cosas de mi vida. A mí los temas que más me interesan son la pérdida, la muerte y la memoria. Crecí en una sociedad desmemoriada, que olvida a sus muertos.

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2019-08-25T20:58:00-05:00

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2019-08-25T20:59:24-05:00

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Andrés Osorio Guillott

Cultura

Karina Sainz Borgo: “El desarraigo es una experiencia universal”

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