Kafka, Cristina y la Corte - 17/05/2019 - Clarín.com - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / Soslayando la era digital, la Corte solicitó los pesados volúmenes físicos de los expedientes que tanto preocupan a Cristina Fernández. La maniobra fue leída como una dilación deliberada del juicio que sentará entre los acusados a la ex presidenta con algunos de sus laderos impresentables, ahora encarcelados.

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Veinticuatro horas después, los cortesanos se comprometieron a fotocopiar las miles de fojas y a no interrumpir el juicio a la señora.

Esta sí era la causa de las fotocopias.

En rigor, no. Las fotocopias son duplicaciones arcaicas de las que ya es posible prescindir. Todo está digitalizado.

Lo esencial es extrínseco a los papeles y también a la documentación virtual que refleja lo real. Son los hechos los que valen . Los expedientes son un cuerpo probatorio que inscriben lo que ocurre. Son un mapa que remite a un territorio.

La Corte aclaró al fin, tras la reacción social, que no se postergaría el juicio.

Escribió Franz Kafka en El Proceso: “La estructura jerárquica de la organización judicial era infinita y ni siquiera era abarcable para el especialista…

¿Cómo se puede evitar, dado lo absurdo de todo el procedimiento, la corrupción general del cuerpo de funcionarios?” No todos los funcionarios son corruptos desde luego, pero la circunstancia kafkiana de los zigzagueos cortesanos corrompe en algún sentido a todo el cuerpo judicial, instala el absurdo de manera vertical, inundando a todo el proceso de dudas y de polémicas.

La desorientación política de la mayoría peronista de la Corte es un espejo de la desorientación encuestológica. La pregunta es: ¿Quién gana las elecciones?

La mayoría peronista cortesana apostó a Cristina Kirchner. Los cacerolazos capitalinos indicaron que no existe unanimidad cristinista ni mucho menos.

Nadie sabe qué va a ocurrir en octubre y nos bamboleamos entre apuestas a la bartola.

La secuencia amedrentó a los que temen a un kirchnerismo resurrecto. La explosión del libro “Sinceramente”, la aparición de CFK en el PJ rodeada por los rostros añejos y momificados del corporativismo peronista, el anuncio del paro de la CGT, y finalmente lo que parecía el desplazamiento hacia adelante del juicio que inminente produjo perplejidades y razonables temores.

Fue un dominó que hizo escalar el miedo entre los que no quieren nada a la ex presidente.

“¡Vamos a Volver!” o “¡No vuelven más!”. Esa es la cuestión.

El autoritarismo kafkiano es más delirante que racional, más jerárquico que horizontal, y más imprevisible que predecible.

Varios dirigentes con peso e historia cambian, como Gregorio Samsa en La Metamorfosis o como Alberto Fernández o como tantos más. Bien pueden despertarse una mañana siendo otros de los que eran el día anterior, y así indefinidamente.

La metamorfosis en la política es el arte de la mutación a través de pases mágicos que permiten mantener las mismas astucias e inmoralidades históricas. Todo cambia y nada cambia.

El autoritarismo kafkiano transita el ritmo viscoso de la morosidad. Los expedientes fueron trasladados en carretillas paleolíticas desde Comodoro Py hasta la Corte, y volvieron. Retornaron debidamente fotocopiados, certificados y nuevamente depositados en sus anaqueles petrificados por el tiempo.

El recurso de las telarañas sobre el proceso a CFK no pudo sin embargo detener el juicio que le aguarda.

Será juzgada por dos tribunales: el de los jueces y el de la sociedad en general que puede decidir que vuelva a la presidencia.

En simultáneo también está siendo juzgado el general predilecto de Cristina.

La historia vuelve a reunirlos ahora en el banquillo de los acusados. Son dos rostros de una misma moneda política.

César Milani responde ahora ante el Tribunal Oral Federal de La Rioja por los secuestros y por las torturas perpetradas y aún impunes. Enfundado en su uniforme el acusado declaraba remitiéndose a detalles burocráticos vacíos para tratar de explicar y para desligarse de sus acciones, ominosas, según el Nunca Más de La Rioja. “Ni se nos ocurría discutir una orden”, dijo Milani . Represión ilegal, Obediencia Debida y todo el horror. El general fue ungido por Cristina, exaltado y celebrado. Y Milani se subordinó ideologizando su concepción de las Fuerzas Armadas, diseñándolas al servicio del proyecto K y de la entonces presidenta.

La telaraña teñida de sangre de la historia atrapa en una misma red a Cristina Fernández y a Milani, y lamentablemente también a Hebe Bonafini que lo abrazó como si fuera un héroe. Posaron unidos en la tapa de la Revista de las Madres de Plaza de Mayo.

La tejedora de esa red fue la propia Cristina. Spiderwoman, laboriosa constructora de una urdimbre que continúa atrayendo, hipnotizando y enredando.

Milani y Cristina fueron juntos codo a codo.

Y son mucho más que dos.

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