Juicio: dominicana Ana Julia Quezada confiesa mató al niño Gabriel Cruz - EntornoInteligente
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Almería, España.- «Inocente». Así se ha declarado este martes la dominicana Ana Julia Quezada respecto de la muerte de Gabriel Cruz, de ocho años, el 27 de febrero de 2018. «¿Dio usted muerte a Gabriel Cruz ese día?», le ha preguntado la Fiscal. «Sí», ha contestado ella.

De esta forma ha iniciado Quezada su testimonio en la Audiencia Provincial de Almería en la que tratará de convencer al tribunal de que la muerte del pequeño se produjo de forma accidental.

«Me llamó ‘negra fea’, le tapé la boca y no recuerdo más; sólo quería que se callara», ha afirmado entre sollozos.

La homicida confesa de Gabriel Cruz ha narrado que conoció a Ángel Cruz en la Nochevieja de 2016, y a su hijo Gabriel una semana después.

«Era un niño muy educado», ha admitido.

«Una vez sí dijo: ‘Qué nariz tienes tan fea, parece que te han dado una hostia’, pero no lo tomamos en cuenta, nos reímos», ha explicado una situación que nunca antes había explicado.

«¿No es cierto que hubo tensión en la búsqueda cuando una vez declarando Ángel a la Guardia Civil le dijo Patricia que no hablara con la prensa y usted contestó que haría lo que quisiera?», le ha preguntado la fiscal. «Eso es mentira», ha contestado Ana Julia.

«¿Recuerda usted una conversación con una persona que se identifica como Miguel Ángel, el 5 de marzo de 2018, en plena búsqueda, dijo: ‘La madre es una hija de puta, mala persona, debe mucho dinero a la gente y la están investigando’?», le ha lanzado la Fiscal.

«No lo recuerdo», ha contestado Ana Julia. A continuación, para pasmo de la sala, se ha escuchado en sala el audio.

«Se reconoce usted en esa conversación?». «Sí, soy yo», ha contestado Quezada sollozando sin parar, consciente de que había sido descubierta mintiendo descaradamente.

A Ana Julia se le ha preguntado luego por el fin de semana en que sucedieron los hechos, y cómo tenía gran familiaridad con la familia como para estar sola en la casa de la madre de Ángel Cruz en Las Hortichuelas.

«El niño desayunaba, jugaba, comía, jugaba, y por la tarde lo mismo», ha narrado recordando las rutinas del pequeño.

La acusada ha relatado lo que ocurrió de aquel 27 de febrero de la siguiente manera: «Ángel se fue a trabajar, yo me hice un café, Gabriel se levantó y le pregunté si quería que le hiciera el desayuno, me dijo que sí y le hice un colacao y un bollo.

Se vistió él solo, no es cierto que le vistiera yo. Al levantarse le dijo a la abuela: ‘Qué ropa me pongo’. ‘La que te pusiste ayer’. Él salió a la calle y yo le dije: ‘Ponte una chaqueta que hace fresquito’. Se fue y regresó luego, y se volvió a marchar».

«Luego comimos los tres. Macarrones con tomate y bonito, creo. La abuela hizo algo rápido. Acabamos de comer y la abuela le dejó ir después de 10 minutos. Serían las tres y media. Lo vi antes de irse en la verja. Yo estaba en la puerta de la casa», ha narrado. «¿No es verdad que al salir el menor llama al padre y le pide que quite la alarma?», le ha preguntado la fiscal. «No lo recuerdo», ha contestado.

«NEGRA, FEA, QUE TE CALLES, QUE TÚ NO ME MANDAS…» «Llegamos a la finca. Él se baja y da vueltas por el jardín, yo quito la alarma y ventilo la casa. Luego entró Gabriel por la habitación del medio. Entra Gabriel con un hacha en la mano. Le digo: ‘Deja el hacha que te puedes hacer daño’. ‘Calla, que tú no me mandas, que eres fea, que yo no quiero que estés con mi padre, que yo quiero que mi padre se case con mi madre’».

«Dijo: ‘Negra, fea, que te calles, que tú no me mandas…’. Y yo sólo quería que se callara, sólo quería que se callara».

«Yo le tapo la nariz y la boca, y de lo demás no me acuerdo», ha declarado taxativamente, poniéndose automáticamente a llorar.

«Cuando le solté le puse la mano en el pecho y ya no respiraba. Me quedé ahí un rato y después me puse a fumar como loca. Salía, entraba, no sabía lo que hacía. Veo una pala y decido hacer un agujero», ha dicho fríamente.

«La pala estaba al lado de la alberca, en el jardín. No me costó, lo hice sin esfuerzo», ha dicho Ana Julia Quezada, que ha reconocido entre lloros tanto la pala como el hacha aunque de esta ha dicho: «Yo creo que era más roja… Yo lo recuerdo colorada… De tamaño sí, puede ser»-.

«¿Es la misma que usó usted después para cortarle?, le han preguntado: «Sí».

«Luego vuelvo a la habitación y decido quitarle la ropa, no sé muy bien por qué. Lo cojo de los dos bracitos, y lo llevo fuera al agujero», ha narrado llorando, pero sin dudar. «Yo no lo saqué con cuidado ni nada, simplemente le arrastré», ha contestado a la fiscal sobre si el niño pudo golpearse la cabeza con varios escalones al sacarlo del lugar en que lo mató, en Rodalquilar.

«Fui a coger el hacha porque se le quedó una manita fuera a Gabriel… Le golpé con la zona cortante. Creo que le di uno, con la cabeza girada, mirando a otro lado… No pude y ya le tapé con la tierra. Se veía un bulto y yo lo allané, lo emparejé», ha narrado a preguntas de la fiscal.

«Mi intención era que se callara. No llamé a nadie porque no pude decírselo a nadie… Si yo llevé gente allí con la intención de contárselo… Al hijo de mi pareja, cómo se lo digo yo», ha gritado sollozando.

DIAZEPAM PARA «CALMAR MI CONCIENCIA» Tras eso, Ana Julia ha admitido que guardó la ropa del niño en un armario de la casa de la abuela en Las Hortichuelas. «A las seis me llama Ángel y me dice que su madre no encuentra al niño. Yo fui a casa de Juancar, un amigo nuestro». Ha admitido que ahí comenzó a participar en la búsqueda: «Me tomaba cuatro y cinco pastillas de diazepam diarias para poder calmar mi conciencia».

¿Y cómo pudo perder su móvil en dos días consecutivos? «Los perdí porque iba drogada de diazepam, y no sabía dónde dejaba las cosas», ha dicho negando que lo hiciera para evitar que la Guardia Civil supiera de sus movimientos. Tras esto, ha admitido que el 5 de marzo colocó la camiseta en el cañaveral en que apareció, y que terminó de orientar irónicamente las sospechas policiales hacia ella.

«Para poner la camiseta allí le dije a Ángel que nos fuéramos al barranco de Las Agüillas a dar un paseo. Yo fui a poner la camiseta allí. Él estaba hablando con una médium o con alguien de prensa o algo. Yo coloqué la camiseta, él subió a mirar un cortijo. ¡La puse allí porque yo quería que le encontraran! ¡Yo no podía más! ¡Yo no podía aguantar ese secreto! ¡Quería que me cogieran! No era capaz de decirlo por mí misma».

«Le dije que la camiseta olía a Gabriel, y salí yo corriendo para buscar a la Guardia Civil… Porque yo quería que me encontraran, que me cogieran». «Pero en 18 meses no ha dicho usted esto. «¿Y con el resto de ropa qué hizo?», le han cuestionado: «La tiré en un contenedor». Luego ha contado que se lo quiso decir a una prima de Gabriel que contaba 10 años, Mabel. «Lo quería hacer, pero no pude… También a mi hija, pero no pude».

También ha admitido que fue con una amiga a la finca de Rodalquilar, a colocar primero una sillas y luego unas maderas sobre el lugar exacto en que había enterrado a Gabriel.

«¿ORIENTAR LA INVESTIGACIÓN HACIA SU EX PAREJA?» «Yo no sé ni lo que hacía, no sabía qué hacer», ha abundado. Le ha preguntado la fiscal si es cierto que dejó la camiseta cerca de la casa de su propio ex novio, Sergio M., y que en una ocasión durante la búsqueda le dijo a Ángel que Sergio «odiaba a los niños». «No recuerdo eso», ha contestado. La hipótesis en este punto es que Ana Julia Quezada quería orientar las sospechas hacia su ex.

Así ha narrado cómo desenterró al niño: «El domingo o no sé cuando dejé a Ángel con Patricia.

Cogí a mi perrita y me fui a Rodalquilar. Le tiro cuatro piedras a mi perra, quité la madera y todo lo demás de Gabriel. Le intento tocar pero no puedo. Cojo dos toallas y lo meto en el maletero del coche. Y decido irme a Vícar», al lugar en el que vivía con Ángel, a unos 30 kilómetros de Rodalquilar.

Se le han exhibido fotos de ese momento, cuando la Guardia Civil le hacía el seguimiento del momento crucial en el que iba a ser descubierta, y Quezada se ha reconocido a sí misma en estas imágenes, así como ha hecho también con la toalla con la que envolvió el cadáver, que ha reconocido visualmente entre lloros.

«Ay por favor, a la familia le pido todos los perdones, que me perdone Dios», ha gritado, con las manos en la cara, al ver las fotos de Gabriel Cruz, de ocho años, dentro de su Nissan. Son fotos hechas por la Guardia Civil a ella misma mientras escondía el cuerpo en el coche.

ANA JULIA QUISO SUICIDARSE Luego se le ha preguntado si dijo cosas dirigidas a Gabriel durante el trayecto de Rodalquilar a Vícar.

«Si quieren un pececito van a tener un pececito, por mis cojones». «Dónde llevo yo esto ahora, a un invernadero».

Son frases que ha pronunciado la fiscal, preguntándole a Ana Julia si dijo esas frases, a lo que la acusada ha contestado que no. Tras esto, los miembros del jurado han pasado de tres en tres a escuchar a Ana Julia pronunciar esas palabras, entre susurros, captadas por el micrófono que la Guardia Civil colocó en su coche.

La propia Ana Julia se ha levantado a escuchar el audio. «No recuerdo haberlo dicho», ha señalado a continuación. «¿No es cierto que recuerda haber dicho que si dijo esto era muy cruel?», le ha cuestionado la fiscal sobre una declaración previa, en que admitía haberlo dicho: «Sí, recuerdo haber dicho que era muy cruel», ha devuelto ella.

«Yo no salí de casa de Ángel a esconder a Gabriel. Yo quería ir a Vícar, escribir dos cartas, una para Ángel y otra para mi hija, dejar a mi perrita con comida y agua suficiente, tomarme toda la medicina que tuviera y echarme en el sofá… Perdona mi hija, Ángel y la familia… Perdonad. Pero todo ha sido un accidente», ha gritado.

La fiscal le ha preguntado para qué usaba el ordenador de Ángel: «Jugaba al Candy Crush». «¿Qué buscaba en un enlace de youtube titulado ‘Las 10 plantas más venenosas del mundo’?», le ha lanzado a continuación: «Mi prima Regina en la República Dominicana hace mascarillas faciales, era para eso», ha dicho la acusada.

«¿Le dijo a Ángel: ‘Cuando Gabriel aparezca, nos casamos’?», se le ha cuestionado. «No lo recuerdo», ha contestado, y ha apostillado que anteriormente Ángel le había pedido que se casaran y que ella la hubiera dicho que se había divorciado hacía poco.

Le han preguntado también por los golpes en la cabeza de Gabriel. «No lo recuerdo. Sólo sé que le puse la mano en la boca y la nariz», ha repetido ella, negando que hubiera estudiado previamente los movimientos de Gabriel.

Paco Torres, abogado de la familia Cruz, ha consignado después sus preguntas, aunque Quezada no ha querido responderlas, para que el jurado las conozca. Estas son: ¿Cuándo llevó la pala y el hacha a Rodalquilar?; ¿cómo explica que el niño tenía un enorme hematoma en la cabeza?; ¿intentó envenenar a Gabriel en las semanas previas a matarlo? (por unas «extrañas visitas que tuvo el niño al médico con su madre»); ¿intentó descuartizar al crío «por el poco sentido que tiene el hecho de que lo desvistiera para enterrarlo»?

EPISODIOS «EXTRAÑOS» En un receso, Torres ha comentado a EL MUNDO que «aquí es muy fácil hablar y contar lo que sea, pero ya veremos cuando venga la Guardia Civil y los médicos».

El abogado intentará sustentar la premeditación de Quezada en su intención de matar a Gabriel Cruz en esos episodios «extraños» en que el niño fue llevado por su madre en dos ocasiones al médico, con síntomas que nunca fueron identificados.

La tesis es que pudieron ser intentos de envenenamiento, hacia lo que se ha orientado Esteban Hernández Thiel, el abogado de Ana Julia Quezada durante su interrogatorio. «Al niño le hacía batidos de galleta Oreo con leche, porque su padre se lo tenía prohibido», ha dicho, negando que lo hubiera intentado envenenar.

«En una ocasión Patricia llamó para decir que el niño tenía diarrea, y el médico dijo que tenía gastroenteritis, eso es todo», ha señalado Quezada. «Yo nunca llevé la pala ni el hacha a Rodalquilar, nunca», ha afirmado también a preguntas de su abogado.

Sobre el momento homicida, Thiel le ha preguntado si puede ser que cuando Quezada tapó la nariz y boca del niño, este se golpeara la cabeza. «Puede ser», ha contestado ella. Tras esto han vuelto los lloros a cuenta de la búsqueda. «Yo tomaba bastante diazepam diariamente… Yo no quería hacerle daño a nadie… Cuando yo voy a Vícar mi intención era quitarme la vida».

«Se sugiere que usted pudo matar a su hija en Burgos…», ha arrancado Thiel, que ha sido cortado en seco por la juez Alejandra Dodero, que le ha impedido preguntarlo. «Yo vine a España con 18 años, por Paula, mi hermana mayor, que se casó en Dominicana con un español, y luego la metió en la prostitución. Y luego me trajeron a mí, me engañaron, mi hermana ya tenía un puticlub buscado para mí. Luego, en una fiesta, antes de que me prostituyeran, un amigo, Andrés, me dio su teléfono. Me metieron en Las Malvinas, un prostíbulo de Burgos. Estuve allí un mes y me fui».

«Luego conocí al que sería mi marido y padre de mi hija Judith. Estuvimos 16 años y luego nos separamos, y él fue condenado por malos tratos», ha explicado.

«Cuando todo pasó me quedé bloqueada, no sabía qué hacer. Hablé con mi hija quise decirle todo lo que había pasado, pero no fui capaz, no fui capaz», ha abundado en su relato a preguntas de su abogado.

«Yo siempre estaba a solas los martes por la tarde con Gabriel, nunca he tenido intención de matarle, nunca. Cuando eso pasó sentí mucho miedo… Hacerle daño a mi hija y a la familia de Gabriel… No podía», ha repetido Ana Julia Quezada una y otra vez.

«Para traer a mi hija Ridelca pedimos un crédito de 120.000 pesetas, para visados… Pasé un calvario para traer a mi hija… Se cayó por una ventana dormida… Fue un accidente», ha narrado la extraña muerte de su primera hija, nacida en República Dominicana, en Burgos en 1996.

 

 

Por La Redacción Fuente: Quico Alsedo elmundo.es  

LINK ORIGINAL: Extradigital

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