«Juana sin cielo», el drama de una mujer destronada y ninguneada por los hombres que la rodearon

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Ni Juana era loca, ni su marido Felipe era hermoso. La historia está plagada de mitos y leyendas, a veces inocentes, pero otras tantas teñidas de perversidad.

Es el caso de Juana I de Castilla, despojada del trono y encerrada durante 46 años en una finca en Tordesillas, primero por su padre Fernando el Católico, y luego por su hijo Carlos I, atribuyéndole una supuesta enfermedad mental, que por siglos se dio por cierta, pero que recientes investigaciones históricas cuestionan.

Este complot palaciego sirve de inspiración al compositor y director catalán Alberto Demestres para llevar a escena la ópera Juan sin cielo, que se estrenará en América este 22 de mayo en la sala principal del Palacio de Bellas Artes, con la soprano María Katzarava, como protagonista, acompañada de la orquesta y coro del máximo recinto de las artes en México.

En entrevista con El Economista, Alberto Demestres (Barcelona, 1960) señala que la ópera tiene el propósito de insistir en que Juana no estaba loca, simplemente la encerraron. «Se la ha llamado así por una tradición popular; pero de loca, nada, una persona encerrada por tanto tiempo acaba teniendo muchos problemas y teniendo muchas dudas sobre todo».

«Juana era una mujer culta, hablaba latín, francés, y esta teoría de que estaba loca ya está superada, hay estudios sobre eso», afirma.

«Me interesó mucho este personaje (Juana I) tan poderoso, pero sin ejercer el poder como seguramente podría haber hecho, ninguneada y maltratada por todos los hombres que la rodeaban; entonces hablé con Antonio Carbajal, para mí uno de los grandes poetas del momento en España, y le propuse un poemario que me sirvió de base para montar el libreto», revela el músico.

«Nosotros hemos querido seguir ese camino y presentar a Juana, como un alma en pena que se debate entre reconocer que ya ha muerto o que aún sigue viva como la madre de emperadores, princesas y reyes que había sido, o como la reina con todos los títulos que había tenido, finalmente ella acaba aceptando la muerte», dice, adelantando la línea argumentativa.

«No se trata de un delirio post mortem, dice el compositor, sino todo lo contrario, lo que sí es que hay momentos de infinito descontento por la vida de encierro que ha llevado, borrada de la corte, incluso la dieron por muerta, hasta que la rescatan los comuneros», refiere el director operístico.

«Me parece muy injusto que cuando tú dice Juana I de Castilla, nadie sepa de quien se habla, y que tengas que decir ‘la Loca’, ¡ah, la loca, y popularmente ha quedado esta cosa, igual que Felipe el Hermoso (su esposo), pues si tú miras pinturas de la época, pues hermoso no era, más bien feíllo».

Según el historiador Gustav Bergenroth, su madre Isabel la Católica desheredó a Juana en su testamento porque no iba a misa ni quería confesarse. Desde entonces su familia le hizo la vida imposible, no sólo la destronaron, sino que la encerraron, la incomunicaron, la dieron por muerta, e incluso su funeral se hizo prácticamente en secreto. Es allí donde arranca la pieza operística de Demestres, con un cortejo fúnebre en el escenario.

El pianista, director de orquesta y tenor de formación comparte que en 2019 se estrenó la obra como concierto, en Granada, pero esta es la primera vez que se monta realmente como una ópera, con dirección de escena, iluminación y vestuario, en el Palacio de Bellas Artes, en México.

Alberto Demestre es un compositor con doce óperas en su repertorio que pasa mucho viajando, ha vivido en Italia, Alemania, Francia, Japón y Estados Unidos, pero desde hace algunos años vive en la colina de San Esteban de Palautordera, muy cerca de Barcelona. Desde este lugar «idílico», donde «sólo se escucha el cantar de los pájaros» ha compuesto la ópera Juana sin cielo, y lo ha hecho expresamente para la voz de la soprano mexicana María Katzarava.

«Desde la primera vez que escuché a María me emocioné mucho, y su potencia brutal me parecía muy cerca al personaje de Juana que yo quería componer. Hablé con ella y afortunadamente aceptó y se tiró al río», comparte.

«y yo intenté hacer una voz a su medida, buscando los límites de su voz, por supuesto; como un traje a su medida; teniendo en cuenta la técnica y la emoción de María que es muchísima. Los colores que ella saca de su material vocal son infinitos, y eso a mí me encantó: ¡cuántas caras tiene la voz de María!», remata.

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LINK ORIGINAL: El Economista

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