Jock Stein, el gran entrenador que murió dirigiendo - EntornoInteligente

Entornointeligente.com / El Clarín / Jock Stein lo vivía con intensidad. Del único modo que sabía: con esa pasión que -a veces- no le cabía en su cuerpo. No siempre lo demostraba. Sin embargo, cuando no gesticulaba en público o cuando no exhibía su ira o su felicidad por sus pocas derrotas y sus tantas victorias, el hombre se guardaba esas sensaciones en algún resquicio de su corazón. Aquel día, 10 de setiembre de 1985, no aguantó más. En el Ninian Park, de Cardiff, el seleccionado escocés que él dirigía debía rescatar un punto ante Gales para acceder al Repechaje frente a Australia, en nombre de un lugar en el Mundial de México 86. Los que estaban cerca de él contaron luego que se lo percibía nervioso, contrariado, con cara de preocupación. Su equipo perdía 1-0 al cabo del primer tiempo y el arquero Jim Leighton le confesó que había perdido una de las lentes de contacto y que no tenía otra de repuesto. Stein decidió rápido: hizo ingresar al suplente Alan Rough, quien tuvo una buena actuación. En breve, incluyó a Davie Cooper, un wing de los imprevisibles. Y fue él quien igualó el encuentro, de penal. Esos fueron los últimos dos aciertos de Stein. Al final del partido sufrió un paro cardíaco. En la sala médica del estadio intentaron reanimarlo. No hubo caso. El entrenador murió. Tenía 62 años.

Al día siguiente, el diario británico The Sun dejó de lado los escándalos por un rato y brindó en su portada un homenaje: “Jock, una joya de hombre y también un genio como entrenador”. Era una frase ofrecida por John Paton, el presidente del Glasgow Rangers, archirrival del club de Stein, el Celtic. En simultáneo, el Daily Express tituló: “Tragedia en Cardiff camino de las finales de México. Stein muere en el gran partido”. El dolor era la noticia más relevente. En las páginas interiores, quienes lo habían conocido lo retrataban con palabras. Como Bob Paisley, ex entrenador del Liverpool, quien expresó: “Los escoceses le deben tanto que estoy seguro de que no lo olvidarán”. Tenía razón Paisley. Jock sigue siendo un inmenso referente del fútbol. En 2002, 17 años después de su fallecimiento, Stein fue votado como el mejor entrenador escocés de todos los tiempos. Un rato después, fue ubicado en la Salón de la Fama del fútbol de su país, en el Hampden Park.

Aquella escena final marcó para siempre a su asistente, un joven llamado Alex Ferguson. Expresó alguna vez el entrenador más campeón de la exitosa vida del Manchester United: “No derramé ni una lágrima hasta después del vuelo desde Cardiff a Glasgow y hasta que salí por la autopista hacia Aberdeen. En el camino paré en un área de descanso y directamente me derrumbé… Para gente como yo, Jock fue el precursor de todos los logros y retos a los que teníamos que aspirar. El nunca se quedaba con los elogios. Siempre se trataba de los jugadores y de lo magnífico que era el equipo… Esa generosidad lo dice todo de él. Para cualquier persona que busque mejorar su formación futbolística, Jock Stein era una universidad por sí solo”. Allí, se había graduado Alex antes de construir su gloria.

John Stein -Jock para el mundo del fútbol y de sus amigos- había nacido en Burnbank, territorio de South Lanarkshire. El fútbol fue el camino que encontró para escapar de otras tareas más arduas y mucho menos atractivas. En los tiempos de la adolescencia trabajó en una fábrica de alfombras y también como minero, una ocupación frecuente en ese rincón de Escocia, en aquel final de los años treinta. Lo que a Billy Elliot le sucedió en la película dirigida por Stephen Daldry, a Jock le pasó en la vida real: su padre no quería que se abrazara a su pasión. Pero al igual que en el caso del bailarín, terminó cediendo. A los 18 años, llegó al Blantyre Victoria. Jugaba como mediocampista -centre half, para los registro de ese tiempo- y pronto saltó al ámbito profesional: representó al Albion Rovers, al Llanelli Town y, en los últimos siete años de su carrera, al Celtic.

Lo mejor, de todos modos, sucedería fuera del campo de juego. Stein comenzó como entrenador del Dumferline Athletic (al que sacó campeón de la Copa de Escocia, en 1961) y del Hibernian. Su gran paso llegaría justo después: lo contrató el Celtic. Fue uno de los más grandes aciertos de la institución de Glasgow. Con Stein como técnico se edificó el ciclo más exitoso de la vida del club. Allí dirigió casi 700 partidos y perdió apenas 94. Obtuvo 24 títulos locales (entre ellos, diez Ligas, nueve consecutivas) y la única Copa de Europa para un equipo de Escocia. La frase pronunciada por Stein luego de ganar la final frente al Inter de Helenio Herrera, en Lisboa, define su búsqueda, su idea: “No es la victoria lo que más satisfecho me deja. Sino la manera en la que la logramos. Lo hicimos jugando al fútbol. Un fútbol puro, atractivo, lleno de inventiva”. Ese era el fútbol de Jock.

Los Leones de Lisboa fueron llamados aquellos muchachos que obtuvieron la Copa de Europa en la capital portuguesa. La escena del capitán Billy McNeill levantando el trofeo es un emblema de la historia del fútbol escocés y de aquel equipo sin olvido gestado por Stein. Tommy Gemmell, intregrante del equipo y autor de un gol en el triunfo histórico, explicó -ya más tarde- la clave de ese plantel invencible con un puñado de palabras: “Sin Jock nada hubiera sido posible”. Hubo un solo tropiezo relevante en el recorrido casi perfecto del Celtic: Racing le ganó la final de la Copa Intercontinental. El golazo del Chango Cárdenas, en el desempate disputado en Montevideo, también es famoso en Glasgow.

El Celtic Park es una joya de la arquitectura y de la tradición. El estadio -construido en 1892 y renovado a pleno entre 1994 y 1998- ofrece comodidades propias de la Champions League y todos los ritos que los británicos ponen a disposición del fútbol. Allí adentro, ya superada la Kerrydale Street, los homenajes suceden a cada paso. Queda claro con solo escuchar y mirar: Stein fue inmenso para todos los que allí comparten otro día y otro partido bajo el cielo de Glasgow. Lo cuenta en silencio la estatua que esculpió en bronce el inglés John McKenna. Lo dicen -con orgullo sin disimulo- los que gozaron aquella gloria. Lo repiten los que en el stand de Los Leones de Lisboa compran souvenirs, bufandas, imágenes, camisetas, pelotas para aquellos jóvenes y niños que están aprendiendo la leyenda. Para ninguno de ellos Jock Stein se murió en aquella noche de Cardiff. Es un legado que sigue latiendo.

Con Información de El Clarín

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