Internet clandestino: cómo ciudadanos desafían bloqueos en Myanmar y Venezuela

Internet clandestino: cómo ciudadanos desafían bloqueos en Myanmar y Venezuela

En un pequeño quiosco de bambú en Myanmar, Min opera un negocio precario pero vital: un café de internet. Utilizando tecnología Starlink de SpaceX, que se conecta mediante satélites sin depender de la infraestructura nacional de telecomunicaciones, ofrece acceso a internet a poblaciones que viven bajo los apagones impuestos por la junta militar que gobierna el país desde el golpe de Estado de 2021. La antena plana, comprada en el mercado negro de Tailandia e introducida de contrabando, está montada en el techo de chapa ondulada del quiosco. Aunque el negocio ha mermado desde que abrió hace más de dos años —pasando de 300-400 clientes diarios a apenas 30—, Min continúa operando a pérdida, cobrando apenas 0,25 dólares por hora para mantener el acceso asequible para los desplazados y residentes locales.

La operación de Min refleja un fenómeno global de resistencia ciudadana contra la censura digital impuesta por gobiernos autoritarios. Desde Myanmar hasta Venezuela, ciudadanos encuentran formas cada vez más creativas de eludir los bloqueos de internet, utilizando tecnologías como Starlink que escapan al control de las autoridades nacionales. Estos cafés clandestinos y puntos de acceso informales se han convertido en espacios críticos donde las personas pueden comunicarse, acceder a información y mantener conexiones con el mundo exterior cuando sus gobiernos intentan aislarlas.

El riesgo para operadores como Min es considerable. Las autoridades militares de Myanmar no permiten negocios de este tipo, y quienes los manejan se exponen a arrestos y confiscación de equipo. Min opera apenas tres horas diarias, limitado tanto por el suministro eléctrico como por la necesidad de mantener bajo perfil. Ha reubicado su café dos veces hacia lugares más discretos, temiendo que los paneles solares o la antena de Starlink sean detectados por aviones del gobierno que sobrevuelan regularmente la zona. Esta tensión constante entre la necesidad de proporcionar acceso y la amenaza de represión define la realidad cotidiana de quienes desafían los apagones.

Según Myanmar Internet Project, una organización de derechos digitales, se han registrado más de 450 apagones de internet en distintas partes del país desde febrero de 2021, afectando a más de 20 millones de personas. Los análisis muestran que casi el 90% de estos apagones están relacionados con bombardeos y operaciones militares en zonas donde la junta enfrenta fuerte resistencia. Los bloqueos son estratégicos: al silenciar las comunicaciones, el gobierno busca impedir que la población coordine acciones defensivas o documente crímenes de guerra. Esta realidad ha transformado a personas como Min en activistas digitales involuntarios, arriesgando sus vidas para garantizar que sus comunidades mantengan un hilo de conexión con la realidad exterior.

Fuente: BBC Mundo — Ver nota original

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