Lapatilla julio 21 2026, 8:50 amPosteado en: EconomíaCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Dos guerras, una sola consecuencia: el mundo vuelve a enfrentar una crisis energética. Mientras EE.UU. e Irán escalan el conflicto en Medio Oriente y Ucrania golpea la infraestructura petrolera rusa, el mercado reacciona con alzas del crudo, riesgos inflacionarios y una creciente incertidumbre global. El análisis también explica por qué Washington empieza a modificar su estrategia hacia Venezuela, en medio del deterioro económico y las secuelas de los terremotos del 24 de junio. Suscríbete aquí para hacerle seguimiento diario al rescate de Venezuela tras los sismos Por Juan Szabo y Luis A. Pacheco en La Gran Aldea El conflicto en Medio Oriente empieza a evolucionar hacia un conflicto de toma y dame, donde los objetivos iniciales de los ataques a Irán —neutralizar las amenazas del régimen teocrático a la región— han sido sustituidos por la tarea de resolver la consecuencia no deseada más relevante del conflicto: la amenaza a la estabilidad del sistema energético mundial. La Administración Trump, en respuesta a los ataques iraníes contra buques que atraviesan el estrecho de Ormuz, en aguas de Omán, puso fin a la tregua firmada en junio. Y desde entonces, ha llevado a cabo ataques contra objetivos militares e infraestructura estratégica. Teherán ha respondido de forma limitada, aunque ha disparado misiles contra objetivos estratégicos en Bahréin, Catar, Kuwait, Jordania e incluso en Siria, lo que ha intensificado el temor a un conflicto de mayor escala y de larga duración. La reacción del mercado petrolero al reinicio de hostilidades fue inmediata, con una escalada de precios a medida que los operadores evaluaban los riesgos para el suministro. Aunque el estrecho no está completamente cerrado, su actividad se ha reducido significativamente. Además, Irán ha amenazado con extender la guerra marítima al estrecho de Bab el-Mandeb, una vía clave para el tránsito marítimo entre el mar Rojo y el canal de Suez. Para contrarrestar las limitaciones impuestas por la situación en el estrecho de Ormuz, los países con rutas alternativas han comenzado a maximizar el uso de sus oleoductos. En particular, los Emiratos Árabes Unidos están aumentando la producción y las exportaciones a través del puerto de Fujairah, en el golfo de Omán. También ha sido relevante el relativamente bajo nivel de las importaciones petroleras de China, que apenas superaron los 7 millones de barriles por día en junio y a comienzos de julio. En paralelo, el acoso constante de Ucrania contra instalaciones de refinación, terminales, patios de almacenamiento y, más recientemente, tanqueros de crudo y de productos rusos ha reconfigurado el mercado de combustibles. Los márgenes de refinación están alcanzando máximos históricos, lo que impulsa al alza los precios de la gasolina, el diésel y el combustible de aviación ante la salida de Rusia del mercado internacional. A ello se suma la grave situación en la península de Crimea, donde el asedio ucraniano ha debilitado el control ruso. Fundamentos Geopolíticos MEDIO ORIENTE Los cambios en la retórica iraní, junto con las amenazas y provocaciones militares recientes, terminaron por agotar la paciencia de la Administración Trump. En respuesta, Washington decidió asumir un papel más directo en el centro de la controversia: el estrecho de Ormuz, un objetivo que no logró controlar durante la primera fase de la guerra. Recordemos que el origen de la guerra fue neutralizar el desarrollo nuclear iraní y que el control del estrecho de Ormuz surgió como una poderosa herramienta de gue
Fuente: La Patilla — Ver nota original