Lapatilla julio 10 2026, 12:17 pmPosteado en: OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn ¿Quién se queda con el botín de la inflación en Venezuela? Mientras dormimos, el “ladrón nocturno” opera en las sombras diluyendo el valor del dinero sudado. Explico por qué la inflación es un fenómeno estrictamente monetario y por qué la tasa de cambio es solo su correa de transmisión instantánea URGENTE: Dos terremotos azotaron La Guaira y hemos preparado un reporte de información actualizada AQUÍ En el debate económico y empresarial latinoamericano, es común escuchar que “los precios suben porque sube el dólar”. En economías con una alta indexación informal, existe la persistente ilusión de que la tasa de cambio es la causa raíz de la pérdida de nuestro poder adquisitivo. Sin embargo, como estrategas y tomadores de decisiones, es vital corregir el diagnóstico: la inflación sigue siendo, en su origen, un fenómeno estrictamente monetario. La tasa de cambio no es la enfermedad; es simplemente el termómetro más rápido que tenemos. 1. La Raíz: Un fenómeno estrictamente monetario y el “Ladrón Nocturno” Para entender la inflación sin apasionamientos políticos ni sesgos comerciales, debemos llamarla por su nombre. En mis años dictando clases de estrategia corporativa, solía explicar este fenómeno a mis alumnos a través de una analogía: la inflación es el “ladrón nocturno”. Imaginemos a un ciudadano que se acuesta tras una larga jornada, habiendo ganado 100 bolívares con el sudor de su frente. Esos 100 bolívares representan su esfuerzo, su tiempo y su productividad. Sin embargo, a la mañana siguiente, cuando va al mercado, descubre con frustración que esos mismos 100 bolívares ahora solo equivalen a 92. ¿Qué ocurrió mientras dormía? El “ladrón nocturno” —el Banco Central— operó en la sombra. Sin que nadie lo viera, sin hacer ruido, encendió la imprenta para emitir bolívares sin respaldo alguno; unidades económicamente “falsas” que entran a competir directamente, y en igualdad de condiciones nominales, con los bolívares legítimamente sudados por los ciudadanos. Es crucial entender que este ladrón no actúa por cuenta propia: opera bajo las órdenes del Gobierno, que es el verdadero autor intelectual y el que recibe el botín de esta operación de falsificación legalizada. Al ser el Gobierno el primero en gastar esos bolívares recién impresos (antes de que se trasladen a los precios del mercado), absorbe bienes y servicios a valor pleno, mientras que el ciudadano común, que recibe ese dinero en la última escala de la cadena, es quien paga la cuenta con una moneda ya devaluada. Como el comerciante en el mercado no puede diferenciar un bolívar emitido sin respaldo de uno ganado con productividad, el resultado es matemático: a mayor volumen de dinero persiguiendo los mismos bienes (o las mismas divisas disponibles), el valor de cada una se pulveriza. El mecanismo subyacente no es que el dólar se encarezca intrínsecamente por fuerzas místicas o esotéricas del mercado; es la moneda local la que se deprecia porque el emisor inunda la economía con una liquidez que nadie desea conservar. Cuando el dinero pierde sus funciones básicas de reserva de valor y unidad de cuenta, queda reducido a un mero medio de cambio de altísima velocidad. Usando una analogía química, tiene alta tasa de evaporación. El ciudadano y el empresario se desprenden del signo local tan pronto lo reciben para protegerse del “ladrón nocturno”, acelerando la velocidad de circulación del dinero y realimentando el ciclo destructivo del poder adquisitivo. 2. La correa de transmisión en una economía indexada Si la emisión sin r
Fuente: La Patilla — Ver nota original