Impresionante entrevista de la revista "Forbes Life" a Guaidó (acaparó todos los Grammy’s como Mejor Mulato Grecolatino…)… - EntornoInteligente
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José Sant Roz

Sin anestesia, se lo dijo Juan Guaidó al director Arturo Salmerón Solis de la revista “Forbes Life”: “-Yo lo que quería era ser cantante, desde chiquito yo se lo pedía a todos los santos. Mis padres siempre me vieron condiciones para la actuación, y aunque la voz no me ayudaba mucho tomé algunas lecciones de cuatro con el maestro Roberto Loiza de Maracaibo, para tratar de mejorarla, y llegué a tener un  registro de falsete como contratenor en nivel F5. El teatro también me gustaba mucho, e hice algunos ensayos con pequeños papeles en la Universidad Católica, interpretando al personaje San Martín de Porres que me costó un trabajón porque lo mío es más hacia el drama, hacia el romanticismo…”. Fue cuando entonces el director de “Forbes Life” le preguntó: ” ¿Quieres decir que mejor se podría dar, por ejemplo, la actuación en una telenovela?”, a lo que don Juan respondió: “-Sí, yo creo que lo mío iba por ahí, porque a mí, y perdona que te confiese esta travesura: una vez consulté a una futuróloga, muy buena tarotista, que por cierto ahora trabaja conmigo en la Asamblea Nacional, cuando tenía apenas once años, me dijo que yo habría de ser famoso. Recuerdo que con mucha emoción le insistí en qué, en qué iba a ser famoso, pensando yo que sería en el canto o en la actuación…”. Sin ninguna duda, don Juan Guaidó es un mulato “estilizado” en la misma línea de Obama y por eso, los aderezadores de imágenes del capital, le encontraron tantos parecidos… A don Juan Guaidó le vino de perlas el “interinato presidencial” que nunca se lo esperó en su vida y así se lo dijo a sus padres: “-Qué sorteo, Dios, un sueño, la fantasía mejor imaginada y mejor realizada”; y en cogiendo aquel gordo de la lotería se lanzó a las pasarelas: a ver revistas como “Glamour”, “Carmel”, “InStile”, “Business and Luxury Media Group”, “RBA”,… para seleccionar corbatas y chaquetas, camisas blancas o de rayas, ante espejos paralelos para definir su caminar pausado y tenue, vaporoso y sutil, mostrando su dientera muy bien cuidada, a la vez que entornando los ojos y mirando vacuamente como si se encontrara en un nicho de rosas. De aquella lotería pudo saltar, de la más absoluta anonimia a ser una de las figuras latinoamericanas más consagradas (cotizadas) para revistas del corazón. Llama la atención, que a estas revistas, claro, lo menos que le importa son las ideas políticas de Juan Guaidó, si es que acaso las tiene; lo que le interesa es el porte de don Juan Guaidó, su estilazo, su levitante contoneo al desplazarse, su manera de mirar sutil y oblicua, avanzando con sus dos palancas motrices fashionistas y cachazudas. “¿Qué piensa hacer una vez que concluya su mandato, dedicarse al canto o a la actuación?” le preguntó a Guaidó el director Arturo Salmerón Solis, una pregunta que dejó muy meditativo al joven presidente interino; chasqueó la lengua, sonrió duditativamente, suspiró, tragó saliva y se le marcó una incógnita severa en la comisura de los labios, para luego contestar: “-Me pone usted en un situación subliminal extrema, entre blanco y negro, pero le debo decir que existe una gama de posibilidades todavía para mí muy amplia en lo futuro. Incluso, podría hasta ser presentador de un programa de televisión variado con temas de entretenimiento que rocen lo estilístico, lo musical y lo turístico, porque me gusta mucho viajar…”. “¿Usted se considera grecorromano?” le preguntó el director de la revista “Forbes Life”, a lo que don Juan Guaidó respondió: “-No tanto como en un principio… Mejor dicho, si a ver vamos, yo me siento más apostólico que romano, y en los actuales momento me gustaría dirigir mis proyectos hacia una unificación de lo humano moderno con lo artístico, de la manera menos conflictiva posible…”, lo interrumpió Arturo Salmerón Solis: “- Pero usted ha vivido en un permanente conflicto humano desde el 23 de enero de este año, cuando se proclamó presidente interino de su país”. El aspecto de don Juan cambió, recibió la réplica con gran sorpresa, sonrió, se enserió, vaciló y volvió a sonreír para aclarar: “- Yo creo haber conducido con mucha prudencia mi mandato, porque en mi país los impulsos son muy electroshóckicos, para decirlo de alguna manera. Y para decirlo con toda franqueza, porque hay un momento en que uno debe así confesarse, muchos quieren que yo resuelva lo que nadie puede resolver si lo pusieran donde me han colocado a mí. No es fácil, amigo Arturo, y usted lo sabe”. Al final de la entrevista se le pidió que contestase con corto y muy conciso el siguiente cuestionario: a- “¿Cómo ve a América Latina en este momento?” – RESPUESTA: — Calidad. b- “¿Qué le parece el gobierno de Bolivia a la cabeza de Jeanine Áñez?” – RESPUESTA: — Calidad. c- “¿Qué le pediría al presidente Donald Trump para mejorar las relaciones entre Estados Unidos y América Latina?” – RESPUESTA: — Control.  d- “¿Quién le sucederá en su mandato?” – RESPUESTA: — Constitucionalidad. “¿Si invadieran a Venezuela que haría usted?” – RESPUESTA: ¡Cumplir! Para terminar, debo referir, que siendo yo, estudiante en el Departamento de Física y Matemáticas del Instituto Pedagógico de Caracas, por allá en los años 1967, de vez en cuando me defendía dando clases de matemáticas y le llegué a dar clases a un hijo del diputado por URD, don Sixto Guaidó. Era don Sixto un moreno espigado de 1.8 metros, sencillo y calmado que vivía en una quinta en Cumbres de Curumo. Estuve yendo dos veces por semana a su casa en mi viejo Mercedes Benz 180 negro, que obstruía el tráfico por el ruido y el humero que despedía. He estado pensando que el joven don Juan Guaidó debe tener algún parentesco con aquel diputado puntofijista del partido de Jóvito Villalba, porque he visto que su padre se llama Wilmer Sixto. Viejos recuerdos… Compartir en Whatsapp
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