Impaciencias - EntornoInteligente
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Muchas veces queremos que las cosas sean ahora y no después, albergamos una prisa arraigada que en la mayoría de los casos conduce a decisiones inadecuadas o soluciones a medias, apresuramientos que en términos ajedrecísticos significarían errores tácticos y estratégicos, por aquello de querer mover tus piezas sin antes sopesar mejor los riesgos y los beneficios

En mi casa siempre decían: «el que espera desespera y hace más larga la espera», en clara alegoría a esas impaciencias que alteran nervios propios y ajenos. El temperamento de los cubanos está salpicado por abundantes intranquilidades y no es fácil encontrar coterráneos inmutables en momentos de tensión o en vísperas de alguna decisión trascendente. Mi abuela solía usar ese universal proverbio que reza: «Vísteme despacio que traigo prisa».

Recuerdo a Germán, alias Bate de Guásima, aquel que nunca tuvo sosiego para esperar el resultado de los juegos de béisbol que tenían su decisión al final del noveno capítulo. Apagaba el radio o cambiaba el canal de tv, según el caso, para no ver o escuchar justamente el desenlace de un partido que había seguido, minuto a minuto, toda la noche. Luego mandaba a su esposa a que se pusiera en sintonía para que le dijera cómo había quedado la cosa, en tanto él se comía, literalmente, las uñas.

Delfín Resorte, siempre apurado, no se sentaba en el ómnibus, aunque los asientos viajaran vacíos y todo, porque sentía que estando de pie llegaría más rápido a su destino. Le gustaba ver las películas grabadas en soportes digitales, para poder correr los videos e ir directamente al final de los filmes, no aguantaba aquellos largos minutos de toda la trama. No sabía lidiar con los nudos en las jabas y terminaba rompiendo la bolsa para sacar su contenido.

Moncho Desespero no hacía ninguna cola en la cual no fuese alguno de los tres primeros, su calma no daba para más tiempo y si había amenaza de que el producto no alcanzaría para todos, peor aún.

Muchas veces queremos que las cosas sean ahora y no después, albergamos una prisa arraigada que en la mayoría de los casos conduce a decisiones inadecuadas o soluciones a medias, apresuramientos que en términos ajedrecísticos significarían errores tácticos y estratégicos, por aquello de querer mover tus piezas sin antes sopesar mejor los riesgos y los beneficios.

No en vano se nos ha convocado reiteradamente a que todo cuanto se haga para enfrentar desafíos y desarrollarnos, debe hacerse sin prisa, aunque eso no signifique poner en pausa ninguna decisión o detener los planes en marcha. Más de una vez en nuestra historia o en nuestras vidas nos ha ido bastante mal por irnos, como se dice en buen cubano, «con la de trapo», por eso ahora más que nunca tenemos que pararnos en el cajón de bateo listos para rechinar la bola, pero aprendiendo a esperar el lanzamiento oportuno.

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