#Ideario Pido la palabra - EntornoInteligente
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A mis 52 años me siento con la capacidad de digerir casi todo: desde piedras a puteadas y maldiciones. Y para mi sorpresa puedo decir que después de muchas temporadas de retortijones y espasmos logro hacer con tranquilidad la digestión, por la sencilla razón de lograr advertir de verdad y a conciencia cierta la diferencia que existe entre quien de buena fe se presenta al «ringside» de la ideas y quien como un desaforado se cuelga al alambrado a gritar descalificaciones, las que nunca se atrevería a decir en la cara del «player» que se juega las piernas en la gramilla.

No exagero si digo que estos días para aquellos que nos sentimos parte de la izquierda y desde hace muchos años -en mi caso llegan a los 38- han sido infaustos y amargos.

Digo y de corazón que si alguno de ustedes, de verás, auténticamente me dice que está feliz y exultante con lo actuado, no sólo que lo escucho, si no que le pido con todo mi respeto y atención que me lo explique y subrayo dos vocablos que parecen haberse fugado del lenguaje ciudadano: respeto y atención.

Estas preocupaciones se las planteé a mis fraternales compañeros y camaradas de toda la vida y pude advertir que ellos también buscaban una palabra, un sonido que pudiese ser cálido y amigable. Una razón pura, desprejuiciada y racional que no terminaba de salir. Es que algo en las tripas se está generando, parece ser un revoltijo generalizado que no le bastan justificativos y argumentaciones, queda meridianamente claro que hay «bronca en el cuadro»…

Es que si alguien supone o parte de la premisa errónea de que existen omisiones, falsedades o negligencias que pueden ser «justificadas» se transitará y lo puedo afirmar con una lógica matemática por el comienzo inexorable del camino de la derrota.

Siempre la más absoluta y categórica «verdad» nos permite sanearnos y evita que se envenene el árbol y sólo de esta forma una vez más «gambetearemos» a «Caronte» que con su barca y remo en mano siempre se muere de ganas de conducirnos al infierno.

Es que de una vez por todas se debe advertir y colocar en el centro del «bocho» a los que les corresponda, que no podemos llevar a la gente de las narices; no podemos ni debemos exigirles que dejen las convicciones de lado y asuman los asuntos y los hechos como un acto acto de fe, de acatamiento o de sumisión.

En lo personal no da lo mismo una formula presidencial, no es una cosa, es algo que en política y para los que la sostienen apasionadamente saben que es importante y tiene que ver con lo que vengo diciendo.

La democracia que tanto nos ha costado y que aprendimos con sangre a valorarla, supone que todos los partidos en principio se presentan de la mejor y más atrayente forma a los efectos de alcanzar la victoria en una contienda electoral. Es a partir de este particular que me interesa específicamente lo que en tal sentido resuelva el Frente Amplio.

Es cierto, lo tengo claro y muy presente que importan los programas y más los resúmenes de los mismos, es decir las 3 o 4 ideas fuerza y propuestas concretas que se planteen a la ciudadanía y en ese sentido tiene mucha importancia la credibilidad que los integrantes de una formula.

Es por ello que a la hora de decidir tan importante asunto los frenteamplistas, al menos los que conozco y son muchos se interesan porque en los debates se incluya el sentir colectivo de sus integrantes y cuando digo colectivo no son unas decenas entre cuatro paredes.

Y como la primera regla democrática empieza por casa y la ciudadanía, el pueblo frenteamplista, que fue a las urnas el pasado 30 junio decidió quién debía ser el candidato más votado y como resultado también estableció un orden de preferencias. Hasta ahí todo como la voluntad manda.

Se podría sostener pero ya entrando en una zona de polémicas que el que gana decide la fórmula. Discutible o no. Guste o no. Pero nadie antes advirtió reglas a seguir en este asunto.

Pues bien, en este estado de cosas, tomada la decisión por Martínez, quien definió por sí y ante sí, quién debe ser la persona que complete la fórmula, asumió en ese mismo momento una responsabilidad personal ya que aquí la única voz que escuchó fue la propia y esto no es un detalle si no algo crucial.

Digo esto porque al día de hoy y al menos permítanme manejarlo como hipótesis de análisis político; el Frente Amplio tendría una intención de voto que ronda el 30 por ciento del padrón electoral.

La pregunta inmediata a responder debería ser no el nombre, no la persona, no si se debe tratar de una mujer, si no quién, qué individuo posee un perfil que sea respaldado por una trayectoria cierta, examinada y probada que ayude a construir un discurso, basado en la racionalidad, con autocríticas, exento de falacias, prepotencia y soberbia, que desde la humildad demuestre los resultados satisfactorios y positivos de 15 años de gestión de gobierno y además lo haga hablándole no a un grupo de amigos, no a una hinchada que como dicen los cánticos «te sigue a todas partes», si no que le hable al casi 70 porciento de la ciudadanía que también es pueblo humilde y trabajador que nos votó pero ahora duda o que nos votó pero que está enojado con nuestras incoherencias o que sencillamente nunca nos acompañó y son mujeres y hombres obreros, asalariados, intelectuales, productores, comerciantes, empresarios, campesinos, estudiantes, jubilados y pensionistas que a día de hoy no nos van a votar.

Esa es la cuestión

Por otro lado, existe otro aspecto que me veo obligado maduramente a señalar y me preocupa, porque le doy vueltas en el «balero» y no me gusta; peor aún no me cierran los descargos y explicaciones de la propuesta candidata a la vicepresidencia Graciela Villar que presenta en torno a su título, principalmente por su «oscuridad» argumentativa y por los hechos que llevó adelante, como son precisamente las modificaciones realizadas en todos sus perfiles por «motu propio» y no por razones exógenas.

Lo que me pregunto es ¿por qué razón si alguien de buena fe no se arroga un título que no le corresponde y se trata de una «simple confusión» terminológica, digamos por razones de época, alteró recién ahora lo escrito como presentación curricular durante años?

Para algunos esto puede ser un tema menor. Pero no fue en el caso de Raúl Sendic. No debo abundar sobre el peregrinaje que el FA debió recorrer para que éste renunciara al cargo institucional que es ni más ni menos el de vicepresidente electo de la República y pudiéramos «salvaguardarnos» del «título de Sendic» y que el asunto estuviese fuera de la contienda electoral.

Me late como dicen los mexicanos, pero lo confirmo con la mayoría de frenteamplistas que conozco, que les molestó profundamente pasarse una semana (por ahora) defendiendo el título de Graciela Villar.

Quiero pensar que a ningún fiscal se le va a ocurrir «conocer» penalmente en este asunto dentro de un mes cuando la campaña este iniciada o a fines de setiembre cuando una «estocadita» pudiese arrastrarnos a la arena.

Me cuestiono porque Nicolás Grab aún no aparece para dejarnos tranquilos a todos los frenteamplistas y con el Tribunal de Conducta Política se pronuncia con el contenido que sea pero con la misma contundencia que en el caso de Sendic para saldar este aspecto.

Por que al final de los finales se podrán ganar elecciones pero corremos el riesgo de perder o en el mejor de los casos lesionar gravemente el más sagrado principio que han defendido generaciones de frenteamplistas y en primer lugar sus mártires y los que sobrevivieron y se hicieron romper los huesos y el alma que es el Principio de la Verdad.

Soy de los que creo que a los compañeros siempre la Verdad, al pueblo siempre la Verdad porque este es el único camino para que no tengamos que elegir como tuvo que hacerlo Jorge Semprún cuando siguió el proceso del patriota checo Josef Frank compañero suyo en el campo de Buchenwald acusado vilmente de ser agente de la Gestapo para morir en la horca y en ese entonces Semprún en aras de la causa sentenció: «prefiero la mentira dentro del partido a la verdad fuera del partido».

LINK ORIGINAL: La Republica

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