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HEMEROTECA: ¿Se acuerdan del otrora Miguel PAQUETICO Rodríguez, EL SUPUESTO HIJO DE Jóvito Villalba?…

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Entornointeligente.com / HEMEROTECA: ¿Se acuerdan del otrora Miguel PAQUETE Rodríguez, EL SUPUESTO HIJO DE Jóvito Villalba? Este personaje fue el arquitecto del gran paquetazo que nos condujo al 27 de febrero de 1989, mejor conocido como el CARACAZO. Una tragedia total. El Departamento de Estado norteamericano, al igual que lo había hecho con Rómulo Betancourt, había estado entrenando a CAP para que asumiese la presidencia de la República bajo el modelo de la Doctrina Betancourt (entiéndase la Doctrina Harry Truman).

Pues bien, aquel 2 de febrero de 1989, apenas 25 días antes de la más grande sublevación en Venezuela del siglo XX, se encontraba en la sala Ríos Reyna del Teresa Carreño lo más granado del mundo político internacional: Alan García, Enrique Iglesias, Virgilio Barco, Willy Brandt, Felipe González, Jimmy Carter, Daniel Ortega, Fidel Castro, Dan Quayle, Mario Soarez, Julius Nyerere, Julio María Sanguinetti, Alí Subroto, Joaquín Balaguer, Joao Baena Soarez, José Sarney, Virgilio Cerezo, entre otros.

El pueblo venezolano no salía de su asombro. Argenis Rodríguez había escrito en 1980, ocho años antes de aquella reelección de Carlos Andrés Pérez, que este había sido acusado de haberse enriquecido ilícitamente durante sus funciones como gobernante, y que con toda la tranquilidad del mundo se había lanzado otra vez a la calle a reconquistar a las masas. Además: que no se perdía un juego de béisbol, asistía a todas las corridas de toros, iba a los combates de boxeo, caminaba por las calles y que levantaba los brazos si alguien lo vitoreaba.

Sin embargo, en Acción Democrática (AD) –dice Argenis– lo acusaban de apropiación indebida, de peculador, de haber malversado fondos públicos. Lo acusaban de asociación con tres mujeres que, de simples secretarias, se volvieron las más ricas de Venezuela y vivían en el exterior, concretamente en Nueva York.

CAP, fresco como una lechuga, le decía a la militancia de su partido que él se encontraba sereno, que se mantuvieran serenos como él lo estaba, que confiaran en la victoria de la justicia: ” Si me ven rico llámenme ladrón” decía muerto de la risa, y a decir verdad no es que se le viera rico, sino que parecía y actuaba como el más rico del mundo occidental.

Sigue diciendo Argenis:

CAP era mentiroso, rastrero, inculto, inescrupuloso, putañero, ladrón, negociador de tierras, fragatas, barcos inservibles con los que ganó grandes comisiones. Enriqueció a Cristina Datos, escondida Dios sabe dónde. El Congreso la solicitaba para interpelarla. La Comisión contra el Enriquecimiento Ilícito la buscaba como palito de romero. El juez Marcano Battistini deseaba interrogarla, pero Cristina Matos no aparecía. Se la tragó la tierra. El único que sabe donde estaba era su amante, el todopoderoso CAP, el temible CAP, el pistolero CAP. CAP amenaza, CAP le grita a sus «compañeros de partido”: —Al que mencione a Cristina le meto un tiro.

Todo esto lo escribió Argenis en 1980, y casi nadie o nadie le paró ni le hizo caso. Estas cosas nunca las dijo alguien en el Partido Comunista, ni mucho menos Douglas Bravo como tampoco canallas de la talla de Teodoro Petkoff, Pompeyo Márquez, Américo Martín, Moisés Moleiro o Gabriel Puerta. Las dijo un escritor que no estaba dedicado a la política de partidos, y que fue un incomprendido en aquel país vuelto mierda.

Seguía diciendo Argenis:

CAP le sacó un revólver al diputado Arturo Hernández Grisanti y por poco no disparó. Él siempre ha sido así, violento, y en veintidós años de democracia ha ordenado la muerte de unas quince mil personas, sin contar desaparecidos. CAP se dice macho, valiente, fregado. Lo dice, lo pregona. Su casa está blindada. Es un verdadero búnker. Tiene un ejército privado. Controla las llamadas telefónicas. Tiene una lista de personas con quienes arregla cuentas. Porque él matará u ordenará la desaparición de todos aquellos que escribieron contra él y lo llamaron ladrón, putañero, asesino, mantenedor de prostitutas, rico ilegal, cobrador de comisiones, extorsionador, torturador, estafador. Él le arreglará las cuentas a todo aquel que dijo que sus hijas se casaron con estafadores. El hará desaparecer a sus acusadores ante la mirada cómplice de la policía y del doctor Feo quien se encargará de justificarlo y defenderlo ante los tribunales. Con CAP están los que se enriquecieron y mataron durante su quinquenio. ¡Ay de aquel que se atraviese en su camino! Se atravesó Jorge Rodríguez y murió en una celda. Fue golpeado hasta morir. Se atravesó el penalista Carmona y fue acribillado a balazos en medio de una multitud que huyó despavorida. Sus hombres asaltaron y ametrallaron una pensión en Valencia y mataron a todos los que ahí dormían. Los asesinos eran alumnos del doctor Feo y el doctor Feo no le rinde cuentas a otro que no sea CAP, su jefe absoluto, su dueño y señor. Los jueces tiemblan ante el doctor Feo y al doctor Feo y a sus jueces y abogados los llaman La Tribu de David. El país está pasando por un mal momento. Los asesinos se han reencontrado porque la justicia quiere atrapar al pandillero Diego Arria, saboteador del avión del candidato presidencial Renny Ottolina y ladrón de los terrenos de Antímano, El Cementerio y Camurí Grande. Y si el doctor Feo es la mano derecha de CAP para los asuntos «legales», Arria es la mano izquierda para los atentados y latrocinios. A CAP lo atacan, pero tímidamente, desde algunas publicaciones. CAP, por eso se ríe y dice: ¡Saldré limpio, saldré incólume. Soy víctima de una falacia, de una confabulación!

Y añade Argenis:

Y como es Senador Vitalicio y cuenta con eso que llaman inmunidad parlamentaria viaja todas las semanas a encontrarse con su amante. Un día se ven en Nueva York. Otro día en Lisboa. Otro día en Marbella, donde bailan hasta el amanecer. Otro día se encuentran en Cúcuta, o en Madrid, o en Londres, o en París o en Oslo; en todos esos sitios tienen chalets, mansiones, casas, apartamentos. Su amante es una protegida de los gobiernos del mundo occidental, y su cuenta, su fabulosa cuenta, goza del secreto bancario. El Estado venezolano, por una carta de crédito que firmó la Corporación Venezolana de Fomento, está obligado a pasarle veinte millones de dólares anuales a la Cristina Matos.

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