Fuente de la imagen, Oleksandr Ivanov's Instagram Durante 1.495 días, el mundo del mayor Oleksandr Ivanov se redujo a un cubículo de hormigón. Este infante de marina ucraniano fue capturado durante los combates por la ciudad de Mariúpol y encarcelado en una celda húmeda y gris de una colonia penal rusa. No tenía contacto con el mundo exterior ni forma de saber si su país seguía en pie, o siquiera si su esposa y su hijo pequeño estaban vivos. Pero, en medio de aquellos días oscuros, encontró algo que le ayudó a mantener vivo el espíritu. Antes de la invasión rusa a gran escala de Ucrania, Oleksandr era un hombre entregado a su deber, que servía como mayor en la 36.ª Brigada de Infantería de Marina. Sin embargo, la primavera de 2022 lo cambió todo. Su último recuerdo de la ciudad ocupada de Mariúpol no era de tácticas de combate, sino del "olor a muerte que impregnaba el aire". Su esposa, Nelly, recuerda aquella última y angustiosa llamada. Final de Más leídas "Me dijo: 'Esta es la última vez que tendré contacto contigo'", relata ella. Días después, un breve mensaje de texto confirmó que había sido capturado. Fuente de la imagen, Metin Aktas / Anadolu Agency via Getty Images ImprobableEl nuevo podcast de BBC Mundo sobre un amor que triunfó contra todo pronóstico Episodios Fin de Podcast Oleksandr pasó tres de sus cuatro años de cautiverio en una colonia de la región rusa de Mordovia. Estaba recluido en una celda pequeña junto a otras ocho personas, que pasaban la mayor parte del tiempo de pie. La celda contaba con un inodoro y un lavabo de agua fría, una pequeña pastilla de jabón, un tubo de pasta de dientes y un único rollo de papel higiénico que debían compartir entre todos cada semana. Una vez cada tres o cuatro días se les permitía caminar durante un periodo de entre dos y cinco minutos. Recibían comida caliente tres veces al día, pero su calidad y cantidad eran tan deficientes que Oleksandr perdió 30 kilos durante su cautiverio.
Fuente: BBC Mundo — Ver nota original