Griselda Reyes: Los pocos de mucho vs. los muchos de poco - EntornoInteligente

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“Nadie está más perdidamente esclavizado que aquel que falsamente se cree libre” (Johan Wolfgang Goethe)

Ya entramos en el cuarto mes del año y en apenas poco más de mes y medio estaremos enfrentando un nuevo proceso electoral donde serán elegidos tanto el Presidente de la República como los diputados a los Consejos Legislativos regionales y los ediles a los Concejos Municipales.

Creo que la peor decisión de los opositores al gobierno de Nicolás Maduro es no votar. De alguna manera quienes hoy prefieren abstenerse le están dejando el camino libre al régimen para mantenerse seis años más en el poder – y cuidado si no más, porque desconocemos las cartas bajo la manga que posee la Asamblea Nacional Constituyente con su proyecto de Carta Magna cuyo contenido no avanza en discusión –.

Con todo el respeto que se merecen quienes defienden la tesis de no votar, pienso que dejarle la puerta abierta a ese 20% que hoy es minoría, es un suicidio político. Estamos conscientes de que no hay reglas claras y que el CNE aprobará normativa tras normativa cada vez que el partido de gobierno vea que no tiene opción de ganar.

Y si no acudimos a las urnas ¿Quién podrá documentar y denunciar las trácalas que harán en los centros de votación? Pasará como cuando se escogió la Asamblea Constituyente: dirán en esta oportunidad que 10 o 12 millones de venezolanos, ratificaron a Nicolás Maduro en la presidencia. Estamos de acuerdo que nadie creerá tales cifras, pero a un régimen que le importa poco la opinión de terceros, dudo que le importe mucho el desconocimiento de los resultados, venga la crítica de donde venga.

Sabemos que la ANC no obtuvo los más de 8 millones de votos que la irreversible Tibisay Lucena aseguró contabilizaron el 31 de julio del año pasado. Es que ni siquiera la página web del CNE publicó los resultados de esa elección de segundo grado a la cual sólo asistieron los militantes acérrimos del Psuv y los venezolanos sometidos por los perversos mecanismos esgrimidos por el gobierno: el hambre y la necesidad.

¿Acaso les importó que la propia empresa Smartmatic, contratada por este mismo gobierno desde el año 2004 para adelantar todos los procesos electorales, denunciara públicamente que el CNE había manipulado los resultados de la ANC? No. Y allí está la Constituyente ilegal e ilegítima decidiendo el destino de 30 millones de venezolanos, mientras el 80% de la población aún deshoja la margarita sobre si participar o no en las próximas elecciones.

Con condiciones económicas y sociales infinitamente peores que en julio de 2017, hoy Nicolás Maduro no podría capitalizar 10 o 12 millones de votos. De acuerdo con los conocedores de la materia, como mucho podría acumular 5 millones de sufragios a su favor: integrantes del Psuv y del nuevo partido Somos Venezuela, más los beneficiarios de las misiones sociales.

Es increíble como en una semana tan crucial como la Semana Santa, quienes se dicen líderes de oposición permanecieran impávidos a la crisis humanitaria que vivimos desde hace meses. Los únicos que se mantuvieron activos denunciando los atropellos a los derechos más fundamentales de todo ser humano y tendiendo la mano a los más necesitados, fueron los sacerdotes y un grupo de organizaciones no gubernamentales que se acogió al llamado de las distintas iglesias, de asistir a los pobres y menesterosos haciendo donativos en comida.

Algunos que otros “políticos” y solo para agarrar centimetraje en los medios, se pronunciaron ante la pavorosa situación presentada en los calabozos de la policía del estado Carabobo el miércoles santo y después…silencio absoluto.

Es triste que esas agrupaciones que dicen “capitalizar el descontento popular” hayan desaprovechado estos días para reunirse con los más afectados y siquiera llevarles un mensaje de aliento y esperanza. No me canso de preguntarles ¿están pensando en Venezuela o en sus intereses particulares y ambiciones mezquinas? Ese cortoplacismo con el cual “planifican” nos tiene a todos los venezolanos parados en el extremo de un acantilado.

Los más recientes estudios de opinión aseguran que por lo menos el 70% de los venezolanos está dispuesto a votar. Y si eso es así, ¿por qué nos alienamos o nos dejamos alienar por un grupo que no tiene noción de los pasos a seguir?

En otra oportunidad, escribí acerca de la “alergia” – por llamarla de alguna manera – que ha desarrollado la mayoría de los venezolanos a la hora de tomar decisiones por voluntad propia en materia política, esperando que alguien salido de la nada resuelva este caos en el que todos estamos metidos y del cual todos estamos obligados a salir ¿Por qué nos cuesta tanto asumir nuestro rol de ciudadanos? ¿Por qué nos cuesta entender que cada uno de nosotros es protagonista del cambio, aun cuando las circunstancias no sean favorables?

Cuando alguien me dice que “no hay condiciones electorales”, los atajo de inmediato porque yo, Griselda Reyes, no acepto un “no se puede” como respuesta ante una crisis de la magnitud que estamos viviendo. Es la vía más fácil, la de los derrotados antes de la batalla.

Es tarea de todos vencer esa desesperanza aprendida y el primer paso a dar para lograrlo es ir a votar, a pesar de las adversidades, porque no hay otra opción de vencer.

Sólo imaginen si Simón Bolívar se hubiese detenido a pensar en todos los escollos que tenía que vencer para liberar a Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia del dominio español… Y Bolívar tenía cómo irse de Venezuela porque era mantuano, un rico de cuna. A sabiendas de las adversidades, abandonó todo y siguió firme en su lucha por independizarnos del yugo español.

Ahora bien ¿Qué se puede hacer? Lo que esta Semana Santa hicimos muchos de quienes pertenecemos a la fundación Gente en Positivo: conversar con quienes aún forman parte de ese 20% de la población que sostiene a un régimen hambreador.

Debemos dar ese primer paso para comenzar a vencer la desesperanza aprendida. Ese 20% señores, vive en una incertidumbre permanente, porque no sabe qué va a ocurrir y porque al no tener un modo de ganarse la vida, debe esperar por el accionar de quienes lo someten.

Hoy vemos a pueblo robando a pueblo. Cuando surgen mafias como las de los bachaqueros de alimentos, los traficantes de medicinas y los compradores de efectivo – entre otros –, ellas son solo el reflejo de una sociedad pervertida que además intenta sobrevivir en un país devastado por políticas inadecuadas.

Escribiendo este artículo recordé el Principio de Pareto o la regla del 80/20, que es una teoría que mantiene que el 80% de las consecuencias de una situación o sistema se determina por el 20% de las causas.

Si bien es un principio económico, lo podemos trasladar al ámbito político señalando que el 20% de la población (los pocos de mucho) ostenta el 80% del poder político y la abundancia económica, mientras que el 80% restante (los muchos de poco), no tiene influencia política ni acceso al reparto de bienes naturales o la riqueza de la nación.

Si un 20% de las causas generan el 80% de los problemas, ¿por qué nos vamos a abstener de revertir ese porcentaje? Mi llamado es a la sensatez y a no dejarnos embaucar por un grupo minoritario que llama a la abstención como “mecanismo de presión” a un régimen que no es democrático.

Vote por quien quiera, pero no permita que ese renglón del cuaderno electoral que lleva su nombre y apellido y su número de cédula, sea llenado por un extraño que además lo estaría defraudando al usurpar su identidad.

Abstenernos y cruzarnos de brazo no nos llevará a ningún lado, a menos que entre sus planes esté abandonar el país en los próximos meses.

Lic. Griselda Reyes

En Twitter, Facebook e Instagram: @greyesq

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