Lapatilla agosto 13 2026, 8:02 amPosteado en: OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Hay una pregunta que me ronda hace tiempo y que creo que no estamos haciéndonos con suficiente seriedad: ¿qué pasa el día después de que la oposición venezolana gane la presidencia? No lo digo para sembrar dudas. Lo digo porque la historia tiene una respuesta muy concreta a esa pregunta, y esa respuesta debería estar en el centro de cualquier negociación que se esté llevando a cabo hoy. Suscríbete aquí para hacerle seguimiento diario al rescate de Venezuela tras los sismos En febrero de 1990, Violeta Chamorro le ganó a Daniel Ortega en Nicaragua. El resultado fue tan claro que hasta el propio Ortega lo reconoció públicamente esa misma noche. El mundo respiró aliviado. El sandinismo había perdido. La democracia había ganado. Excepto que no fue exactamente así. Los sandinistas se fueron del palacio presidencial de Managua, pero no se fueron a ningún otro lado. Se quedaron en los sindicatos, en las estructuras territoriales, en las instituciones que nadie pensó en renovar porque la presidencia ya era señal suficiente de victoria. Y desde ahí bloquearon, sabotearon y vaciaron de contenido buena parte de lo que Chamorro intentó hacer durante siete años. El desenlace ya lo conocemos. Daniel Ortega lleva más de 17 años nuevamente en el poder, y al día de hoy no se ve, por lo menos a mediano plazo, de que algo pueda cambiar en ese país. El pasado 20 de julio de 2026, en el acto de conmemoración del 47 aniversario de la revolución sandinista, el propio Ortega lo dijo sin rodeos: “Aquí no volverá a haber elecciones, para q
Fuente: La Patilla — Ver nota original