Espido y Fernando, cuando se unen la literatura y el espectáculo - EntornoInteligente
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Espido Freire y Fernando Marías, dos reconocidos y laureados escritores españoles, desembarcaron en tierras dominicanas para dejar saberes y buenas sensaciones, producto de sus variadas destrezas y de su constancia y compromiso supremo con el arte de la palabra.

Ambos no solo escriben profesionalmente. También son muy capaces de subirse a las tablas para transmitir al público conocimientos, sentimientos y emociones. Por esto estuvieron varios días en Santo Domingo, donde presentaron el monólogo “Esta noche moriremos”, en el Centro Cultural Banreservas, una interesante apuesta del Banco de Reservas y la marca “Coordenadas literarias” para hermanar mucho más a la literatura y al teatro.

“Esta noche moriremos” es una propuesta que incluye dos monólogos, uno de Freire y otro de Marías, con los que se plantearon mostrarse, encontrarse con el público y tratar de enterarse de sus reacciones.

“La realidad y la ficción, a veces, tienen una frontera muy difícil de definir. A veces vemos cosas ciertas que nos parecen mentiras, increíbles, y otras veces algunas cosas de ficción parecen estremecedoramente reales”, reflexiona Marías.

Y se explaya: “La propuesta es plantear dos historias que hacen pensar al público y que le sugieren que trate de averiguar cuál es el porcentaje de verdad y cuál es el porcentaje de mentira de lo que proponemos. Son dos historias que a ambos nos ocurrieron realmente con un grado mayor o menor de dramatismo en ambos casos. Y eso es lo que pretendemos, que el público trate de decir: ¿hasta dónde dice la verdad Espido?, ¿hasta dónde dice la verdad Fernando?

Freire, que recibió el Premio Planeta 1999 por la novela “Melocotones helados”, cuando apenas tenía 25 años, expresa que como en todo juego pretenden emocionar, conmover, sorprender, y, ¿por qué no?, “enfurecer un poquito”.

“Si no hay juego, si en un momento determinado el público no se involucra y no se siente parte de una escalera de emociones es complicado que esté donde nosotros queramos que esté. Para mí es particularmente muy importante la reacción del público femenino, dada la historia que cuento. Dado mi monólogo, generalmente suelen ser ellas las que de una forma más inmediata y visceral ofrecen una reacción y eso es interesante porque al fin y al cabo es un siglo en que las mujeres tenemos más cabida y la voz de la mujeres de una manera o de otra se está escuchando con mayor claridad”, afirma.

Muchas sensaciones Fernando Marías se refiere con entusiasmo a su experiencia en el escenario. Recuerda que desde niño quería ser actor, pero no tenía el valor para hacerlo.

“Siempre ansié esa sensación de subirme a un escenario y enfrentarme al público para narrar una historia, para interpretar un papel. ¿Qué ocurre? Que eso lo hemos hecho ambos muchas veces… Es decir, ponerse ante el público como escritor para hablar de tu libro en una mesa redonda, es una cosa que no tiene la misma intensidad”, expresa.

Cierto. Aparecer en el proscenio causa otras emociones y Marías lo explica.

“Cuando vas a salir al escenario hay una sensación de soledad, porque de alguna manera dices en este momento yo salgo a contar una historia y durante X minutos tengo el reto de mantener a ese público enganchado a lo que se cuenta. No tiene nada que ver con lo que es una conferencia, con lo que es una mesa redonda”, agrega.

A Marías le sigue fascinando que siempre el espectáculo es diferente.

“Es decir, depende de donde se haga, de cómo, del tipo de respuesta del público. Lo notamos en lo invisible, en cómo se pone algo en marcha que hace, a veces, extremar un poco el dramatismo, ir incluso un poco al humor”, dice.

Al ganador del Premio Nadal 2001, por la novela “El niño de los coroneles”, le sigue gustando esa sensación única que le provoca que justamente un minuto antes de salir a escena su cuerpo está en una tensión nerviosa muy alta y en cuanto sale ante el público esto se disuelve y se queda “flotando en una extraña nube de paz” que le “permite continuar y disfrutar”.

Freire, una prolífica escritora que maneja todos los géneros literarios, es muy diestra en las lides de la comunicación, incluso en las famosas redes sociales.

Además, ha tenido peculiares experiencias en el mundo del espectáculo porque fue cantante lírica.

“En mi caso lo más importante es el público y la conexión con el público. Lo importante se encuentra en cómo llegar con voz, con cuerpo, con gesto, a cada uno de los espectadores y cómo se produce una unión invisible”, afirma.

A ella no le parece que la oscuridad sea un obstáculo para sentir que el público está con ella o no. “Y eso es lo que a mí más me gustaba del mundo en el que me encontraba de adolescente. El contacto con el público desde el escenario es lo que he recuperado”, señala,

Freire fue seducida por la literatura y dejó atrás su carrera de cantante. Se ha consagrado como autora de poemas, ensayos y novelas.

Pero recordando ese pasado deslumbrante, dice: “Era muy jovencita. Empecé siendo una niña, estudiando música. Es algo que tiene una gran tradición en el País Vasco, que es de donde yo provengo. Yo comencé a cantar y a viajar con 14 años. Ni siquiera mis padres venían conmigo. Entonces en el momento de decidir una carrera profesional, universitaria, para mí era evidente que lo que quería hacer era escribir y para poder escribir necesitaba formarme en literatura y en lengua y quizás la música, siendo un mundo apasionante, carecía para mí de lo importante. Mi pasión no era lo suficientemente grande. Donde yo me encontraba feliz era en un rincón cuando escribía o leía”.

A Freire, quien como Marías confiesa que es feliz escribiendo, le gusta experimentar. “La cabra tira al monte y después de muchos años escribiendo, leyendo y viajando y probando una dimensión distinta de contacto con el público, la posibilidad de volver a experimentar, de entrar el contacto con el público, por medio del teatro, no me resulta extraña”.

Compartir este elemento Formación y recorrido Cuando ganó el Premio Planeta con su tercera novela, la escritora Espido Freire tenía una licenciatura y una diplomatura en filología inglesa y en edición de textos. Entonces, publicaba una columna en El País del País Vasco y otra en La Razón , medios españoles. Además, ella trabajaba como traductora, participaba en conferencias y encuentros, creaba y escribía incesantemente.

LINK ORIGINAL: Diario Libre

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