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EntornoInteligente | Ni una palabra de más ni un cálculo de menos en Boeing

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Casado, tiene dos hijas enfermeras y tres nietos (dos chicas y un chico), que son el “centro de gravedad” de su vida ahora mismo. Para conectar con el “hemisferio emocional del cerebro” toca la guitarra. Llegó a empezar la carrera de guitarra clásica; tiene un estudio casero en el sótano, donde arregla canciones. “Como otros hacen yoga para limpiar el cerebro y equilibrar el estrés”. Con la pandemia, eso sí, ha dormido por primera vez desde el instituto 365 días seguidos en su casa, aunque está deseando que eso cambie

Un español al frente de la I+D internacional del gigante Boeing. José Enrique Román (Madrid, 1959) tiene las ideas claras, y busca, como los directivos de otros muchos sectores, la forma de evolucionar hacia los combustibles verdes. Es el nuevo vicepresidente de Boeing Research & Technology – Global Technology, puesto que ocupaba en funciones desde hacía unos meses. También seguirá a la cabeza de Boeing Research & Technology – Europe desde la sede europea en Madrid, muy cerca del aeropuerto de Barajas.

En su nuevo papel, liderará la presencia y las colaboraciones del grupo en todo el mundo: tiene centros en Australia, Brasil, China, Reino Unido, Alemania India, Corea del Sur y Rusia. El laboratorio madrileño, abierto en 2002, fue el primero de Boeing fuera de Estados Unidos. Como él explica: “Innovación se hace en muchas unidades del grupo, pero esta es la central, y se ocupa de la parte internacional y la actividad exterior”.

Casado, tiene dos hijas enfermeras y tres nietos (dos chicas y un chico), que son el “centro de gravedad” de su vida ahora mismo. Para conectar con el “hemisferio emocional del cerebro” toca la guitarra. Llegó a empezar la carrera de guitarra clásica; tiene un estudio casero en el sótano, donde arregla canciones. “Como otros hacen yoga para limpiar el cerebro y equilibrar el estrés”. Con la pandemia, eso sí, ha dormido por primera vez desde el instituto 365 días seguidos en su casa, aunque está deseando que eso cambie.

Sus cuatro abuelos eran de Cádiz; su padre emigró a Madrid, donde nació él, y al mes se tuvieron que mudar a Córdoba. Luego salió del nido para estudiar Ingeniería Industrial en Sevilla. El trabajo fin de carrera, sobre energía solar de alta temperatura, lo hizo en la Plataforma Solar de Almería. “Éramos pioneros”, recuerda. “Me encantaba el ambiente internacional”.

Luego le ofrecieron trabajar en CASA, la empresa aeroespacial que sería absorbida por EADS, actual Airbus. “Este sector reúne las tres cosas que más me gustan a nivel profesional: es intensivo en tecnología; tiene una vertiente industrial, de hacer cosas para que las use la gente; y el entorno internacional”.

Ocupó diferentes puestos en la Fundación General de la UNED, en la Universidad Rey Juan Carlos y en el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), “ayudando a las empresas”. Primero trabajó en el área espacial, como interlocutor con la ESA, y luego ocupándose de toda la parte internacional: relaciones con la UE, red de oficinas exteriores… “Algunos amigos que aún mantenemos relación guardamos allí parte de nuestro corazoncito.”

Más tarde volvió al ámbito privado para montar la empresa Tecnológica, ahora Alter Technology, y englobada en el grupo alemán Tüv Nord. A principios de siglo llegó a Boeing: primero como director de ingeniería y programas de BR&T-E, y desde 2013, como director general. Como jefe, dicen que sabe crear entornos de confianza, que tiene una brillantez natural para moverse entre profesionales con un gran nivel intelectual, y para trabajar con aviones, en los que hay que proteger la vida de las personas.

La empresa

BR&T cuenta con unos 4.000 empleados en plantilla, que trabajan en sus siete centros de I+D y sus cuatro oficinas de investigación; además, colabora con compañías, universidades, Gobiernos y consorcios de 21 países. El reto, explica Román, es mejorar las prestaciones y los aviones con el foco en la seguridad y la sostenibilidad, apoyándose en los más punteros en tecnología. Uno de sus proyectos es desarrollar en Aragón una planta de biocombustible para sustituir el queroseno de los aviones con el fin de reducir en un 50% la contaminación de la atmósfera para 2050. “La idea es probarlo en un ámbito territorial acotado, conseguir que sea autosuficiente, y luego escalarlo”, explica. Se trata de aprovechar la masa forestal y los residuos urbanos como materia prima. BP, CHL (almacenamiento y transporte de hidrocarburos) y Aena participan en la iniciativa, al igual que el gobierno regional.

“Román lo vio claro hace dos años. Es una estrategia muy a largo plazo, y anterior a la pandemia”, cuenta Jesús Arauzo, investigador de la Universidad de Zaragoza, que le conoce desde hace un trienio, “pero como si fueran dos décadas”. Resalta de él “su absoluta cordialidad, su serenidad y su tranquilidad. No hay una palabra de más. Sabe perfectamente cómo estructurar los temas. Inspira muchísima confianza, sabe lo que quiere hacer, los pasos que dar. Sabe escuchar y tiene una seguridad innata, clarividencia.”

Juan José Alba, compañero de Arauzo, conoce desde hace tres décadas a John Tracy, que fue jefe tecnológico de Boeing, y desde hace seis años al nuevo vicepresidente de I+D, que es “una gran persona. Sabe diseccionar muy bien los problemas, los aspectos clave. La complejidad de una idea no le disuade de nada. Es claro: si es que sí, te dice que sí, si es que no, que no”. Como dice Arauzo, “a calzón quitado”.

Cuenta Alba que una vez se les atascó un proyecto por razones del entorno, no técnicas, y que llamó a Román: “No me apetece renunciar”, le dije. Él respondió: “A mí tampoco”. Y pensé: “Ya sé quién es esta persona: es alguien que nunca tira la toalla. Es tenaz”.

Aunque su visión es de largo alcance, Román no dejará de mirar por el rabillo del ojo la situación general de su empresa, inmersa en la profunda crisis del Covid, y que todavía arrastra los ecos de los problemas del 737 MAX. Vuelva como vuelva a reactivarse el transporte aéreo, el objetivo de todos es que sea más verde.

El grupo Boeing presentó el miércoles pérdidas anuales de 12.000 millones de dólares, tras asumir un nuevo cargo de 6.500 millones antes de impuestos por un programa de aviones que se retrasa.

Los ingresos cayeron un 15% en el trimestre, sobre todo por la menor venta de naves comerciales; la defensa gana peso en el negocio, también gracias a las tensiones geopolíticas.

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