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¿En verdad ocurrió el abrazo de Acatempan?

Entornointeligente.com / Pocos sucesos han sido tan abundantemente representados como aquella reunión, sostenida a principios de 1821 entre el líder insurgente, Vicente Guerrero, y el coronel realista Agustín de Iturbide. Desde hace 200 años, debates políticos aparte, esta historia se ha contado y representado para grandes y chicos, para políticos y ciudadanos la gran expresión de la unidad que dio lugar a la consumación de la independencia. Pero,¿sucedió en realidad?

Un niño de 1899 al que sus padres le hubieran comprado uno de esos cuadernitos de los Hermanos Maucci, de la llamada Biblioteca del Niño Mexicano, habría conocido una faceta, hoy casi desconocida, del escritor Heriberto Frías: productor de narraciones históricas para escolares. Y, acaso, su padre o su madre le leerían una historia titulada “El Héroe del Sur y el Abrazo de Acatempan, donde escucharía las palabras del emocionado don Heriberto, describiendo el encuentro entre Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide:

Guerrero consintió en entrevistarse con Iturbide comprendiendo las inmensas ventajas que podrían lograrse y que tal vez el término de la sangrienta lucha que desde hacía diez años desgarraba el seno de la patria estaba allí…”.

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Así, Frías volvía a contar una historia que llevaba sesenta años circulando y que, para el agonizante siglo XIX era parte de esa narración patriótica a la que se apelaba para recordar el complejo proceso en el que los novohispanos habían logrado ponerse de acuerdo para concretar la independencia de lo que se llamaría, en adelante, el Imperio Mexicano.

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Ese encuentro era conocido por todos los mexicanos de 1899 como “El Abrazo de Acatempan, y si le hubieran preguntado a alguien medianamente instruido, habría respondido, sin vacilar, que se trataba de aquel encuentro ocurrido a principios de 1821. Pero Iturbide ya estaba convertido en uno de los grandes villanos de la historia nacional, movido por la traición y la ambición, y Vicente Guerrero, congelado en el tiempo, en su perfil de insurgente heroico, participó en ello como visionario personaje. 

Ese encuentro, así esbozado se siguió contando por mucho tiempo; lo conocieron los escolares del naciente siglo XX, lo aprendieron los alumnos del naciente sistema educativo creado por el gobierno obregonista hace casi un siglo, y lo conocieron los primeros usuarios de los libros de texto gratuitos, a partir de 1960 y hasta 1973.

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Lo que nadie se molestaba en preguntarse era si tal encuentro había ocurrido como esa narración tradicional aseguraba, y si el dichoso abrazo había sucedido en realidad

LA CONSTRUCCIÓN DEL ENCUENTRO

Para dilucidar si el “Abrazo de Acatempan ocurrió en realidad, hay que asomarse a la correspondencia que, efectivamente, sostuvieron Guerrero e Iturbide en los primeros días de 1821. Ahí es posible ver los intentos del coronel realista por atraer a su causa al insurgente, las reticencias de Guerrero y la intrincada negociación epistolar que sí ocurrió para alcanzar una alianza política-militar

El primero que habla de un encuentro, fue un caballero, Vicente Rocafuerte, en un texto publicado en ese mismo 1821, llamado “Bosquejo ligerísimo de la Revolución de México, desde el grito de Iguala (sic) hasta la proclamación imperial de Iturbide“. Allí se habla del encuentro. Hay que decir que Rocafuerte es también autor de afirmaciones como la llamada Conspiración de la Profesa y de la participación de la famosa Güera Rodríguez en ella. Estas afirmaciones han sido puestas en tela de juicio en el pasado reciente por diferentes investigadores

En 1846, Carlos María de Bustamante repetía la historia de la entrevista, basado en el intercambio de misivas entre Guerrero e Iturbide, aunque sin un dato concreto de los detalles de la reunión, y mucho menos del abrazo

¿Tenía alguna otra fuente don Carlos María, que, a menudo, ha sido criticado por los historiadores modernos por agregarle demasiada literatura a sus escritos? Sí. Su referencia era una publicación de 1832; el segundo tomo del “Ensayo crítico de las revoluciones de México, desde 1808 hasta 1830”, de la autoría de Lorenzo de Zavala, cercanísimo a Guerrero y ministro suyo en su muy breve presidencia

Es Zavala quien, por primera vez, habla del detalle que se reproduciría docenas de veces, a partir de esa publicación: “las tropas de ambos caudillos estaban a tiro de cañón una de otra, Iturbide y Guerrero se encuentran y se abrazan” . A continuación, ambos personajes intercambian, según Zavala, discursos de buena voluntad

Pero Zavala no menciona, en ninguna parte al poblado de Acatempan. ¿Qué pudo ocurrir? Dada la cercanía que tuvo Zavala con Guerrero, es el insurgente convertido en presidente quien se vuelve su fuente esencial. Así, consigna un encuentro real, donde sería lógico pensar en un abrazo, sin que el gesto sea lo esencial de aquella entrevista. Sin embargo, el abrazo adquiere, en la pluma de Zavala, materialidad: lo convierte en un hecho y los discursos que supone se pronunciaron en la entrevista provienen de las cartas que sí son reales y que se intercambiaron a principios de 1821

Pero esta narración tuvo críticos muy pronto. Lucas Alamán basándose en un informe de Iturbide, publicado en la Gazeta de México, aseguró que tal encuentro no había ocurrido. Pero al correr de los años, el relato siguió repitiéndose. Julio Zárate, en la parte que le corresponde en el famoso “México a través de los Siglos”, repite la historia de Zavala acerca del encuentro, pero Acatempan sigue sin aparecer

El sitio del encuentro aparecerá en obras como el “Compendio de Historia de México” de Manuel Payno, aparecido en 1879 y que fue muy popular como libro de texto en todo el país, y se ubica el cuartel general de Iturbide en Teloloapan. Pero no hay abrazo

Muy probablemente, el creador del famoso abrazo es Ireneo Paz, jalisciense, abogado y periodista. En sus “Leyendas Históricas de la Independencia”, Paz narra como los dos jefes militares se apean de sus caballos; cómo se acercan, poco a poco, y cómo Iturbide es el primero en abrir los brazos. Es Paz quien imagina a las tropas de uno y otro bando, rompiendo a aplaudir, como si fuesen conscientes del momento histórico que atestiguan

Ya no extraña que, en 1900, Justo Sierra, en su “Evolución política del pueblo mexicano” hable del “famoso abrazo de reconciliación”. Así se construyen los símbolos; así se tejen las leyendas. Un detalle: a Iturbide, tanta riqueza literaria no le ha valido: la narración tradicional y superficial todavía pugna por mantenerlo en el infierno de los “villanos” de la historia

 

 

 

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