El sector comercial e industrial del municipio General Manuel Cedeño en el estado Bolívar enfrenta una situación de extrema vulnerabilidad debido al colapso de los servicios públicos y la infraestructura vial. Según denunció Fadia Halabi, presidenta de la Cámara de Comercio local, la actividad económica y el suministro de insumos esenciales se encuentran prácticamente paralizados. Esta crisis ha generado un efecto dominó que afecta toda la geografía de la entidad, limitando severamente las operaciones comerciales e industriales de la región.
Las condiciones de las carreteras principales representan uno de los problemas más críticos. La vía que conecta Caicara del Orinoco con Ciudad Bolívar, de apenas 360 kilómetros, se encuentra en estado deplorable, lo que obliga al transporte pesado a invertir hasta 12 horas en un trayecto que debería tomar entre tres y media a cuatro horas. Los vehículos particulares, cuyo viaje estimado es de tres horas y media, terminan demorando entre siete y ocho horas debido al pésimo estado del asfalto. Adicionalmente, la Troncal 19 en el tramo Los Pijiguaos-Puerto Ayacucho acumula aproximadamente 30 años de abandono gubernamental, reduciendo el tráfico a casi cero por ciento y convirtiendo cualquier desplazamiento en una verdadera odisea para los usuarios.
El desabastecimiento de combustible agrava aún más la situación económica del municipio. De acuerdo con datos de la Cámara de Comercio, Cedeño apenas recibe un promedio de dos gandolas de combustible al mes, aplicándose aún el sistema de escaneo y colas por terminal de número de placa. Las restricciones son severas: solamente se surten 30 litros de gasolina por vehículo, lo que crea un problema logístico insuperable considerando que movilizarse desde Caicara hasta Ciudad Bolívar requiere un mínimo de 60 litros, haciendo imposible garantizar el retorno seguro de las unidades.
La crisis también afecta al transporte fluvial y la infraestructura terrestre de acceso a las comunidades. El descenso de los niveles del río durante el periodo de verano dificulta significativamente el paso de las chalanas, mientras que toda la infraestructura del malecón y los accesos terrestres se encuentran completamente deteriorados. Esta realidad se agudiza aún más al evaluar el acceso a las parroquias más alejadas del municipio, donde la situación se vuelve crítica y limita la posibilidad de que las comunidades accedan a servicios básicos y oportunidades económicas.
Fuente: La Patilla — Ver nota original