Elecciones Departamentales: en sintonía frenteamplista - EntornoInteligente
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Por Ricardo Pose

No es una novedad pero conviene recordarlo: el Frente Amplio es una fuerza política compuesta por una coalición de organizaciones políticas y su movimiento de bases de todo el país, ambas con representación política en ámbitos de decisión.

Una fuerza de estas características –que suma un conjunto de variadas definiciones políticas e ideológicas, que representa en sus bases la diversidad política y social de todo el país– atraviesa claramente por constantes procesos internos de debates a la hora de tomar importantes definiciones.

Esos debates, a veces incomprensibles para observadores ajenos a la fuerza política, han sido presentados como obstáculos insalvables, que siempre auguraban el quiebre del Frente Amplio. Pero, también, han sido tratados de ser utilizados por los grandes medios de comunicación al servicio de los intereses de la derecha política, y por dirigentes de la propia derecha política.

En épocas donde las Redes se suman muchas veces desde lo emocional a estos debates, donde algunos dirigentes “se han dejado llevar” y entraron en la polémica mediática, es bueno recordar que sigue siendo aún el Frente Amplio.

Porque una vez más, luego de un proceso de debate, en Montevideo, pero también en el resto de las departamentales del país, el frente Amplio hizo su síntesis y resolvió en sintonía frenteamplista.

Heterodoxia

Los ciento dos delegados departamentales de Montevideo que representaban a las organizaciones políticas y las bases de Montevideo culminaron un primer proceso de debate que les permitió definir las tres candidaturas.

La posibilidad de llevar una candidatura única, como por ejemplo la de Yamandu Orsi en Canelones, refleja una corriente de pensamiento que rescata las definiciones de candidatura única que el Frente Amplio –desde 1971 hasta la candidatura de Ana Olivera como intendenta de Montevideo y en Montevideo– ha llevado adelante; valoran, además, que un candidato único es una mejor táctica de lucha electoral y fortalece la imagen de Unidad política y organizativa.

Fueron los delegados de la Coordinadora B (que comprende barrios del Parque Rodó, Palermo, Sur, Cordón), en este plenario del veintinueve de enero, los que presentaron una moción en el sentido de llevar una candidatura única, definiendo el criterio antes que el nombre.

Ya las elecciones departamentales pasadas, como hacía años venia pasando en varios departamentos del interior, Montevideo definió por unanimidad sus tres candidatos a la intendencia de Montevideo: Virginia Cardozo, Lucía Topolansky y Daniel Martínez.

Todos de izquierda, todos frenteamplistas, el Frente Amplio había comprendido que en ellos tres se reflejaban distintas sensibilidades.

Lo mismo ocurre hoy con Carolina, Álvaro y Daniel; representan distintas sensibilidades, confianzas y experiencias en los modelos de gestión en los que les ha tocado participar.

La heterodoxia llega al punto de que ya no sean candidatos que encolumnan corrientes de pensamiento históricamente afines, y para ejemplo sirva la candidatura de Álvaro Villar, apoyado entre otros por sectores como el MPP y gente escindida del Astorismo, como los conducidos por Mario Bergara.

Rompiendo moldes

En esta oportunidad, a diferencia del 2015, hubo elementos políticos que impactaron contra la costumbre orgánica de funcionamiento y de los procesos de discusión en el Frente Amplio.

La candidatura de Álvaro Villar –impulsada por la recolección de firmas de un primer puñado de militantes– y la presentación de Daniel Martínez –el primer antecedente en casi medio siglo de historia del Frente Amplio de que un candidato a presidente también se presente a intendente– removieron la interna.

En el caso de Villar, porque no venía de la trazabilidad del militante orgánico, ese huésped permanente de locales centrales y comités de base. Además de su reconocimiento por la herencia política impresa en su apellido, tenía una reconocida gestión al frente del Hospital Maciel, y, tal vez, este antecedente de los Colectivos Frenteamplistas surgidos durante la campaña electoral de octubre y noviembre, cuando a la estructura frenteamplista le faltó nafta, pudiera ser una causa metodológica explicable de esta candidatura.

Daniel Martínez quebró varias matrices: militante orgánico del Partido Socialista, senador por dicho partido, intendente de Montevideo por el Frente Amplio y candidato a la presidencia de la República por el mismo, luego de algunas públicas evasivas, decidió entrar en el ruedo de una nueva contienda interna electoral, a contrapelo de su propio sector.

Para la concepción tradicional del conjunto de la militancia frenteamplista, el fenómeno del personalismo exacerbado aparecía con fuerza expresado en Martínez; convendría apuntar que dicho fenómeno de personalismos irrumpe con fuerza en el Frente Amplio desde hace un tiempo, expresado en la prolífica proliferación de nuevos y pequeños grupos políticos, muchos surgidos a instancia de dirigentes que –por disidencias y/o logros en algún ámbito de gestión– recurrieron a la novedad de organizar y dar formato político a sus ámbitos de influencia.

Fue la Coordinadora P (barrios del norte de Montevideo) la que en este proceso cuestionó la candidatura de Daniel Martínez, acordando, luego de una dura pero fraterna discusión, a la votación unánime.

La única mujer del trío también viene con una trayectoria que rompió moldes en la dinámica tradicional frenteamplista.

Candidata a la interna para la Presidencia de la República, impulsada entre otros por el MPP, culmina como candidata y senadora por la lista 1001.

Un nuevo movimiento brillante, casi de ajedrez, del Partido Comunista posiciona a su segunda senadora electa (dos senadores, hecho casi histórico en la 1001) como candidata a intendenta de Montevideo, logrando, además, con otros elementos causales, una histórica alianza con sus primos hermanos del Partido Socialista.

A pesar de tanto esquema removido, la unidad como valor estratégico sigue prevaleciendo en el Frente Amplio.

No pasarán

En el marco de la derrota nacional electoral del Frente Amplio, en un país macrocefálico, Montevideo es un bastión, casi como la Madrid de la Revolución Española.

Administrado por la izquierda desde 1990, los comandos de campaña deberán cuidarse de romper la sensación de Continuismo, que tantos años de gobierno municipal generan, y la antigüedad en el puesto es un mérito a medias en el mundo del trabajo.

La batalla electoral de mayo supone otras definiciones de candidaturas que deberán tomar los plenarios electorales de los municipios. La pérdida en el 2015 del Municipio CH fue una primera luz amarilla.

Tras Carolina, Daniel y Álvaro, van un conjunto de diversas sensibilidades, progresistas y de izquierda.

Las gestiones en búsqueda del consenso, lideradas por el presidente de la Departamental de Montevideo, Carlos Varela, culminaron con éxito, y una vez más con un invalorable valor estratégico para la continuidad del proyecto político de izquierda.

Habrá que ver si las lecciones extraídas de las campañas electorales de octubre y noviembre, y un balance de lo actuado como gestión municipal, dan los insumos para que las urnas, en mayo, vuelvan a votar por el cambio en la continuidad de un Montevideo inclusivo.

 

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