El viaje de Kevin Johansen a través de los algoritmos musicales | La Crónica de Hoy - EntornoInteligente
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Algo que puede definir al compositor Kevin Johansen es la versatilidad de lo informal en el sentido más profesional de la música. Las producciones conceptualizadas y trabajadas a detalle por él en cada proceso, han hecho de su música un catálogo casi imposible de clasificar y por lo que él mismo se denomina como “desgenerado”. Probablemente encuentra su cúspide en el folclore, no sólo de Latinoamérica y Estados Unidos, sino de aquel que llegue desde cualquier región hasta su inspiración. “Creo que estamos viviendo un momento donde la palabra ‘algoritmo’ suena, la gente habla de ello y la conoce, se asocia con los gustos de las personas y de algún modo el  link  entre estas canciones obviamente soy yo como autor, pero estilísticamente siempre estoy tratando de aprender de los géneros”, explicó a  Crónica , el “cancionero”, como también se autodenomina.

Este año su nueva producción  Algo-Ritmos , incluye precisamente todo eso, un doble lenguaje lírico lleno de referencias sociales dentro de situaciones comunes. La simplicidad del momento hecha disco, un álbum en el que juega con las tendencias musicales e históricas de la actualidad, pasando por el bossa nova, ritmos de música ranchera y lírica urbana. “Se cosechó de una manera muy orgánica. El disco anterior  Mis Américas (Vol. ½)  también fue coproducido con Matías Cella y pusimos manos a la obra con  Algo-Ritmos , así que quedaron grabaciones que hicimos en Nueva York y en Río de Janeiro donde él quiso trabajar con (Alexandre) Kassin, un productor brasileño, y desembocando en Buenos Aires”, señala. En 12 temas este alaskeño-argentino-neoyorkino reflexiona sobre lo verdaderamente importante para él, una llamada de atención a los prejuicios y un jalón de orejas a las etiquetas que han sobrepoblado el mundo digital y social: “Un disco que es como una mochila en las que las rolas son cuatro o cinco cosas que quieres sacar, de las que quería hablar en este momento”, comenta. Y en ese desprender, Johansen reflexiona sobre el impacto que tiene la opinión pública sobre los artistas actualmente debido a la mediatización de las redes sociales: “Influye un montón. Creo que en un punto no cambia tanto en mi forma de hacer arte, porque siempre me he desafiado a ser lo más libre posible, hay que despojarse del temor a la crítica, al qué dirán, a la devolución no favorable que puede suceder”, argumentó. “De algún modo ahí entra la libertad artística desde lo creativo hasta generar fidelidad a mis seguidores a quienes llamo ‘mis confundidos’, pero a su vez para despertar al desprevenido que no te escucha, pero puedes atraer su atención a partir de esa mezcla que te hace auténtico”, continuó. En la mezcla Kevin Johansen, invita a una serie de colegas con los que encuentra una zona de confort musical, para participar en su novena producción de estudio: Jorge Drexler, María Gadú, Daniel Drexler (hermano de Jorge), Leonor Watling (Marlango) y La Shica son sólo algunos: “Aunque son amigos que trascienden el ámbito profesional, a su vez hay una coincidencia estética, una búsqueda, que si bien podemos ser diferentes entre (nosotros) como proyectos musicales, tenemos momentos similares”, asegura. Han pasado 10 años desde la despedida anual titulada  Fin de Fiesta , en la que se concentran más de dos décadas de experiencia musical y un devenir de anécdotas que han construido su peculiar imaginario, el cual no se desprende de las concepciones comunes, por el contrario, las reúne y bromea con ellas. “Nunca fui un indie elitista de esos que dicen ‘es mejor tocar para tres personas porque sólo así es arte, que para tres millones porque entonces no es arte’. Me parece que uno como cancionista tiene el deseo de un niño que está jugando futbol, que el que alguien me escuche es como un gol de media cancha, es ese rebote que uno espera siempre, de poder compartir tu música”, expresa. Y con esa filosofía circulan temas como “Cuentas claras”, “Tú ve”, “Sólo le dije”, “New York without you”, “Sin decir palabra” y “La gente más linda” en la que se acerca a ritmos urbanos en un afán por desprejuiciar al género y reivindicar la libertad creativa. “Estamos en los tiempos del amor, el cólera y el Instagram (ríe). A veces queremos mostrar siempre lo mejor, nuestro mejor lado, lo increíble que estamos y lo felices que somos todo el tiempo, pero en realidad también hay belleza en los momentos que no están tan logrados y en las personas que no se percatan que tienen un halo de belleza, a veces la gente que es bonita y se sabe bonita pierde algo de encanto. De eso habla la canción y metafóricamente dije, voy a rapear mal, medio torpe, equivocándome en la letra y lo dejamos así, tal cual estaba”, explicó. “Además me remitió a una frase muy linda que tenía el Gabo García Márquez con su grupo de Barranquilla que decía ‘aquí nadie tiene la razón’, en un bar donde se juntaban. Así que me parecía que conjugar eso y cotorrear un poco haciendo un guiño al trap estaba bueno para cerrar el  Algo-Ritmo “, concluyó. Imprimir

LINK ORIGINAL: Cronica

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