Nicaragua destituye a su tercer embajador en Venezuela tras captura de Maduro

El régimen de Nicaragua, encabezado por Daniel Ortega y Rosario Murillo, destituyó a Isidro Antonio Rivera Guadamuz de su cargo como embajador extraordinario y plenipotenciario en Venezuela después de menos de tres meses en el puesto. Mediante un acuerdo presidencial publicado en el Diario Oficial La Gaceta, la administración orteguista anuló el nombramiento de Rivera Guadamuz, quien había sido designado el 26 de febrero de este año. El documento no especificó las razones de la destitución, limitándose a establecer que "el presente acuerdo surte sus efectos a partir de esta fecha".

Rivera Guadamuz es el tercer diplomático removido de la Embajada de Nicaragua en Venezuela en menos de cinco meses, desde la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero pasado. Lo antecedieron Valezka Fiorella López, quien ejerció el cargo por menos de un mes, y Daysi Ivette Torres, periodista y ex alcaldesa de Managua durante dos períodos consecutivos. Los constantes cambios en la representación diplomática revelan la inestabilidad política que enfrentan las relaciones bilaterales tras la caída del régimen chavista en Venezuela.

La política exterior de Ortega y Murillo hacia Venezuela ha experimentado un giro significativo tras la captura de Maduro. Nicaragua fue uno de los primeros países en reconocer el triunfo electoral de Maduro en los comicios del 28 de julio de 2024, resultado proclamado por el Consejo Nacional Electoral pese a las denuncias internacionales de fraude. Sin embargo, tras el colapso del régimen el 3 de enero, los líderes nicaragüenses han adoptado una postura más cautelosa frente al gobierno encabezado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez.

Esta cautela refleja la complejidad de mantener la histórica alianza política y económica entre Managua y Caracas que se remonta a la instauración de la revolución bolivariana en 1999 bajo Hugo Chávez. La sucesión acelerada de embajadores sugiere que Nicaragua enfrenta dilemas diplomáticos para equilibrar su apoyo tradicional al proyecto bolivariano con la nueva realidad política venezolana. Las decisiones sobre representación diplomática indicarían los intentos del régimen orteguista por navegar la transición sin comprometer sus intereses estratégicos en la región.

Fuente: Infobae — Ver nota original

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