El príncipe, el secreto mejor guardado de la música uruguaya, retratado en el cine - EntornoInteligente
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Una revelación. Las canciones de Gustavo Pena son eso. Uno de los secretos mejor guardados de la música uruguaya, también. Escuchar a El Príncipe es abrir una caja que oculta hermosas y extrañas melodías, en un repertorio que va desde una canción de amor hasta las aventuras de un caracol. Y sin embargo, no son canciones populares, de esas que aunque no suenen en la radio a toda hora, están integradas al cancionero nacional.

Uruguay es un país repleto de algo que podría llamarse “músicos de músicos”, es decir, artistas que pueden tener o no reconocimiento popular pero que son escuchados con obsesivo detalle por sus colegas, que los aclaman por su virtuosismo, su capacidad de innovar, su técnica o su talento (una lista que va desde Jaime Roos y Hugo Fattoruso hasta Jorge Galemire, Jorginho Gularte y Eduardo Mateo). Pena entra en esa lista, donde Mateo emerge como la comparación más obvia.

Los dos son considerados “adelantados”, que tuvieron un mayor reconocimiento en los últimos años de sus respectivas vidas, y sobre todo, luego de firmar contrato con el mejor sponsor, en palabras de Horacio Buscaglia: la muerte. El aplauso póstumo y la consagración por parte de sus colegas los convirtió en figuras más notorias, pero mientras que Mateo se ha integrado en un panteón de figuras ineludibles de la música nacional, Pena mantuvo el espíritu under que sostuvo en vida.

Y eso está retratado en la película documental Espíritu inquieto , que se estrena este jueves 5 en la Sala B del Auditorio Adela Reta, y que tendrá funciones diarias entre ese día y el domingo 8, y luego del jueves 12 al domingo 15. Dirigido por Matías Guerreros y Eli-u Pena (hija del artista y gestora de su obra, legado y archivo), combina entrevistas, archivo y canciones para elaborar un retrato de la figura detrás de la música, e intentar entender su genialidad. “Me sigue llamando la atención que haya gente que nunca escuchó al Príncipe. Es obligatorio. El objetivo siempre fue difundir a través de un material audiovisual lo que fue como artista, para conocer otro lado del Príncipe, más allá de las canciones”, explicó Guerreros a El Observador .

Espíritu inquieto nació como una potencial tesis de la licenciatura en Comunicación para el director, a fines de 2009. Vía YouTube había descubierto a El Príncipe, se había enamorado de sus canciones, y ayudado por algunos amigos, se embarcó en el proceso. El primer paso fue contactar a Eli-u Pena, que acabó tan involucrada que figura como co-directora y productora. Fue un camino de diez años – y la tesis terminó siendo sobre otro tema – en el que la película cambió.

Jorge Drexler, Rubén Rada y Manu Chao son algunos de los entrevistados que no aparecen en el corte final contando su vínculo con El Príncipe. “Sacrificamos muchas entrevistas de las 30 que hicimos para mostrar más al Príncipe y ese under, que representa mucho más lo que es y lo que era él, que si hubiéramos hecho una película de gente hablando sobre él”.

Y aunque hay gente hablando sobre Gustavo Pena, también se lo deja hablar a él, a través de entrevistas de radio y de fragmentos de otro documental sobre su figura, Ángel de la ciudad. Y habla su música, gracias al registro de canciones inéditas y de grabaciones en video de algunos de sus shows, tanto los más formales como los casuales en Cabo Polonio o hasta un jardín de infantes.

También hay filmaciones caseras de Pena, que aparece periódicamente cámara en mano frente a un espejo, grabando una suerte de diarios personales en los que ilustra su visión del mundo y de la música.

Desde que El Príncipe murió en 2004, a los 49 años, a causa del síndrome de Guillain-Barré, su hija se dedicó a digitalizar y publicar en internet parte de su archivo, a la vez que ha interpretado y supervisado las ediciones póstumas de canciones de su padre. Ha digitalizado más de 400 casetes con canciones, por lo que el documental tenía una base sólida.  Pero el mayor descubrimiento vino casi por casualidad, y mucho después.

Guerreros contó que al contactar a Nilda Pena, hermana del músico, ella le llevó fotos viejas y le dejó algunos mini VHS que quedaron olvidados. “Tres meses antes de terminar la edición de la película agarramos un par de VHS que tenía Eli-u para redigitalizarlos y ver si conseguíamos mejor calidad. Me llama y me dice, ‘mirá que acá hay un par de casetes que dejaste y no sé que son, los trajiste vos’. Los digitalicé y encontré un material que era increíble, uno no lo pudimos usar porque la cinta estaba dañada, pero los otros dos tenían mucho material del Príncipe filmándose y eso sirvió para cerrar la película”, contó el director.  

Reír desde Júpiter

Espíritu inquieto cumple con el objetivo de presentar un retrato entrañable y emocional de Gustavo Pena. Y también de ubicarlo en el contexto de la música nacional y buscarle explicaciones a un reconocimiento tardío. Si, Pena tenía su costado experimental y sus músicos a veces quedaban sacudidos cuando en el escenario hacía otra cosa con respecto a los ensayos, que para él tenían la función de ayudar a trabajar la química entre los instrumentistas para que cuando llegaran esos cambios sorpresivos pudieran adaptarse.

Con su pinta de “escapado de Woodstock”, Pena emergió entre las décadas de 1970 y 1980. El argumento que esgrime la película es que al no cantar sobre la situación política de un Uruguay en dictadura, El Príncipe era considerado un “alienado” por el resto de la escena. Algo así como que estaba en el momento equivocado en el lugar equivocado para hacer sus “músicas”, el término para referirse a sus canciones que evidenciaba su período viviendo en Brasil.

Guerreros descubrió “entrevistando a la gente que vivió esa época y la sufrió, que no es que El Príncipe no haya sufrido esa época, es que no hacía Canto Popular, su arte pasaba por otro lado. Pero como él dice en una de las entrevistas, él era un testimonio más y una víctima más. No porque no cantara contra la dictadura no la estaba sufriendo”.

El documental también deja la sensación de que él sabía que su música sería más apreciada más adelante. Sobre todo en sus últimos años, en los que componía a un ritmo febril. En una de las entrevistas de la película, el músico Beto Ponce recuerda a Pena diciéndole: “Yo voy a estar en Júpiter cagándome de risa de ustedes, que recién van a ir por esas canciones”.

Para Guerreros, Pena estaba convencido de eso, pero se permite la duda. “No sé si él fue el adelantado o nosotros llegamos tarde, me parece que va más por ahí”.

Disco complementario En paralelo al lanzamiento de la película se publicará un disco doble con canciones inéditas del profundo archivo de Gustavo Pena. Será un disco con 18 inéditos (algunos fragmentos se escuchan en el documental), y cuatro versiones de temas ya publicados.
LINK ORIGINAL: El Observador

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