El político dice: los políticos siempre mienten - EntornoInteligente
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Superada la crisis constitucional sobre la fallida gobernación de Pedro Pierluisi, queda ahora la controversia sobre la viabilidad política de la recién juramentada gobernadora Wanda Vázquez. Si bien es cierto que desde la perspectiva jurídica está claro que la gobernadora ocupa su cargo con todos sus derechos y prerrogativas, no es menos cierto que la eficacia política de su gestión depende del respaldo que pudiera tener u obtener de todos niveles del aparato gubernamental, tanto a nivel ejecutivo como legislativo. De poco vale ostentar el cargo formal de gobernadora si al tratar de adelantar sus proyectos y agenda las personas llamadas a implementarlos no responden a sus directrices o iniciativas.

Contrario a sus reclamos de que no es política, de que no responde a las presiones o intereses político-partidistas, la realidad es que el cargo que ocupa es intrínsicamente político. Esto no debe ser motivo de crítica. Por sobradas razones históricas, el debate público ha reducido el concepto de lo político a su denominador más elemental: la pugna y conflicto entre grupos y facciones que componen una sociedad. De ordinario utilizamos el término “politiquería” para referirnos a las expresiones y acciones de estos grupos o facciones que aparentan adelantar sus intereses a expensas de un reclamado bien común. Claro, politiquero siempre es el otro con quien no estoy de acuerdo.

A modo de ejemplo, durante años, acentuado por la devastación causada por el paso del huracán María y la implosión de la administración de Ricardo Rosselló, insistimos en “echar a Puerto Rico hacia adelante”, “poner a Puerto Rico primero”, “pensar en el País”. Estas expresiones metafóricas de poco contenido, aun cuando pudieran ser bien intencionadas, parten de una premisa en extremo cuestionable: que es posible articular un bien común por encima de las diferencias y rivalidades que caracterizan todo grupo humano. Todos queremos lo mejor para Puerto Rico, aunque cada cual tenga su opinión sobre lo que es lo mejor.

A cierto nivel de abstracción todos estamos de acuerdo con todo y las diferencias se barren debajo de la alfombra en beneficio de la creencia en algún principio general. Tradicionalmente el ser humano ha postulado estos principios generales sobre los cuales gira para organizarse y legitimarse políticamente. Cada época histórica tiene su mito fundacional. El nuestro es el “pueblo”. En la medida en que exista alguna cohesión social estos postulados pueden ser persuasivos para sus miembros. En la medida en que esa cohesión social se haya visto fraccionada —por diversas razones— esos postulados pierden apoyo generalizado. El que mucho abarca, nos recuerda el refrán, poco aprieta.

El ser humano es, como acertadamente observaba Aristóteles, un animal político. En este contexto ser político significa ser miembro de la polis, de la ciudad-estado. Marx —quien era un estudioso de Aristóteles y la antigua Grecia— observaba por su parte que el ser humano era por naturaleza un ser social. El ejercicio de la política, de la participación en la cosa pública (res pública), es parte esencial de nuestra naturaleza. En nuestro modelo liberal republicano de gobierno, el principio de separación de poderes no son únicamente para principios jurídicos, sino también políticos. La accidentada relación entre el Derecho y la política es acaso una de las áreas que requiere de nuestra mayor y continua reflexión.

Las declaraciones de la gobernadora Wanda Vázquez alegando no ser política delatan, o una preocupante falta de entendimiento sobre el rol que está llamada a desempeñar o un torpe intento por mover la opinión pública a su favor. De la misma manera en que la contundente opinión del Tribunal Supremo declarando la nulidad de la juramentación a la gobernación de Pedro Pierluisi es un pronunciamiento que hay que entenderlo —no solo jurídicamente, sino en el contexto más amplio de la política constitucional— las expresiones de una gobernadora desde su cargo hay que contextualizarlas como expresiones dirigidas a legitimar su posición frente a sus adversarios políticos.

Contrapuesto a esta alegación están las claras expresiones que hiciera recientemente en un diario a los efectos de que la estadidad no era un tema prioritario para ella, y que estaba de acuerdo con hacerle cambios a la Constitución. Estas declaraciones, aunque genéricas y un tanto vacuas, son netamente políticas y suponen uno de los temas que ella contempla no atender y atender, respectivamente, en los meses siguientes. No le debe extrañar a nadie que aquellos grupos y facciones que favorecen la estadidad y se oponen a abrir procesos de enmiendas constitucionales por ser la antesala al caballo de Troya de la asamblea de estatus, concluyan que tales declaraciones son un repudio político al programa del PNP. Las consecuencias no son difíciles de advertir: una gobernación inefectiva, sin capacidad de implementar política pública.

Parafraseando la paradoja de Epiménides: El político dice: los políticos siempre mienten.

LINK ORIGINAL: El Vocero

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